Número 260 semana del 21 al 27de enero de 2008
NuestroMovimiento
La mentira del resentimiento social debe ser desbaratada
Los temores de la burguesía comienzan a hacerse realidad, pequeñas movilizaciones populares le infunden terror, por lo que se ve impulsada instintivamente a combatirlas en forma extrema con una ofensiva mediática inusitada.

Un conjunto de sectores populares recurren frecuentemente a los medios de comunicación masiva a fin de expresar sus problemas, sus inconformidades y demandas, los medios, puesto que se debaten en el decadentismo informativo, permiten una breve entrada, con la intención evidente de aprovechar la ocasión para revitalizarse lanzándose agresivamente contra los trabajadores.

Como la empresa no es fácil, han tenido que conceder la expresión de ideas ajenas a las suyas, pero ahí tenemos que la frescura de las expresiones populares superan las poses doctorales de la burguesía y pronto las socavan en sus mismos cimientos, ante esto, la respuesta mediática es cortar lo más pronto que se pueda toda intervención popular para pasar a la ofensiva y decir todo aquello que no pudieron decir a sus interlocutores “que colgaron”.

En primer plano se nos acusa de resentidos sociales, que no conformes con vivir bajo el mismo cielo que la burguesía exigimos algo que no es de nuestra propiedad y no merecemos. Hace algunas décadas esa consigna pegaba con fuerza y podía hacer tambalear a cualquiera, pero hoy no solo es irrisoria, sino reaccionaria por todos sus ángulos.

Dicen los comunicadores de radio y televisión que ya están artos de que los pobres solo hablen de sus necesidades y resalten como un argumento que divide a la sociedad el hecho de que hay una profundísima brecha entre la riqueza de unos cuantos y la miseria de los más.

Según se indica, los pueblos no hacen más que lamentarse de su suerte, no les dejan en paz para vivir tranquilos del trabajo de éstos, y en adelante lanzan peroratas acerca de lo superficial de la visión proletaria y popular, lo bajo de nuestras aspiraciones contra la propiedad privada, el instinto inapropiado a las personas civilizadas que deberían resignarse a su suerte.

Es interesante toda esa trama discursiva, revela concretamente que los personeros de la burguesía teniendo en su custodia los medios de difusión, los emplean para difamar los intereses del pueblo, hacerlos ver obsoletos y obscuros, pero al mismo tiempo, su ridículo es sorprendente, porque no hay peor cosa que ver y oír a estos esbirros defendiendo al gran capital.

Podrán untarse el hocico con bellas palabras y expresiones grandilocuentes, armar encuestas ficticias, allegarse opiniones acordes a las suyas; pero la nota falsa está ahí al momento de trascender la flagrante realidad social. Hablando de la sublimidad su propósito pareciera cumplido, pero por más cálculos que realicen, no anulan los acontecimientos diarios, y una y otra vez, sin cesar recurren a las mismas patrañas hasta que ya solo les vemos hablar sin sentido, perdidos en sus juicios, en un círculo cerrado a cualquiera otras ideas que manifiesten de frente los problemas del capitalismo.

Claro, balbucean que muchas cosas están mal, pero lo hacen para ganar adeptos al sistema, para que el régimen, o los partidos, o la dinámica de los monopolios no sean vilipendiados en cualquier manifestación popular, en cualquier lucha social o alguna tribuna donde el pueblo consiga un breve espacio. Los comunicadores de la burguesía consideran vulgar y despreciable toda opinión del pueblo en donde no haya coincidencias con la versión dominante, mucho más, aseguran que se trata de ideas peligrosas que entrañan una amenaza de subversión.

Pero no nos engañemos, las agresiones ideológicas de la burguesía siguen una trama, obedecen a un sistema de engaños, de tergiversación de los hechos, de esconder las causas de los fenómenos sociales. Las ideas de la burguesía hoy día operan de manera articulada, tienen retos y objetivos claros, al percatarse de la situación en que colocaron al país lógicamente se sienten amenazados por los principales afectados y procuran domesticarnos.

En cambio, las ideas del pueblo, que se desarrollan por todas partes, unas veces parecen como manifestación singular de algún malestar o problema, pero su repetición tan generalizada da visos de tratarse de posiciones de clase, de intereses confrontados con la política oficial y la del capitalismo en general.

Al adquirir este rango de ideas del pueblo, en los temas centrales y los temas cotidianos que nos afecta; hace buen tiempo que se desarrollan programas de lucha contra el neoliberalismo, contra el capitalismo, cuya trayectoria define las posiciones proletarias como eje fundamental de la pugna por el socialismo.

En estos momentos es necesario que los proletarios pongamos a discusión nuestras concepciones sobre los problemas sociales, que ampliemos nuestra consulta independiente y organizada desde los frentes de lucha y estructuras que en los combates de clase hemos venido desarrollando; porque dar paso a la conjugación de lo que es común de nuestros problemas, nos rodeará de nuevas fuerzas y alientos para las luchas contra la burguesía, ello nos puede permitir que todo el pueblo organizado y no organizado tenga claro el problema cardinal y las tareas que nos toca cumplir, es decir, para a la acción que destruya esta continuidad neocolonial que solo consigue hacernos más esclavos del capital y va reduciendo nuestras expectativas.
En este
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