-No basta con los llamados a cada espacio, habrá que ir a esos referentes invitándoles no a sumarse, sino a construir -de acuerdo a sus propias características y demandas- el proceso unitario.
Aún a pesar de los esfuerzos del Estado por detener y ocultar el descontento popular, en la prensa revolucionaria, las consignas, banderas del movimiento e incluso en los encabezados y los noticiarios oficiales, cada día se hacen más notorias las abismales e irreconciliables diferencias entre los trabajadores y el puñado de hombres, que al frente del aparato estatal pretenden despojar de todo al generador de sus riquezas.
El aumento a los productos de la canasta básica no podía pasar desapercibido para todos aquellos que ganan un pauperizado salario, para aquellos que observan como a sus manos sólo llega lo necesario para mantenerle (en el mejor de los casos) en las mismas condiciones, mientras que sus patrones, los intermediarios y los especuladores se quedan con gran parte de lo riqueza generada por los trabajadores.
Tampoco pasa desapercibido el alza al precio de la gasolina, el endurecimiento de las normas judiciales, el desmantelamiento del campo, la entrega del sector energético a la rapiña yanqui y las cada vez más difíciles condiciones para laborar.
Un ejemplo de este descontento es que a poco menos de un año de la actividad realizada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y otros sindicatos democráticos, en contra de la nefasta Ley del ISSSTE, se han logrado entregar alrededor de 1 millón de amparos ante el Palacio de justicia Federal, la cual, lejos de ser la única medida con la que los trabajadores pretenden frenar este embate de la burguesía, es una acción política en primer lugar para convocar e incorporar a más trabajadores a la lucha, en segundo, una medida que presiona y demuestra el disgusto de los trabajadores al servicio del Estado, que acompañado de las movilizaciones es un eje central de las demandas del movimiento popular.
Son precisamente estas condiciones las que urgen la realización del V Diálogo Nacional, no por capricho de algunas fuerzas, sino ante la premura de dar una respuesta contundente a los embates del Estado; si bien el Diálogo Nacional no es aún el espacio que aglutine a todas las fuerzas democráticas, revolucionarias y progresistas, si es un esfuerzo nacional que trata de recoger las demandas más sentidas de los trabajadores, que requiere madurar sus discusiones para avanzar en la construcción de un Frente Único que a partir de su Programa Mínimo no Negociable (PMNN) y de su Proyecto Alternativo de Nación apuntale al movimiento y le trace claramente sus objetivos tácticos y estratégicos.
En este sentido la primera tarea para la realización de este V Diálogo Nacional –los días 4 y 5 de febrero del año en curso- es convocar de manera amplia a todas las organizaciones, a todos los referentes, a todos los movimientos, e invitarlos a que cada uno de estos se sume con sus propios ejes, con sus demandas, con sus programas y sus planes de acción, a que de manera unitaria salgamos de este evento con la visión de empujar como uno solo el movimiento popular.
No basta con los llamados a cada espacio, que desde sus trincheras empuja la lucha contra el régimen, habrá que ir a esos referentes y poner sobre la mesa las discusiones que hasta ahora ha avanzado el Diálogo Nacional, invitándoles no a sumarse, sino a construir de acuerdo a sus propias características y demandas el proceso unitario.
Una segunda tarea es la de acuerpar orgánicamente las luchas sectoriales, en este sentido el Diálogo Nacional está haciendo un esfuerzo, al convocar de manera amplia a las fuerzas campesinas, la realización de su segunda reunión cobra importancia en este sentido, ahora habrá que impulsar las reuniones estudiantiles, sindicales, urbano populares, etc.
Tampoco se puede dejar de lado las luchas que han sido bastiones del movimiento popular, tales como el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, las huelgas mineras, el comité de familiares de Pasta de Conchos, entre otros, los cuales han aportado importantes enseñanzas al movimiento y actualmente enfrentan un nuevo embate del Estado.
Hoy día existen diversas propuestas tácticas y estratégicas de las diferentes organizaciones que conforman el Diálogo Nacional, que habrán de ponerse a discusión en su próxima sesión nacional, si bien estamos en la lógica de avanzar en conjunto, no podemos dejar de lado la discusión de los diferentes proyectos, ya que ésta no es solamente de términos, ni de redacción, es un debate ideológico, reflejo de las posiciones y la clase a la que pertenecemos, sin que estas diferencias se vuelvan el eje central, debe quedar en claro el tipo de sociedad que buscamos, entre quienes reivindicamos la lucha por la revolución socialista y el nacionalismo pequeño burgués, que disfrazado de ingenuidad pretende frenar el ímpetu revolucionario y escudado en las amplias convocatorias reduce el papel de la clase trabajadora, tratando de manera infructuosa de arrebatarle su papel histórico, de ser sepulturero del régimen capitalista.
Quienes con sus discursos y acciones pretenden fraccionar el movimiento o reducirlo a las demandas más inmediatas se ven jalonados por las necesidades y el avance de las fuerzas revolucionarias, no se trata de aislarles, se trata de sumarles al torrente revolucionario.
Actualmente, el Diálogo Nacional va trazando una discusión más profunda, más allá de los parches al sistema, más allá de las renegociaciones con el régimen y de la posición defensiva del movimiento, hoy las organizaciones del Diálogo Nacional se plantean la ruptura con el régimen. En este sentido la Huelga Política Nacional es una actividad que requiere de una mayor discusión y de la dirección de sus tareas específicas.
Sin embargo, el plantearnos de manera clara el derrocamiento de este sistema y su gobierno, representante de la oligarquía financiera y defensor de los intereses mezquinos de la burguesía requiere de más que la Huelga Nacional, requiere de la rearticulación de las fuerzas del movimiento, tanto a lo interno como a lo externo, de un plan anual de trabajo y de un “Plan Mínimo No Negociable” consensado por todas las fuerzas posibles.
Este Diálogo Nacional tiene ante sí la tarea de hacer un análisis de la situación nacional e internacional, de aclarar objetivos tácticos y estratégicos, de materializarlos, por medio de diversas acciones hechos consumados.