Por más teorías que se presenten como novedosas en torno al campo o a la agricultura, no podemos perder de vista que vivimos bajo la sociedad capitalista, aunque a ésta la llamen: sociedad industrial, postindustrial y ahora sociedad rural. Conceptos bajo los cuales se han tratado de maquillar o aniquilar las diferencias de clase y las contradicciones irreconciliables del capitalismo. Hoy esos términos de viejo cuño, se trasladan al campo para denominarle “sociedad rural”.
Para referirse a la situación del campo, sobre todo lo que atañe al daño que le capitalismo le ha impreso a este, los ideólogos burgueses han recurrido mucho a la “sociedad rural” como sujeto de investigación y de justificación teórica de la sociedad capitalista, como su lograda extensión.
La tendencia burguesa de la “nueva sociedad rural”, se apoya en la defensa de la sociedad industrial o postindustrial. Se plantea a la “sociedad rural”, como un modelo de sociedad futura, opuesta a la sociedad colectiva o cooperativa en el campo, en la que le da mucho juego al desarrollo individual competitivo y eficiente en la producción basada en la propiedad privada de la tierra, es decir, en el monopolio.
Hará racional, la brutalidad del capitalismo frente a la explotación de las fuerzas productivas y los recursos naturales. Elevará la productividad, el rendimiento en el trabajo, para mejorar el nivel de vida de la población y crear un régimen de bienestar material general. En esta sociedad se seguirá atendiendo a los productores y sectores sociales con capacidad de competencia, que aseguren ir al ritmo de crecimiento del desarrollo que exijan la ciencia y la técnica.
Con este desarrollo de la sociedad rural se intenta demostrar y desarrollar la visión reaccionaria respecto a la transformación revolucionaria del capitalismo y sobre todo a la “inviabilidad y fracaso” del socialismo y el comunismo. Busca mellar y destruir la capacidad revolucionaria de los campesinos-indígenas pobres, alejarlos de la influencia del marxismo-leninismo, imbuyéndoles de la concepción burguesa y pequeñoburguesa de la pequeña propiedad; para adoptar la falaz visión empresarial capitalista.
Para esta “nueva sociedad rural” se han realizado reformas agrarias, que no afectan la estructura social existente y más bien profundizan las relaciones sociales de producción capitalista. Se plantea que todos los campesinos serán ricos y prósperos, se acabaran los pobres si todos participan en esta construcción social, sin paternalismos, clientelismos, ni influencias ideológicas “perniciosas”. No se dependerá del gobierno solamente, se creará la capacidad autosuficiente y autónoma, para el autodesarrollo, donde el Estado y las demás instituciones son sólo una parte complementaria. Este proceso se detonará con una eficiente planeación y un efectivo orden, que preserve la paz y la armonía sociales.
Se elevará la cultura burguesa en el campo, es decir, hacer a cada campesino-indígena pobre en un capitalista en potencia, pero sólo en la ilusión, que se legará las cadenas productivas de alta competitividad. Con la automatización y la biotecnología de punta -como la clonación o los transgénicos- en el futuro se hará al trabajador u obrero del campo, en un simple administrador de la producción agrícola. Donde todos son participantes y sobre todo beneficiarios, pero de acuerdo a su merito. Y ese merito será con el que construirá la democracia plural, donde “todos” serán parte de la toma de decisiones y del gobierno, pero donde realmente los científicos, técnicos, gerentes de las trasnacionales, etc., sean los que dirijan la sociedad rural.
Como nuestro país está sometido por el imperialismo, el carácter privado y monopólico de la tierra, alimentan las bondades de la “globalización”, como las amenazas de las catástrofes en caso de no alinearse a esta égida imperialista. Y por otro lado, provocan o hacen despertar una lucha nacionalista por los recursos y por la soberanía que no rompen todavía con la atadura del capital, puesto que se oponen a la explotación extranjera, para entregársela a la explotación capitalista nacional.
La sociedad rural divorcia entre si a los productores, confrontándolos, por ponerlos al servicio de uno u otro amo del capital, nacional o extranjero. Con ello alimentan más las ataduras individuales de la pequeña explotación capitalista, negando e impidiendo la posesión y producción colectiva de la tierra, poniendo esta a disposición de los grandes dueños de la tierra y el capital.
Por esto, esto el problema fundamental del campo, no se resolverá solamente, con aumentos al presupuesto para el campo; ni con proyectos productivos sustentables de largo plazo; tampoco con asociaciones productivas competitivas, que nunca alcanzaran el nivel de los monopolios de la tierra y la producción, para competir, mucho menos con la inmovilidad política de los pobres del campo.
Así pues, la tarea que tenemos que desarrollar es la de crear las condiciones de la transformación revolucionaria de esta economía rural; que empiece por la organización de clase de los campesinos pobres-indígenas.
Romper con la dependencia económica, política e ideológica a la que están sometidos los campesinos-indígenas pobres por la burguesía y la pequeña burguesía agraria y urbana; clases que influyen de manera determinante en la perspectiva de clase que estos pueden adquirir. Por ello, entonces, la organización que necesitamos tiene que plantearles a los campesinos-indígenas pobres, la toma del poder político y económico, junto con la clase obrera.