Número 261 semana del 28 de enero al 03 de febrero de 2008
NuestroMovimiento
Una nueva fase de
inestabilidad socioeconómica
Bastaron unas cuantas declaraciones de los imperialistas a causa de su maltrecha situación y su desenmascaramiento internacional para que los gobernantes de nuestro país inmediatamente corrieran a dulcificar las cosas. La demagogia al fin y al cabo es el eje de su supuesta política de disuasión para sortear cualquier crisis.

Desde hace aproximadamente medio año se viene manejando el desgaste de las estructuras financieras (bancos monopólicos, créditos, mercado bursátil, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) del imperialismo y de sus sistemas financieros (conexión internacional de unas cuantas bolsas para acaparar y disponer de los recursos económicos mundiales).

El meollo de la cuestión está en la desaceleración económica (decremento de la producción y servicios) de Estados Unidos y los males aledaños a su sistema financiero como la crisis hipotecaria, cuyos golpes se dejarán sentir directamente en la economía mexicana debido a su alta dependencia del mercado norteamericano.

Lo que a los norteamericanos se les presenta en forma de desaceleración, con una economía más de 50 veces superior a la nuestra, y una productividad laboral cien veces superior a la nuestra, naturalmente el impacto no es el mismo ni por asomos; para nosotros por tanto representa toda una catástrofe, pero una catástrofe provocada por la oligarquía financiera y sus gobernantes por haber arrastrado nuestro país a estos grados de dependencia.

Calderón quiere hacer suponer que con unas cuantas sonrisas distribuidas en espacios públicos y argucias sobre unas supuestas reservas económicas, es suficiente para contener cualquier situación ocurrida en el mercado mundial, más todavía, supone que los problemas del imperialismo yanqui no afectarían a su neocolonia mexicana. Pero la noticia ya prevista por sus analistas no le ha resultado agradable, no porque no estuviese informado lógicamente, sino porque viene en un momento en que intenta crear la cobertura para eliminar toda protesta inclinada a la discusión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ni siquiera de lo que respecta al aparatado agropecuario, del cual se difunden falsos éxitos con unos aguacates y créditos de poca monta.

Mientras tanto, los imperialistas parapetados en el Banco de México deciden adelantar las cosas y “hablar claro”, el país será afectado por la previsible recesión norteamericana, por tanto reformas, contención salarial y gasolinazo son necesarias, que es de lo que tanto desespera Guillermo Ortiz, resultan prioritarias, y ya con esto, nada malo ha de pasar.

Estas discrepancias ya las hemos visto, el régimen de la oligarquía financiera está comprometido internamente en salvar a como dé lugar al calderonismo, en tanto los imperialistas descaradamente manifiestan que sí y sólo sí éste atiende irrestrictamente a sus posiciones. Pero estas simples pugnas guardan muchos otros secretos sobre los cambios en el poder ejecutivo y la incapacidad de ir más aprisa según los dictados de Washington.

Esta tendencia que presupone la ausencia de un nuevo proceso de lucha de masas, se revela en la adopción de posturas gobernantes por parte de la embajada yanqui y el discurso prepotente de distintos representantes del imperialismo frente a México, en el sentido de que el gobierno mexicano no es un socio, no es un cliente, sino un régimen subordinado, el cual debe aminorar su papel para que los monopolios y el Estado norteamericano ejecuten mejor sus distintos planes político-económicos. Nuevo recordatorio del grado a que llegaron las relaciones de dominio en nuestro país.

Así pues, se viene dando difusión desde instancias imperialistas al papel “benéfico” que monopolios como Halliburton juegan en nuestro país y el deber proteccionista de la oligarquía norteamericana para salvarnos de cualquier amenaza, principalmente la de una insurrección popular.

Tanto pánico se ha difundido entre los gobernantes, por el miedo a la radicalización de la lucha de clases que anuncian la conservación del militarismo y su expansión con más tropas, nuevas leyes y otras secciones policiaco-militares.

En consecuencia, las clases opresoras de México y Estados Unidos piensan hacer recaer todo el peso de la situación entre las masas, y al mismo tiempo impedir su organización, suponen que los trabajadores resistirán el incremento del desempleo y la disminución de los salarios, así como la congelación de sus derechos al seguro social.

Pero estos adelantos dejan de soslayo los hechos del movimiento de masas, un crecimiento inmenso de amparos contra la ley del ISSSTE, manifestaciones por doquier, recuperación de las labores de los frentes amplios, y debate cotidiano acerca de la realidad nacional.

Se supondría que los gobernantes y la burguesía deberían trabajar por la estabilización de la economía, pero han renunciado a ello porque esto les obligaría a oponerse por mínimo a las posiciones imperialistas y oligárquicas mismas que comparten.

Suponen también que por tanto el movimiento de masas no ha de salir de sus conflictos de organización y unidad, creen que las divergencias seguirán infinitamente, pero en este punto también se equivocan, no tanto porque no dejen de haber dificultades o que se tome algún acuerdo unitario definitivo, sino porque desde abajo se presiona a la acción común, a la unidad sobre bases proletarias y populares ante las cuales tenemos tareas organizativas y de frente único que sabremos cumplir en la presente etapa.
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