Sedientos de seguir acumulando capital y de dar solución a la crisis internacional de los energéticos, las transnacionales francesas, españolas y en especial las norteamericanas, apostaron desde hace poco más de dos décadas por la privatización gradual de Petróleos Mexicanos (PEMEX), así pues vemos cómo se maquinaron varias estrategias, con la finalidad de llevar a terminó sus pretensiones.
En este mismo sentido podemos apuntar, el que organismos internacionales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), entre otros, estén presionando cada vez más al régimen para acelerar la privatización de la industria petrolera, dando como resultado la desesperación del gobierno calderonista por aprobar la reforma energética, que abrirá de par en par las puertas a la inversión privada y en especial al capital extranjero, dándoles la facultad, de explorar y explotar los yacimientos petroleros del país, y por ende llevándose a sus bolsillos todas las ganancias.
Para esto el gobierno desató toda una campaña mediática, con la finalidad de convencer y seguir engañando a los trabajadores y campesinos pobres de este país, de que PEMEX está a punto de la quiebra y que para sacarla del supuesto atolladero, es necesaria la inversión privada y según ellos la única forma de hacerlo es aprobando la reforma energética; ante esto se han dejado escuchar las voces del pueblo en general repudiando dicha reforma.
Así mismo, el Estado somete a PEMEX a un agresivo ataque fiscal dictado desde el BM y ejecutado por la Secretaría de Hacienda, esto se hace a través de un sistemático endeudamiento de la paraestatal por medio de los llamados Proyectos de Inversión en Infraestructura Productiva de Impacto Diferido y Registro en el Gasto Público (Piridegas) que se multiplicaron en los últimos años. La idea central de los Piridegas es inducir a PEMEX a un déficit crónico premeditado, como los que se provocaron en décadas pasadas en algunas paraestatales, como es el caso de Teléfonos de México, las compañías aeronáuticas, la banca. Otro punto a resaltar es el despido injustificado de más de cinco mil técnicos de la paraestatal, con la finalidad de dar la impresión de que no hay personal calificado y tener una excusa para la privatización.
En los hechos, la privatización de PEMEX ya inició desde hace años mediante los Contratos de Servicios Múltiples, que permiten a las transnacionales extranjeras participar en la exploración y producción de hidrocarburos, por ende también obtienen una parte de las ganancias de su venta, aunque como de costumbre la burguesía no pierde, ya que de no cumplirse la producción pactada en el contrato, PEMEX tendrá que pagar una multa a la empresa asociada.
En definitiva el gobierno tiene trazado todo un plan para privatizar la industria petrolera en el país, plan que se traduce en el endeudamiento brutal de la paraestatal, su desmantelamiento sistemático, mediante el despido de obreros calificados, la negativa del régimen a invertir una parte de las ganancias de la venta del petróleo en el mantenimiento y construcción infraestructura para la extracción y refinamiento del petróleo.
Una muestra de esto último es la propuesta de la Unión Nacional de Trabajadores de Confianza de la Industria Petrolera de México que presentó proyectos para sacar adelante a PEMEX, dándole 10 por ciento más de presupuesto y una administración limpia. Por ejemplo, con 2 mil millones de dólares se podrían crear cuatro refinerías que en cuatro años se pagarían solas y eliminarían la dependencia de México hacia el imperialismo yanqui con respecto a las gasolinas, pero en este sentido la presión del gran capital siempre pesara mucho más, que el bienestar de los millones de trabajadores.