El gobierno de Calderón continúa sin ganar legitimidad del pueblo, más bien lo contrario, porque la incapacidad del Estado para resolver los problemas nacionales, aún los más elementales, es evidente, por lo que cada medida impulsada enfrenta la resistencia instintiva del pueblo.
De tal forma que el régimen sigue sin base de masas, sólo apoyado por la gran oligarquía financiera y el imperialismo. Este es el cuadro que se presenta sobre las divergencias burguesas, no obstante la lucha de clases en las calles comienza a copar sus intenciones:
La oligarquía financiera de corte pro imperialista representa sus intereses en el PAN.
Sus propuestas son los mismos dictados imperialistas a través de los organismos financieros internacionales y nacionales que tienen metidos sus intereses en la privatización de PEMEX.
En este contexto el debate que promueve el PAN sobre la reforma energética, donde afirma en los medios de comunicación que no habrá privatización, mientras siga siendo un debate de los burgueses y su régimen, es un debate al margen de los intereses populares.
Otra parte de la oligarquía, sumada a grupos de grandes burgueses del país se representa en el PRI.
Este partido en los últimos días viene adoptando una falsa posición mediadora entre el PAN y la socialdemocracia (PRD), ya que aprovechan su presencia en el Congreso para definir las votaciones de las Cámaras y negociar lo que mejor convenga a su reposicionamiento.
Su enfoque en torno a la reforma energética es en esencia el mismo que el del PAN, pero por sus fuertes ligas con el charrismo sindical en PEMEX, sus conocimientos de fondo de la operación de todo lo relacionado con la extracción de petróleo y los cuadros que aún mantiene en el Instituto del Petróleo y organismos afines, tienen que buscar mejores ganancias con la privatización para sus cúpulas en su partido.
Las posiciones desarrollistas monopolistas, buscan crear una alianza interna de los grandes monopolios nacionales de burguesía nacional y ligarse a la pequeña burguesía. Se manifiestan esencialmente en parte del PRD, que se expresa en el Frente Amplio Progresista (FAP) dentro de las cámaras legislativas.
De este grupo se ha desmarcado claramente en aras de una supuesta modernidad, el Partido Alianza Socialdemócrata, quien luego de los últimos acontecimientos se define abiertamente por la propuesta de reforma oligárquica, junto con el PVEM y el satélite del PAN: el PANAL de la charra Elba Esther Gordillo.
De una o de otra forma los socialdemócratas se apoyan en las protestas de la lucha popular contra la privatización de PEMEX. Ante la bancarrota del régimen tratan de presentarse como los salvadores del país para ganarse el apoyo popular, pero sus propias contradicciones internas no les permiten potenciar tanto sus propuestas como los intereses de las masas.
Una de las cosas que dan prioridad en estos momentos los del FAP es en el impulso del debate nacional sobre la reforma energética. El problema aquí no es si dura 50 días o más, sino el control de una u otra fuerza al respecto. Ya que en realidad lo que urge es desplegar la lucha en las calles, que ayude a la organización de las masas populares.
El proletariado, el magisterio, los campesinos pobres y otros sectores populares se han estado movilizando en las calles, y con esto hacen patente su rechazo a la política pro imperialista.
Esta situación hace patente la necesidad de construcción unitaria frentista para cimentar alternativas de conducción del movimiento político anti imperialista, anti neoliberal, que nos pueda potenciar la lucha de clases.
La construcción de Frente Único de los explotados, oprimidos y todos los sectores desplazados por la política del régimen debe ser nuestra salida ante los problemas nacionales actuales y ante la embestida del régimen por imponer sus reformas estructurales.