Número 261 semana del 28 de enero al 03 de febrero de 2008
El TLCAN arruina mas
a los campesinos pobres

El TLCAN, entre EU, Canadá y México es un Tratado de integración forzosa del imperialismo, con dos naciones con las que mantiene relaciones económicas, comerciales, políticas y militares. Por supuesto la integración-subordinación total se da del lado mexicano y la gradual con lado canadiense. Es la legitimación legal, de un proceso que se viene imponiendo desde hace más de dos décadas.

Ante esa entrega de nuestro país y la gradual invasión del campo por los monopolios extranjeros y nacionales, ¿qué es lo que están haciendo o tienen qué hacer los campesinos-indígenas pobres de nuestro país?

Desde hace tiempo pero a partir de la aplicación del TLCAN en 1994, los más “indefensos”, que no tienen cómo enfrentar la “competencia” con los canadienses y gringos, rentan, venden o abandonan la tierra, su lugar de origen, para emigrar hacia las principales ciudades del país o a EU fundamentalmente.

El 50% de los que intentan pasar a EU, son de origen campesino. Pasan de ser campesinos a jornaleros agrícolas o proletarios urbanos. Su capacidad económica, de por sí miserable, se arruina más, son presa fácil de la sobreexplotación capitalista.

Otro sector se queda y a pesar de la caída de la rentabilidad, se mantienen cultivando granos básicos, siguen ocupando el territorio y mantienen sus sistemas reproducción. Esta población ha envejecido y tiene un bajo nivel de escolaridad. Van perdiendo la cultura agrícola que se va trasmitiendo de viejos a jóvenes, como la falta de condiciones para enfrentar la llegada de los monopolios. Por su edad enfrentan más dificultades, para el manejo de la nueva tecnología, para desarrollar un mercado de insumos, de servicios y de productos. Su ingreso principal proviene del campo, la tendencia en este sector es una creciente pobreza. Estos campesinos siguen sembrando sus tierras con muy pocos recursos, debido a la descapitalización que enfrentan y a la falta de financiamiento. Este sector muestra un menor uso de maquinaria y menor uso de insumos, como fertilizantes y semillas mejoradas.

Los subsidios a través de Procampo, Progresa o crédito a la palabra, no son suficientes recursos para desarrollar el mercado interno, pues ni siquiera sirven para comprar la canasta básica necesaria para una familia campesina pobre. Estos representan más rentabilidad política para los Partidos de la burguesía y los caciques, que los utilizan para seguir legitimando las políticas agrarias neoliberales, que están desapareciendo la vida en el campo, dejándola solo para la moderna producción capitalista.

Las alternativas que siguen buscando, las desarrolla a través de su ejido o sus bienes comunales, siendo parte de organizaciones económicas, para la compra de insumos, la prestación de servicios y la comercialización de cosechas. Esta práctica no está generalizada en la mayoría de los campesinos. Esta situación lleva a la familia del campesino ha incorporarse a diversas actividades que ayuden en el ingreso familiar; lo que ayuda en parte a que no caiga la producción de granos, lo que les permite todavía sobrevivir y estar en la lista de productores.

Un siguiente sector es el que se va afianzando en la “visión empresarial”, forman parte los ejidatarios, como de los pequeños propietarios. Esta población se agrupa en organizaciones economicistas, para gestionar apoyos estatales e internacionales y captar recursos humanos capacitados para desarrollar sus propias estrategias productivas.

De este sector hay un grupo que se destaca por su capacidad económica, el 85% de sus tierras cultivas son rentadas, diversifican su cultivos con granos básicos y hortalizas, acompañadas de actividades ganaderas y la mayoría de estos productores, de dedican a otras actividades extras, exportan e importan, eso es posible porque ocupan trabajo asalariado.

El Estado aplica programas paliativos y clientelares que profundizan la cultura empresarial y la dependencia económica, sobre todo en los campesinos pobres. Sin embargo se abren grupos económicos de campesinos, ejidatarios y comuneros que con cierta independencia desarrollan su producción, misma que se ve muy limitada es su autofinanciamiento.

La respuesta económica que dan los campesinos pobres y medios, se ve atrapada por figuras asociativas diversas que el Estado crea, como la Sociedades de Producción Rural, la Sociedad Anónima, la Sociedad de Solidaridad Social, el Ejido, la Unión de Ejidos, la Sociedad Cooperativa, entre otras, que son formas de sobrevivencia de la producción agrícola, que sostiene a la población rural que aún permanecerá en el campo y no tiene a dónde ir; constituyen la pequeña producción capitalista que no podrá desarrollarse por el poder de los monopolios en el campo y terminará siendo tarde o temprano los peones de la gran producción.

La respuesta política de los campesinos pobres y medios, desde que entró en vigor el TLCAN, presenta como demandas; mejores precios, control de las importaciones, mayores apoyos a la comercialización y solución a las empresas agroindustriales cobradoras o con instituciones de crédito y la renegociación del Tratado. Las movilizaciones, mítines, tomas de dependencias agrarias o federales, de puentes internacionales, de venta de productos en el zócalo o de la Cd. de México, no son suficientes, ni contundentes para mejorar la situación del campo, o para modificar las acciones del mismo.

Sólo en el mejor de los casos los sectores de campesinos organizados son los que obtienen una débil respuesta económica, que en un año se diluye por el alto costo que cobra la vida en el campo. Los esfuerzos que se dan en estas movilizaciones principalmente se canalizan en presiones al parlamento para la asignación de mayor presupuesto al campo o en la participación más activa de las leyes, que “regulan la producción en el campo”. Las movilizaciones más radicales que han enfrentado al TLCAN con su rechazo, siguen siendo débiles y dispersas.

Es claro que la puesta en práctica del TLCAN, encontró al movimiento campesino desorganizado políticamente y sin una perspectiva de clase. La tarea hoy es articular todo el esfuerzo económico y político de la lucha campesina para enfrentar con capacidad no sólo al TLCAN, sino la crisis que enfrenta el campo.

Necesitamos construir un Frente, lo más amplio en el campo, que sea parte del Frente Único del proletariado, para que hagamos una sola fuerza de clase para defender la tierra y la producción agrícola, de los monopolios nacionales y extranjeros que nos la están arrebatando.

En este
261
Editorial
Nuestro Movimiento
Nacional
Obrero-Sindical
Joven Guardia
Lucha popular
Metropoli Capital
En los Estados
Seguridad Social
Internacional
¿Quiéres recibir el periódico
Vanguardia Proletaria vía
e-mail?

¡ INSCRÍBETE!
vanguardiaproeltaria@gmail.com