De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo tienen lugar 270 millones de accidentes de trabajo al año, de los cuales 355 mil son mortales y 12,200 se presentan en niños que ni siquiera deberían estar trabajando. Junto con las enfermedades laborales y las complicaciones de éstas y de los accidentes, cada año se registran 2.2 millones de muertes.
Los países que mayor cantidad de accidentes de trabajo son los países pobres, en los que además prevalece el subregistro de las incapacidades por motivos laborales; ya que en estos países las condiciones de explotación son mayores y con más frecuencia de violentan sus derechos laborales. Además, es en los países pobres, donde se utiliza maquinaria vieja y obsoleta, donde las condiciones laborales son más desfavorables para el trabajador; donde menos se invierte en su seguridad industrial y por tanto, es más probable que se sufran más accidentes durante el desempeño de sus actividades.
Los informes de esta misma organización internacional afirman que la mortalidad de los accidentes de trabajo en los países pobres es 5 o 7 veces mayor en relación a los países ricos. Aún así, en muchos lugares, se consideran a los accidentes de trabajo como “gajes del oficio”, tal y como ocurre en las minas de carbón y cuyo ejemplo más reciente fue el crimen industrial de la mina de Pasta de Conchos en nuestro país.
Los accidentes laborales, incluso se pueden considerar “esperables” particularmente, para quienes realizan un trabajo que implica el control de materias y maquinaria pesada, para quiénes realizan su jornada laboral en horarios nocturnos o con jornadas de horas acumuladas, para quienes manejan sustancias explosivas o que tienen exposición excesiva al ruido.
También se sabe que los trabajadores que más frecuentemente sufren accidentes laborales, son los trabajadores jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, que tienen a su cargo los puestos de trabajo más peligrosos, tienen menos experiencia y se arriesgan más porque acaban de ingresar a su empleo, no denuncian los accidentes ya que son empleados sólo temporalmente y quieren conseguir su definitividad, a un precio muy alto.
Para algunos investigadores en materia laboral, la entrada al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ha implicado que se reduzcan más las medidas de seguridad a cambio de obtener mayor productividad; este hecho ha resultado en un aumento de los accidentes de trabajo y de las muertes por causas laborales. La misma Secretaria de Trabajo y Previsión Social, admite, que su vigilancia y control no llega de forma oportuna en todos los centros de trabajo, donde incluso hay una cantidad de éstos que ni siquiera están registrados como tales.
Incluso organismos no gubernamentales especializados en la vigilancia de la seguridad laboral, afirman que hasta el 70 % de los accidentes de trabajo no se reportan y el mismo Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), admite que el 30 % de los accidentes no son reportados. Entre otras causas por la propia ineficiencia del IMSS en proteger los intereses del trabajador y atender su reincorporación temprana al trabajo. La muerte de los mineros de Pasta de Conchos dejo al descubierto la precaria situación que guarda la vigilancia de la seguridad en los centros de trabajo.
Nuestro país esta obligado a reportar los accidentes y las enfermedades relacionadas a las actividades laborales, por ser suscriptor de los convenios de la OIT, sin embargo, lo que prevalece es el subregistro de accidentes y enfermedades laborales.
Las cifras disponibles son sólo aproximaciones, o resultado de denuncias, ya que no se existe una vigilancia estricta ni se penaliza omitir su reporte. En México sólo se reportan cerca de 2.9 accidentes al año por cada 100 trabajadores, en otros países como Francia, Dinamarca y Canadá, el reporte es de 4.0 por cada 100 trabajadores al año. Este fenómeno se explica no por que los trabajadores mexicanos tengan mejores condiciones de empleo y seguridad, sino simplemente por no se reportan.
Aún más, la evolución que ha tenido el trabajo en diferentes áreas ha generado nuevos riesgos profesionales que antes no eran considerados, y que actualmente no están catalogados en nuestra legislación como enfermedades laborales. Tales como los trastornos músculo esquelético, problemas mentales en relación al desgaste que ocasiona el hostigamiento por la carga laboral, las reacciones y problemas relacionados con el asma y las reacciones alérgicas en relación a la exposición de agentes peligrosos y carcinogénicos como el benceno, el amiato, las radiaciones y otras sustancias químicas.
Aunque es imposible fijar un valor a la vida humana y de la salud de los trabajadores, se ha estimado que las cifras de indemnización indican que el costo de las enfermedades y accidentes laborales representan cerca del cuatro por ciento del producto interno bruto mundial, en forma de ausentismo laboral, tratamientos de enfermedades, incapacidad y prestaciones de supervivientes.