Debemos aprender a manejar con intrepidez los tiempos de la lucha de clases, a saber calcular la dinámica de los diversos procesos e implantarnos en éstos sin alterar su línea, antes al contrario, reforzándola y proyectándola a otras escalas.
Esto se nota particularmente en los últimos eventos de acción y organización de masas en que se vienen debatiendo las bases de la movilización amplia en ruptura con el régimen y ajuste a las tareas propiamente populares. Aquí se expresa los fundamentos estratégicos de la política proletaria, su contundencia y especialmente su sentido de la realidad social, las contradicciones y las tendencias por donde evoluciona la lucha de clases.
Así pues, el perfil en que corren los tiempos de reformas y ofensivas fascistas, se ve ubicado en su dimensión con un aporte importante hacia todo el movimiento de masas acerca de la dinámica de ascenso y aceleración de las formas de lucha, las batallas actuales y por venir. Este aspecto general que para nosotros queda sobreentendido permite afianzar y extraer vigorosas conclusiones revolucionarias acerca de la necesidad del frente único y la marcha hacia un proceso revolucionario mediante la acumulación de fuerzas, cuestiones que ahora debemos expresar más claramente como esencia de los procesos subsecuentes.
Ahora, debemos observar que en estos momentos en torno a las amenazas de la oligarquía financiera, tenemos una gran ventaja y oportunidad consistente en que a la par que corre el desgaste de su democracia, al movimiento no lo corroe las prisas de los procesos electorales, ni las maniobras socialdemócratas en este y otros renglones (este hecho se dejó sentir en el discurso radicalizado del V Diálogo Nacional). Naturalmente también tiene que ver con el rechazo generalizado a las políticas burguesas y de sus partidos, pero, lo que destaca es el valor del momento para pasar a organizar los combates masivos contra el régimen en las formas en que hayan de manifestarse por todo el país, por dentro y por fuera de su plan de acción.
Los parámetros a que nos referimos, es decir, estos nuevos elementos para medir el proceso, nos obligan a sentar nuestra responsabilidad comunista sobre cuestiones concretas, sobre un trabajo perseverante y mancomunado.
Así venimos hablando de conquistar una firme estabilidad y continuidad de las tareas del movimiento de masas, asumiendo que no se trata de responder inercialmente a las condiciones de éste, sino de lanzar la ofensiva con nuestras posiciones unitarias y revolucionarias, acusando la importancia de la organización de las masas.
Esta situación se adquiere sobre la base del cumplimiento tanto de nuestras tareas de desarrollar el partido proletario al seno del movimiento, como del cumplimiento con nuestros compromisos en el movimiento organizado y la asunción de un rango de autoridad, dirección política e influencia en los avatares de las luchas que corren, en donde nuestras opiniones, nuestros consejos, nuestras intervenciones abonen, construyan los marcos esenciales de nuestro referente de frente único.
Mas hay que ser exhaustivos en el desglose de nuestras tareas, hoy ya no podemos conformarnos con brindar escuetamente nociones generales de nuestra política, las necesidades organizativas y de lucha. Esto nos reclama ideas contundentes contra todas las agresiones de la burguesía y el imperialismo, contra toda su propaganda, y por el esclarecimiento a fondo del carácter de las acciones de masas y sus perspectivas de emancipación, entonces hay que abonar el máximo de aportes a esto.
De ésta manera, cubriendo nuestras tareas en todos los frentes de la lucha de clases aseguraremos que el mecanismo social se mueva en la dirección pertinente de acumulación revolucionaria de fuerzas, la movilización y la asimilación de las consignas proletarias. Las fuerzas del proletariado particularmente van forzando a que las cosas se muevan en la dirección que asegure su acción consciente, pese a todos los altibajos y a todas las resistencias de la clase en el poder, este es otro de los aspectos que nos están poniendo en evidencia las recientes protestas, huelgas y eventos nacionales en la sucesión dada.
Las consecuencias que obligadamente tienen que darse ponen al centro aquellas principales tareas que a través del Diálogo Nacional recientemente se han configurado, y los comunistas buscamos aportarle el máximo a que se cumplan, porque en ello viene el cambio de la correlación de fuerzas en el plano nacional.
No descartamos el hecho de que existen situaciones que generalmente impiden ver el proceso a fondo, en todas sus implicancias y consecuencias revolucionarias, debido a las limitadas experiencias y/u horizontes de comprensión dadas las condiciones del capitalismo y sus aparatos de dominación ideológica que nos imposibilitan muchas veces para avanzar. Ello llega a llevar las cosas a que no observemos completamente los hechos.
Esto último da pie a la especulación acerca de “los imposibles”. Ahí mismo tenemos un gran papel qué jugar para poner las cosas más que claras, bien sustentadas, es un reto para todo el movimiento organizado, pero indiscutiblemente es un punto donde los revolucionarios deben marcar línea de solución apoyándose en todas las fuerzas.
En cuanto a las cuestiones organizativas, entramos en una fase de integración, consolidación y asunción de las tareas de frente único, con o sin nombres, con o sin estructuras únicas (la intención es de dotarnos de éstas), esto por sí mismo nos permite proyectar nuestras tareas sobre un terreno más o menos conocido por la demarcación de nuestras líneas al respecto, aunque la realidad sea muy cambiante, lo que no nos exime de la gran cantidad de problemáticas que entraña ante el carácter de las clases oprimidas concurrentes y las fuerzas que se han ubicado en diversas posiciones políticas, y por supuesto, ante las nuevas condiciones socioeconómicas del capitalismo. |