No hay fuerza progresista que niegue la necesidad de la huelga general como una manera de avanzar en la organización proletaria de las masas obreras y el proletariado en su conjunto. Sin embargo, las organizaciones democráticas y revolucionarias, se encuentran en franca desventaja ante el charrismo sindical en cuanto a la fuerza organizada que se representa en comparación con la tradición corporativa oficial.
Aún con las escisiones y todo tipo de fracturas que se han dado al interno del Congreso del Trabajo y en las centrales sindicales oficiales; que han derivado en el mejor de los casos en una oposición leal al régimen capitalista.
El control ideológico y político que ejercen las organizaciones sindicales sobre la clase obrera y las masas proletarias se debe a varios factores históricos, que se traduce en una situación tal de inmovilización para la defensa de sus intereses, que el gran capital se atreve a hacer planes para el futuro sin siquiera tomar en cuenta la posibilidad de una gran resistencia obrero-popular hacia sus propósitos pro-imperialistas; tales como la reforma energética y la reforma laboral en puerta, confiando que este control que ejerce el Estado sobre los sindicatos y de los sindicatos registrados oficialmente a su vez sobre los proletarios, son suficientes como correas de contención ante cualquier brote de descontento generalizado de los trabajadores.
Si bien las organizaciones sindicales fueron concebidas desde su creación como centros de organización y defensa de los intereses de la clase trabajadora, este concepto se ha pervertido por la gran mayoría de los sindicatos, causa de varios privilegios que les significan a los líderes sindicales corruptos la dirección de tales agrupaciones sindicales, por lo que en una gran mayoría de ellas, los seudo representantes de los trabajadores se intentan mantener en las direcciones por periodos extremadamente largos, logrando extraer beneficios personales el mayor tiempo posible y poniéndose para ello a los pies de la patronal.
Esto ha significado la nula defensa de los Contratos Colectivos de Trabajo y las prestaciones por quienes conocemos como charros sindicales, los cuales están formalmente en sus manos, quienes a través de la manipulación han logrado la pérdida del poder adquisitivo y vender los derechos laborales consagrados en la Ley Federal del Trabajo, los Contratos Colectivos de Trabajo y la constitución, para regocijo de la burguesía.
A la par de esto, existen una serie de organizaciones sindicales registradas oficialmente que ante los virajes que ha dado la política nacional en los últimos tiempos, se ha venido fracturando del Partido Revolucionario Institucional (PRI), reagrupándose y reacomodándose principalmente en las filas de la oposición. Esto ha dado como resultado una serie de organizaciones sindicales afectadas por la actual política laboral reaccionaria y violatoria de la vida interna de los sindicatos, aún y cuando no se deban considerar como organizaciones que defiendan los intereses de la clase trabajadora.
Es simplemente que las direcciones de estos sindicatos de tradición corporativa, al ser afectados en sus intereses personales por este giro en la política del sistema, como en el caso de Napoleón Gómez Urrutia, hoy los ha orillado a una situación de oposición contra esta política, obligándolos a buscar nuevos aliados en el neocharrismo, principalmente de la Unión Nacional de Trabajadores, central sindical de oposición, pero donde su dirección no lucha contra un cambio de sistema social.
De esta manera en el campo laboral se vienen enfrentando varios proyectos sindicales. Por un lado el charrismo sindical con todas sus variantes que ofrece sus servicios al sistema capitalista y se desenvuelve de distinta manera según las circunstancias donde se desarrolla -desde el corporativismo sindical tradicional, el sindicalismo de “protección” o los sindicatos blancos- y por otro lado las fuerzas progresistas y revolucionarias que enarbolan un sindicalismo de clase, revolucionario que luche contra el actual régimen capitalista, buscando una mejor defensa de los intereses de la clase obrera y los trabajadores, defendiendo las actuales condiciones de trabajo establecidas en los Contratos Colectivos de Trabajo avanzados, pero también luchando por una mejoría en el nivel de vida y las condiciones de trabajo para toda la clase obrera y los trabajadores.
En esta lucha contra el capital, se vienen a cruzar en el camino con las direcciones sindicales de oposición contra el gobierno y sus medidas reaccionarias, representado principalmente por el neocharrismo. En este entrecruzamiento de proyectos sindicales distintos, pero que encuentran el común en una lucha contra una política que afecta a los sindicatos que no se alinean a los designios del Estado, pero también a los proletarios en su nivel de vida, cada cual intenta golpear a quien considera que es el enemigo principal, ya sean los efectos del sistema o contra el sistema mismo.
A pesar de todo, siendo que una de las principales causas de que hasta el momento los impulsores de un sindicalismo de clase y revolucionario no logremos revertir la situación actual, se encuentra en que precisamente el charrismo y el neocharrismo sindical, por los argumentos ya esgrimidos, son quienes controlan la mayoría de las organizaciones sindicales y por consiguiente, quienes han logrado deteriorar el nivel de vida de los trabajadores.
A pesar de ello los sindicalistas democrático-revolucionarios entonces, debemos aprovechar la disposición que por momentos existe para la movilización de parte de aquellos dirigentes opositores, así sean neocharros, cuando se ven afectados por una política excluyente, empujándolos a salir a las calles y a tomar posición respecto a los planes económicos y políticos que afectan a las amplias masas obreras y proletarias, obligándolos a hacer frente común con las organizaciones independientes del Estado, logrando con la lucha que las bases de este tipo de sindicatos y otros mas, se impongan sobre las direcciones sindicales oportunistas, como ya sucedió en los anteriores paros cívicos del año pasado.
Esto es y debe ser así, en franco reconocimiento de la poca fuerza sindical que se representamos las fuerzas revolucionarias, siendo que son y serán las organizaciones sindicales donde se encuentra organizada la mayoría de los trabajadores, así sean dirigidas por todo tipo de oportunistas, las principales protagonistas para el proceso hacia una Huelga General, no podemos darnos el lujo de renunciar a la posibilidad de utilizar esta fuerza opositora, para lograr que los trabajadores salgan a las calles y se movilicen para echar abajo los planes del régimen, tales como la derogación de la reaccionaria Ley del ISSSTE, las Reformas Laboral y Energética, que forman parte de toda una política económica y social encaminada a enriquecer a la burguesía a costa de la miseria del trabajador.