El valor de la fuerza de trabajo es la fuerza material de los sindicatos, cuya importancia no hay que subestimar. Los sindicatos tienen como fin impedir que el nivel de los salarios disminuya por debajo del salario mínimo o del mínimo pagado en diversas ramas de la industria; ni que el precio de la fuerza de trabajo caiga por debajo de su valor, es decir, que tengamos que trabajar más horas y/o más extenuantemente para obtener el “salario mínimo” para sobrevivir.
Es innegable decir que: si la relación entre oferta y demanda cambia, cambia también el precio de mercado; pero este hecho está lejos de ser un evento unilateral del comprador, es decir, del capitalista que compra mercancía-fuerza de trabajo.
Tenemos que resaltar la diferencia existente entre, por un lado, la cantidad de salario determinada por la oferta y la demanda (en un supuesto de relación entre “iguales”, un comprador y un vendedor en un intercambio de mercancías: dinero por fuerza de trabajo) y; por el otro lado, la cantidad de salario que el obrero -vendedor de fuerza de trabajo- está obligado a aceptar por parte del patrón cuando éste último trata con cada obrero tomándolo aisladamente para de esta manera imponerle un salario bajo, explotando su miseria de obrero aislado independientemente de la relación general entre la oferta y la demanda.
Es por tal razón que los obreros y los trabajadores se coaligan, para estar en mejores condiciones para efectuar con el capitalista el contrato de venta de su fuerza de trabajo. El obrero nunca estará en las mismas condiciones que el capitalista para realizar este contrato: el capitalista goza de gran poder político y económico surgido de la explotación del trabajo, mientras que el obrero sólo cuenta con su fuerza de trabajo. A esto hay que agregarle las trabas institucionales, léase, las trabas ejercidas por el Estado en coalición con las cámaras patronales.
Entonces de lo que se trata, es de evitar que el trabajador aislado por la miseria en que se encuentra sumido, se vea forzado a aceptar un salario por debajo del mínimo para sobrevivir; los sindicatos se concibieron como sociedades de seguridad creadas por los trabajadores y para los trabajadores, cualquier desviación es una total aberración que debe ser combatida al instante.
Una aberración lo es también la contratación de la fuerza de trabajo por terceros, es decir, por empresas -muchas veces fantasmas- o gánster a paga o a transa propia que contratan por una cantidad y un tiempo específico a trabajadores para que trabajen en empresas filiales o que simplemente solicitan fuerza de trabajo barata y sin que tengan obligaciones legales.
Por otro lado, con esta forma de subcontratación reducen derechos a los trabajadores, como el pago de utilidades generadas por la empresa donde laboran con el supuesto de que la razón social donde fueron contratados es de “servicios de personal”, es decir, “no generan utilidades”.
Claro que será imposible, pues mientras uno piensa que “es parte de una empresa” dada, la realidad es otra: el contrato de trabajo que firmamos fue hacia una empresa “fantasma”, con otra “razón social” diferente a la de la empresa donde físicamente laboramos y diferente, también, a la de los compañeros que tenemos en el mismo departamento o piso. Por esta razón las ganancias generadas por nuestro trabajo quedan a en otra empresa donde no fuimos contratados, aunque sean –en realidad- los mismos patrones.
Esa es la verdadera razón por la que se ha puesto de “moda” la subcontratación de personal por todo el orbe como una faceta de la tercerización. Esta última es una parte de la política de flexibilización laboral, así como la política de eliminar “burocracias rígidas”, como llaman a los sindicatos, que les impiden a los patrones bajar lo máximo posible los salarios y de esta forma aumentar sus ganancias. Exterminando a los sindicatos de trabajadores les es posible reducir el salario –sin impedimentos- por medio de la subcontratación.
Las empresas “fantasmas” son dirigidas por personal de confianza (a sueldo) de las empresas “matrices”. Los gánsteres y “coyotes” subcontratistas que usurpan y lucran por su cuenta obtienen su ganancia de la misma fuerza de trabajo plasmada en el proceso laboral. ¿Y cómo es esto? Pues su ganancia no es otra cosa que la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo pagada por el empresario y el precio inferior de la fuerza de trabajo pagada a los trabajadores por el intermediario.
¿Cómo combatir esta tendencia actual de sobreexplotación del trabajo? Como lo señalamos arriba: el instrumento natural de los trabajadores para la defensa de su salario es el sindicato, y nuestra labor –primera- es hacernos de estos instrumentos de organización, combate y educación. Esta es una tarea difícil y enorme pues nos enfrentamos a una situación difícil, más no imposible.
El 85% de los trabajadores no están sindicalizados o se encuentran bajo un contrato de protección con un sindicato creado por el patrón; del 15% de los trabajadores sindicalizados, el 13% lo está con sindicatos corporativos, mejor conocidos como sindicatos “charros”; el 2% restante es aquel que se encuentra en las filas del llamado sindicalismo independiente y; peor aún, de estos últimos habrá que preguntarse cuál será la cantidad de los que son verdaderamente democráticos.
La tarea se sintetiza en dos vertientes: crear sindicatos de y para los trabajadores -ahí donde no existe la vida sindical- y democratizar aquellos que se encuentran cooptados por parásitos que lo único que vigilan son los intereses patronales.
A la par de nuestra labor revolucionaria entre las masas trabajadores, al ir creando células en los centros industriales y barrios obreros, debemos asirnos de estos instrumentos ya que estos son la base material para la posterior lucha por terminar con la explotación salarial.
.