De todos los temas censurados en los medios de comunicación, las noticias relacionadas con el movimiento social y los problemas populares son las más afectadas, situación que en el último año se hizo más evidente dado el aumento de los precios, la contención salarial, la represión, etc., con el correspondiente silencio de los medios.
La independencia de los medios de comunicación está sujeta a los intereses de sus propietarios, que pueden o no ser los intereses del gobierno en turno, pero que nunca serán los intereses de la clase trabajadora, por lo mismo, sólo hablan de los problemas sociales cuando estos son ya evidentes para la población, al igual que el gobierno, los medios le dan atole con el dedo a los trabajadores.
Temas como el desempleo, el salario real, la militarización, la corrupción a escalas mayores, el despojo de tierras, etc., brillan por su ausencia en los medios informativos, al igual que en determinados momentos no se transmitió información sobre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional o la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, debido a que el Estado preparaba ofensivas contra dichos movimientos.
Legalmente, el Estado tiene derecho a censurar aquellos medios que publiquen información que ponga en peligro la Seguridad Nacional, pero en realidad protege la seguridad de los empresarios, inversionistas y todos aquellos que conforman la oligarquía nacional, por tanto el peligro para ellos es cualquier información sobre un movimiento que pudiera poner el ejemplo al resto de la población para levantarse contra el régimen.
Los trabajadores mexicanos saben perfectamente cuales son sus condiciones de trabajo y vida, no necesitan que un medio se los informe, por ende, lo que no se informa son precisamente las manifestaciones de inconformidad contra la situación de explotación y opresión porque generan una mínima conciencia en el trabajador, al descubrir que la solución a su situación esta en la lucha popular.
También está el omitir las acciones de empresarios y gobierno que contradicen crudamente las declaraciones oficiales, un caso concreto es el tema de los despidos masivos, pues sólo se anuncian los más importantes y como noticias aisladas, como si no tuvieran relación unos despidos con otros, cuando el desempleo es ya todo un fenómeno de grandes proporciones.
La censura de dichos temas adquiere diversas formas, entre ellas, el acoso, despido, tortura, hasta asesinato de periodistas, la confiscación de tirajes completos de periódicos y revistas cuyos contenidos no eran convenientes para el Estado como las revistas Proceso y Contralínea, el diario Noticias de Oaxaca; otra forma de presión es el retiro de la publicidad privada y gubernamental, pues es sabido que la mayoría de los medios subsisten gracias a la misma.
Los medios de comunicación, a través de las noticias transmitidas a diario, reflejan una parte de la realidad, al mismo tiempo que omiten otra parte, en teoría, por razones de espacio y de atención, publican o transmiten únicamente la información más relevante, la cual se elige según el grado de interés público.
Una nota sobre el Presidente de la República decretando la privatización de tal o cual empresa paraestatal retoma mayor interés público que una protesta en la Secretaria de Gobernación, primero porque la privatización tendrá un efecto económico en el país que toda la población resentirá y segundo porque la figura presidencial le atañe a todos los mexicanos.
Pero, si el mitin en la Secretaría de Gobernación resultara ser en contra de la privatización de la misma empresa, la nota adquiere inmediatamente la misma importancia, pues se trata de la respuesta que una parte de la población afectada le da a la misma cuestión; si los medios transmitieran al mismo tiempo las dos noticias, cumplirían con la llamada “objetividad periodística”, pero la realidad es distinta.
El caso de las explosiones del año pasado en los oleoductos de Pemex tuvo forzosamente que informarse, sin embargo, sólo dos periódicos (Milenio y La Jornada) incluyeron información abundante sobre los autores de dicho atentado, mientras que los demás periódicos alineados al Estado confirmaron la posición oficial de que no había pruebas para afirmar la presencia de un grupo armado.
Aún así, las empresas de comunicación tienen que mantener cierta imagen de objetividad, por lo que cuando se trata de fuertes movimientos populares a la vista de todos, informan lo menos posible y tergiversan los hechos, prefiriendo dar notas de espectáculos, violencia en las calles, declaraciones inútiles de políticos, etc., como si la realidad de un trabajador girara en torno a esos temas, pues de lo que se trata es de distraer la atención de los problemas de fondo a los que se enfrenta la población.
La censura gubernamental a estos temas va acompañada de medidas coercitivas para el periodista o medio que no cumpla con sus condiciones, el caso más reciente fue el despido de Carmen Aristegui de W Radio. Por la misma situación, la mayoría de los periodistas prefieren autocensurarse cuando obtienen información que pueda afectar los intereses de empresas o gobiernos, además de que el reducido número de conglomerados de medios concentra en algunos cuantos la decisión de emitir o no determinadas noticias.
La censura en los grandes medios de comunicación dio origen en gran parte a los medios alternativos, que en México encontraron una trinchera particularmente efectiva en las radios comunitarias, “piratas” y a nivel internacional en las páginas electrónicas de información alternativa, lo cual los convirtió en un objetivo más de persecución para el Estado.
El punto distintivo que hizo de estos medios una alternativa para informarse y difundir las ideas del movimiento fue su efectividad para llegar a una parte de la población de manera rápida, oportuna y honesta, lo cual no sustituyó la clásica forma de hacer propaganda a través del volanteo el pasquín, pero funcionan como un instrumento más de contra censura, no sólo para decir la verdad, sino para elevar la conciencia de la gente y empujarla a la organización.