Número 270 semana del 31 de marzo al 06 de abril de 2008
NuestroMovimiento
Tejer la organización
de las masas
Nuevamente la socialdemocracia llama a la actitud defensiva en materia de energéticos, no propone nada más, asegura que es ahí donde se decidirán todas las batallas del país, que todo debe darse acorde a la legalidad, el pacifismo y la estructuración limitada con el fin de parar la reforma petrolera energética.

No se hizo esperar la actitud maniobrera del priismo que sabe emplearse y venderse por su parte, asegurando que no permitirá la privatización de PEMEX, se dedica a declaraciones, sin plantear acción de masas alguna y avanza posiciones de sus estructuras internas en el marco de unificar una sola tendencia que asegure buenas retribuciones del panismo.

En ambos casos, las defensas antiprivatizadoras son poco sólidas, navegan en perspectivas generales de posicionamiento político. Con respecto del priismo bajo el control de Manlio Fabio Beltrones, que introduce en la balanza el uso de la fuerza de sus contrincantes socialdemócratas, trata de chantajear con alargar el proceso o abandonarlo, si es que no se les garantiza alguna retribución más allá de las buenas palabras de Calderón para congraciarse con el asesino Ulises Ruiz.
Los ejes de Obrador fueron presentados en momentos en que los socialdemócratas se debaten internamente en los manejos de su reciente elección, presionados por la reacción para decidir entre dos candidatos representantes de las caras demarcadas del mismo juego socialdemócrata, la claudicante y la oposicionista.

Por si ello fuera poco, la socialdemocracia presenta una situación débil orgánicamente al no preparar sus llamados más allá de desplegar sus convocatorias, crear redes sujetas al control de una postura, que ha dado fehacientes muestras de ser incapaz de plantearse una lucha consecuente, que ahora de una vez declara que saldrá mucho más desgastada.

El PRD ha quedado en una evidente incapacidad de construir una organización firme de las masas, todo lo que toca tiende a inclinarlo a sus estructuras partidistas, a debilitarlo y adocenarlo del tipo de legalismo destructor de la conciencia política y organización independiente.

Hoy nos presenta uno más de sus intentos por conseguirlo, abordar su crisis interna, imponer una lucha pacifista ante instancias que ya nos han dado pruebas de su catadura, y todo con el san Benito del ser pacífico, un criterio del cual no discutiremos si es el problema de fondo, sino de cómo se le implica de manera prejuiciada, para simple y sencillamente eludir la importante tarea de organizar a las masas trabajadoras, en aras del inmediatismo como supuesto único para luchar.

Con este funcionalismo -al cual los astutos políticos priistas responden con postergar los debates energéticos hasta que se enfríe el descontento-, se pretende que la lucha no asciende en sus consignas, en sus formas, en su combatividad, en su masificación y expectativas. Todo habría de repetirse una y otra vez según los llamados socialdemócratas, se soslayan todos los esfuerzos y conquistas populares acaecidas posteriormente del 2006, no se aproxima en nada al proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas y todo vuelve a contarse en el ilusionismo legal electoral que ha de venir.

Mas el proceso que ha trascendido en estos años, sigue apuntando inequívocamente por destacar formas de lucha más avanzadas, acordes con las exigencias del momento, en estas, la socialdemocracia deberá de atenerse al desenvolvimiento de la lucha de clases o la va a pasar mal frente a sus agremiados y simpatizantes. La convocatoria de lucha y organización del movimiento de masas ha logrado concentrar más iniciativa que ninguna otra, por doquier se plantea la necesidad de que las comunidades, las poblaciones, las clases y sectores oprimidos conviertan su situación en elementos de organización, describan una línea de frente único con la cual combatir al régimen.

Lo anterior está por encima de las vagas propuestas reformistas, no obstante, el movimiento se plantea apoyarse en todos quienes deseen combatir al régimen y sus políticas, hoy específicamente contra la privatización de PEMEX, pero no únicamente contra esto, al mismo tiempo concurre el problema de la huelga política nacional, los amparos a la Ley del ISSSTE, la militarización y la inflación.

El movimiento de masas ha recibido importantes lecciones, así como aprende a no dejar las cosas a supuestos comités de conciliadores e instrumentadores de estructuras corporativas; también tiene en claro que la articulación de la lucha popular debe asumir el conjunto de consignas fundamentales contra el régimen, que le aseguren organizar a los más amplios sectores y apoyarse en unos u otros para esclarecerse de conjunto las tareas.

En vista de las propias condiciones internas del PRD nada asegura a los trabajadores que en determinado momento, una vez resuelto a favor o en contra su proceso electoral interno, esto no vaya a repercutir en su alistamiento y decida como siempre, suspender el combate bajo cualquier nuevo argumento. Para anteponernos a cualquier solución de éste tipo, el movimiento requiere eso que tanto rechazan los oportunistas, independencia de clase.

La independencia de clase es una necesidad básica del movimiento para dar una lucha en todo terreno a la reacción, que estando en el desastre, no ceja en sus intentos por continuar sojuzgando y encadenándonos sin importar los costos. Este aspecto nos habla que bajo la situación actual, no puede haber resistencia seria a la burguesía si no se afronta los hechos como una posibilidad de levantar un movimiento popular de grandes proporciones y repercusiones para la vida del país.
O bien la socialdemocracia no entiende esto, o no le interesa ponerlo en acción, pues sus consignas limitan el asunto a una postura legal de defensa del patrimonio nacional, omitiendo sus consignas de hace algún tiempo de que el régimen debe caer.

Los monopolios y el imperialismo tienen al país en un momento de sumo riesgo, acrecientan la miseria del trabajador, imponen condiciones feroces en el ejercicio de su poder, arrebatan los recursos nacionales, hacen sus arreglos para pasar las últimas reformas estructurales, reparten dádivas entre sus partidos, y ahora que su ofensiva sufre una caída, no tenemos por qué detenernos y contemplar la situación.

Las fuerzas de la reacción tienen un momento desgastante, pero precisamente mantenernos a la defensiva, sin organizar profundamente la lucha de clases, sin impulsar las consignas por un nuevo régimen de los trabajadores; sólo ocasiona que la reacción se afirme en un campo en el cual tiene las mayores ventajas de triunfar y volver a restablecer sus equilibrios, por ello la lucha debe desbordarse a todo el país, con sus necesidades y banderas.
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