Número 263 semana del 11 al 17 de febrero de 2008
Riesgos en la economía mexicana por la desaceleración en EU

Amenaza al país el espectro próximo de una severa crisis económica. Los elementos detonadores que se van perfilando y a la vez son inocultables para la definición de la crisis, están dados concretamente a partir de la entrada en vigor del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la recesión de la economía norteamericana. Analizaremos las consecuencias en México de ésta última.

Tan sólo en enero de este año se perdieron 17 mil empleos; teniendo como detonador principal la crisis inmobiliaria, pero ésta no es su causa, sino tan sólo uno de sus efectos.

En nuestro país el peligro del golpe económico que recibirá la ya menguada economía nacional es inevitable. Incluso el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz Martínez, refiriéndose a la desaceleración gringa reconoce: “Para toda América Latina esto tiene implicaciones. Para México, obviamente estamos más cerca, tenemos un comercio mayor con Estados Unidos (EU), así que el tema de la parte real (producción y empleo) en México es más pronunciado que en el resto de América Latina”.

Pero lejos de ser esto una novedad o sorpresa, es una consecuencia de la economía de dependencia con imperialismo norteamericano, que a la sazón, en México es el origen de los monopolios más importantes. Y que más se puede decir si simplemente las exportaciones mexicanas a EU representan el 40% del Producto Interno Bruto del país.

No es la primera vez que el asunto de las inmobiliarias desata la crisis. En el pasado reciente ya sucedió (2001), en aquel caso la creación artificial de circulación de mercancías se dio vuelo a partir de la crisis económica de finales de los noventa, cuando se utilizó la guerra y el militarismo en general para dar salida a nuevas mercancías (en este caso, de guerra) y oxigenar la economía ante severos aprietos.

En el pasado Foro Económico Mundial en Davos, la Secretaria de Estado norteamericana, Condolezza Rice, dijo tratando de minimizar lo evidente: “La economía de EU es resistente, su estructura es sólida y sus fundamentos a largo plazo, saludables”.

Pero uno de los expertos mundiales de la economía financiera imperialista, George Soros pronosticó que incluso esta crisis podría traer el fin del dólar como referente de la economía mundial y el fin de una era mundial. Calificó la actual crisis como la peor del mercado desde hace años.

Las mentiras neoliberales

El dogma principal de los voceros imperialistas, que repiten a coro sus lugartenientes en los países neocoloniales como México; es que el gobierno no debe de intervenir en la economía, que se debe dejar todo a libre mercado. La realidad es que ni en las metrópolis de los ejes imperialistas sucede así. Lo anterior se puede comprobar con las medidas que implementan los países capitalistas más ricos.

En la actual dificultad económica, para intentar paliar un poco la crisis, el gobierno norteamericano (a través de la Reserva Federal) junto con el Congreso han propuesto un plan fiscal de unos 150 mil millones de dólares para evitar la caída del consumo familiar y con ello de la demanda total (consumo e inversión privados). Es decir, inyectan artificialmente dinero a la economía.

Esta política no es nueva, incluso con uno de los principales promotores del llamado neoliberalismo, Ronald Reagan (1981-1989), quien siendo presidente hizo lo mismo: inyectar liquidez para mover los mercados súper-financiados y a punto de colapsar por la artificialidad en que se mantenían.

El rebote en México

En lo que toca a nuestro país, si se va a fondo la crisis norteamericana nos vamos con ella, porque al ser EU “nuestro” principal consumidor de los productos mexicanos, nos quedamos sin circulación de mercancías.

Reconociendo en esta parte que la manufactura (maquiladoras) son inversiones extranjeras donde se importan los insumos utilizados y luego los productos manufacturados se registran como exportaciones. Además, el capital norteamericano reducirá sin duda sin inversiones en el país, lo que llevará a limitar aún más la generación de empleos en el país, lo que aumentará el ejército industrial de reserva.

También ligado a esto tenemos la crisis energética. EU importa gran parte del petróleo mundial, al dejar de comprar en las mismas proporciones (por la desaceleración), los precios se estancaran, puesto que se presentará mayor oferta que la demanda regular. Todo esto llevará a que nuestros ingresos por ventas de petróleo se vean drásticamente reducidos.

Ya de por sí, según la Secretaría de Hacienda, “los ingresos presupuestarios del gobierno federal cayeron más de 19 mil millones de pesos durante 2007, como resultado de la desaceleración de la economía. El consumo de las familias se contrajo 19 mil 632 millones de pesos con respecto a lo programado, que ascendía a 428 mil 710.7 millones de pesos, y el producto interno bruto (PIB) sólo crecerá 2.8 por ciento en el año”.

La salida está fuera del sistema

Pero ni todas las medidas “contra cíclicas” que se esfuerzan en esgrimir los operadores domésticos del imperialismo pueden revertir la tendencia decadente del capitalismo en su fase final. La realidad es que sea en esta crisis o en la siguiente, la tendencia hacia su descomposición es irreversible.

La salida, pues, no está dentro, sino fuera del sistema. Al haberse agotado su potencial desarrollador, el capitalismo enfrenta ya los síntomas de su crisis. Sólo la salida revolucionaria socialista puede resolver a los trabajadores la amenaza de toda crisis.

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