Número 263 semana del 11 al 17 de febrero de 2008
Alicia en el país de las pesadillas
Crónica de una proletarización anunciada

Alicia, al igual que muchas mujeres que trabajan en la Ciudad de México, emigro de un pueblo del interior de la República para tratar de mejorar su nivel de vida y por ello mismo le fue más fácil ser contratada.

Entro a trabajar para un outsourcing sin saber lo que quería decir esa palabra y quienes la colocaron en una empresa que se autodenominaba Thaanum and Ross, sonaba bonito y elegante el nombre, quienes se dedican a vender tarjetas bancarias por teléfono. Las condiciones de trabajo eran, trabajo continuo sin descanso más que para ir al baño, si querían comer, tenían que consumir en una cafetería que era propiedad de los mismos dueños, Eric y Alejandro Parra cual si tienda de raya y antes de comenzar sus labores o al final y por supuesto, productividad para conservar el empleo, con un pago de cinco pesos la venta de cada tarjeta.

Ella había oído alguna vez de la explotación sin entender bien a bien su significado. Pensaba que la explotación solo se daba en las fábricas y tenia que ver con trabajos extenuantes y con una gran carga de esfuerzo físico, sin embargo, allí se dio cuenta perfectamente del contenido y significado real de la explotación. Había pensado en continuar estudiando en esta ciudad, y aunque fue aceptada en el examen de admisión, después de la jornada laboral le costaba trabajo concentrarse siquiera. Durante todo el día le resonaban en sus oídos las palabras de los potenciales clientes, que se negaban a aceptar la tarjeta bancaria y le daban vueltas en la cabeza las palabras con las que ella intentaba convencerlos, buscando las palabras precisas con las que al siguiente día convencería a las futuras victimas de los bancos, todo se valía, todo tipo de persuasión y hasta el engaño, con tal de lograr una buena productividad que le significara las comisiones necesarias para sobrevivir y mantener a su par de críos. Total, los dolores de cabeza se acabarían el fin de semana como siempre.

Antes de terminar el año 2007 los dueños de la empresa les comunicaron a los mas de 600 trabajadores, que iban a firmar un nuevo contrato con una nueva empresa que ahora se iba a llamar Velásquez Escudero y que ya no iba haber Seguro Social. Dentro de los papeles que iban a firmar, se encontraba un contrato con una aseguradora privada que vendría a suplir al Seguro Social, donde todos se encontraban obligados a firmarlos para mantenerse en el empleo.

Alicia al igual que todos sus compañeros y compañeras, se encontraban perplejos ante tanto cinismo de los empresarios, sin lograr entender como era posible que se les tratara como esclavos o retrasados mentales, por lo que a la salida de labores varios sacrificaron sus planes personales y tomaron una decisión: de manera desorganizada y espontánea, al siguiente día todos los trabajadores del primer turno harían un paro de labores para impedir que prosperaran los planes de la patronal.

Ahora que ya no hubiera Seguro Social seguramente tendría que pagar en la guardería, si se unía al paro, seguramente la correrían del trabajo y mientras conseguía otro empleo de que iba a vivir, estas y otras preguntas eran lo que ahora le daba vueltas en la cabeza y no le dejaban dormir a Alicia y a todos los trabajadores de la empresa que ahora se llamaba Velásquez Escudero. Llego el día y al traspasar la puerta de entrada, sentía como palpitaba su corazón a ritmos acelerados, no sabía si era nerviosismo o emoción, las dos cosas se juntaban al mismo tiempo. Nerviosismo por la incertidumbre de lo que fuera a pasar, pero también emoción al ver como en los hogares de todos los trabajadores, donde seguramente habían comentado el problema con su familia, habían tomado la determinación de participar en el paro, fueran cuales fuesen las consecuencias, no podía creer tanta determinación y hasta un nudo en la garganta se le hacia al hablar.

Ni tardos ni perezosos, los patrones empezaron a orquestar su respuesta y cual si estuvieran en plan de guerra, comenzaron a planear la forma en que obligarían a sus empleados a retornar a sus labores de siempre, ¿Cómo era posible? ¿Qué se habrán creído estos mugrosos? A ellos, que tienen “visión empresarial” no se les podía hacer esto, “están crecidos y se envalentonan porque son muchos y están en bola”, “ya veremos quien puede mas”, “les vamos a dar una lección”, estas y otras palabras se lograban oír hasta afuera de sus oficinas. No iban a despedir a nadie, no querían crear mártires, un sindicato blanco que le da servicios de protección a la patronal, liderado por un tal Rosendo, con su larga experiencia en este tipo de conflictos los asesoró.

Comenzaron a llamarlos y reunirlos por grupos, así era más fácil convencerlos, así fuera con mentiras, además de ubicar a los líderes de este movimiento y si no se les convencía, se les amedrentaba e intimidaba, el fantasma del despido siempre funciona. “Ya los demás con los que hablamos están de acuerdo en regresar a sus labores, queremos ver que dicen ustedes” “ustedes estudian y tienen seguro por la escuela, realmente no les afecta esto” “si no les interesa el trabajo, las puertas están abiertas para que se vayan y para quien si tenga necesidad del trabajo” “el seguro privado va ser barato” “es por un tiempo”, con este y otro tipo de de argumentos y mentiras los patrones imponían su plan para incrementar sus ganancias.

La falta de experiencia, la división, el egoísmo, la ignorancia, la necesidad, no sabe Alicia que fue, pero al final la mayoría tuvo que agachar la cabeza. El seguro social y la guardería hizo que muchos y muchas, incluyendo a Alicia tuvieran que buscar otro empleo, después supo por sus compañeros y compañeras de la empresa que se llamaba Thaanum and Ross y cambió ese nombre tan elegante por el otro tan sencillo de Velázquez Escudero, que la empresa daba recompensas de $500 por cada persona que recomendaran y entrara a trabajar aceptando las nuevas condiciones de trabajo. Se trataba de suplir al personal con otros más necesitados, donde los mismos trabajadores, por los $500, le ayudarían a la patronal a hacerlo. Otra vez el mismo nudo en la garganta, pero ahora por la impotencia de no poder hacer nada, se sentía como si tuviera las manos atadas y no podía desahogar su rabia y coraje.

Cuando vio en la calle un cartel que mencionaba que la Ciudad de México era la “Ciudad de la Esperanza” no pudo evitar que se le dibujara una sonrisa y tampoco pudo evitar acordarse de su pueblo, de las penurias y sufrimientos que ha pasado su familia y sus ancestros, de sus paisanos que se han tenido que ir “de este maldito país” les había oído decir, fue cuando se le ocurrió que ella era Alicia en el país de las pesadillas. Pero también entendió que debe luchar y organizarse si quiere que esto cambie.

En este 263
Editorial
Nuestro Movimiento
Nacional
Obrero-Sindical
Lucha popular
Metropoli Capital
Seguridad Social
Internacional
Correspondencia a VP
¿Quiéres recibir el periódico
Vanguardia Proletaria vía
e-mail?

¡ INSCRÍBETE!
vanguardiaproeltaria@gmail.com