Cuando Lenin abordaba con suma responsabilidad, en su momento, los problemas candentes dela lucha de clases, una obra de singular importancia, fue precisamente, ¿Qué hacer?
Así, el ¿Qué hacer? De Lenin de 1902, da cuenta del creciente ascenso de la lucha proletaria y popular, de la multiplicación de las huelgas económicas, de la efervescencia entre la juventud estudiantil, del sostenido descontento entre los campesinos, etc. Es decir de la incorporación de cientos de miles de explotados y oprimidos a la lucha política.
En nuestro país actualmente presenciamos una mayor participación de los trabajadores del campo y la ciudad en diversos movimientos de masas que se oponen a la política neoliberal y a los estragos que esta produce un la mayoría de de los sectores de trabadores. Este incremento de movimiento de masas objetivamente nos brinda un ejemplo de la capacidad cuantitativa del proletariado mexicano, al mismo tiempo es terreno en donde se debaten las perspectivas políticas de las diversas clases o sectores de clase afectados, proletarios, pequeña burguesía, campesinos y burócratas.
Para orientarnos en este movimiento ¿Qué hacer? nos brinda líneas importantes para su apreciación.
Lenin, como un consecuente estratega proletario, veía las limitaciones del movimiento espontaneo y particularmente las limitaciones del entonces partido, el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR).
En efecto, mientras entre las masas fermentaba, espontáneamente, la energía latente del espíritu revolucionario, el partido proletario, en el terreno de la táctica se echaba en brazos del culto al espontaneismo y el economismo que lleva directamente en política al oportunismo y en el terreno de la organización no se rebasaba el estrecho margen del “trabajo artesanal”, llevando al movimiento a una dispersión de fuerzas e impotencia para obtener victorias que elevara la moral de los combatientes.
La organización sistemática, la política de concentrar las fuerzas con objetivo de destruir al Estado burgués y sus aliados, la delimitación política y estilo de trabajo del partido proletario se trazaron en esta obra con excepcional claridad que hoy mantiene vigencia.
Concluía con la propuesta de un periódico político proletario para toda Rusia como el andamiaje sobre el cual se orientaran cada una de las tareas de la revolución proletaria, como el organizador político de las amplias masas revolucionarias.
Hoy también como en la Rusia de 1902, se exige de los revolucionarios, se exige de los marxistas-leninistas aprovechar el fermento revolucionario que prende en las masas contra el régimen, para volcarlo hacia la lucha política, hacia la derrota histórica del modo de producción capitalista y su Estado burgués y no postrarnos rindiéndole culto a la espontaneidad.
Como lo expresamos en el número anterior nos orientamos, tomando en cuenta las anteriores ideas, a construir colectivamente, la ruta preparatoria de huelga política nacional y el V Diálogo Nacional, que se funda de manera directa con todos y cada uno de los referentes del proceso de frente único a nivel nacional, local y sectorial, con la profundización de las contradicciones entre revolución y contrarrevolución que brotan de la economía política y la lucha de clases.
Estos eventos aprobaron un plan de acción que permite crecer en organización y movilización de las masas. Hoy estamos ante la posibilidad material de incorporar a millones de explotados y oprimidos a la lucha política, consideramos que el proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas se desenvuelve en medio del movimiento de masas, allí la elevación política e ideológica del proletariado es un factor indispensable para sumarse a la lucha por la toma del poder, por la revolución proletaria y por el socialismo.