Número 259 semana del 14 al 20 de enero de 2008
Sobre la contención salarial:
Perpetuando la vida raquítica de la familia del trabajador


-Más de 5 millones de mexicanos ganan hasta un salario mínimo, más del 11% de la PEA.
-De noviembre de 2006 a la fecha la tortilla sube 168%, el salario mínimo sólo 8%.
-Salario pierde el 80% aproximadamente de su poder adquisitivo, desde implementación de políticas neoliberales a noviembre pasado.


En días pasados la Comisión Nacional de Salarios Mínimos aprobó un raquítico incremento del cuatro por ciento al salario mínimo para este 2008; esta burla a los bolsillos de los trabajadores constituye sólo un poco arriba de dos pesos. Esto en un contexto económico nacional en que el alza a los precios de la canasta básica ha sido constante.

Ese mismo día se aprobó el gasolinazo: el alza a la gasolina y el diesel; prevista dentro del marco de la reforma fiscal, pero “aplazada” para septiembre por Felipe Calderón, supuestamente para proteger la economía familiar del “ajuste de precios internacionales de diferentes productos”.

Al respecto, representantes de la Confederación Patronal de la República Mexicana han señalado que el salario mínimo sólo representa un “referente económico” y que cada vez son menos los trabajadores que lo reciben. Contrario a esto, según datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática, son más de 5 millones los mexicanos que ganan hasta un salario mínimo, más del 11 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA).

A pesar de toda la palabrería de los representantes de los burgueses en el gobierno la llamada “cuesta de enero” ya comenzó a resentirse sobre los bolsillos rotos de los trabajadores, el gasolinazo desato una nueva alza a los productos de la canasta básica.

Para dimensionar un poco estas circunstancias veamos un poco de estadística: el precio del kilogramo de la tortilla en noviembre del 2006 era de $5.6, por estos días anuncian ya un irreversible alza especulativa que contempla el precio de hasta $15.00, resultando de ello que el alza fue de 168%; mientras, considerando el salario mínimo en la Zona “A” (recordemos que están en peor situación las zonas “B” y “C”) en aquel periodo ($48.67) y el obtenido con el aumento actual (52.59), tenemos que en el mismo periodo sólo aumento un 8%.

Si revisamos otros productos de la canasta básica tendremos similares comparaciones: que su incremento esta por encima del incremento (nominal) del salario mínimo. Esto lo único que indica que de manera brutal e inhumana el salario ha perdido su poder adquisitivo; tan sólo hay que considerar que desde que se inicio el periodo de implementación del modelo imperialista neoliberal hasta noviembre del año pasado el salario había perdido en un aproximado de 80% su poder adquisitivo.

Lo anterior no deja ver que hay una diferencia abismal cuando hablamos de salario nominal (monetario) y cuando lo hacemos del salario real (poder adquisitivo), es decir, la cantidad de productos y servicios que el trabajador puede comprar con su salario nominal; mientras nos hablan de que el salario (nominal) subió, de que cada año lo hace, la inflación expresada el aumento la carencia de la vida y por lo tanto la disminución del poder adquisitivo del salario (real).

Pero, tenemos que apuntar a quiénes son a los que afecta esto: a los trabajadores que como ya vimos año con año con esa política de contención salarial vamos acortando nuestras expectativas de contar con una mínima dieta balanceada, o; a los burgueses que con el alza a los productos y servicios obtienen mayores ganancias ya que el costo de producción se mantuvo (en términos generales) intacto y su precio de venta aumento.

Incluso esta manifestación económica –la inflación- es una forma en cómo los burgueses, en contubernio con el gobierno, maximizan sus ganancias sin la necesidad de hacer la mayor inversión que la habitual; esto es, manteniendo los mismos costos de producción obtienen mayores ganancias.

Este es un viejo método burgués que en México han privilegiado sobre otros, el único problema para estos es que el alza de precios que aumenta la carestía de la vida, a su vez genera descontento popular y con ello viene la movilización popular, el movimiento obrero huelguístico y un periodo de que acaba sorteando la burguesía, sacando stocks, dando créditos, volviendo a aumentar precios, aumentando el ejército de desocupados (ejército industrial de reserva) y con ellos disminuyendo nuevamente el salario. Es el círculo vicioso de la economía capitalista en el que siempre el trabajador saca la peor parte.

Existen otras formas de disminuir el salario real, sin afectar al nominal, de manera que el trabajador no se percate aún y que éste siga apretándose el cinturón: el crecimiento de la sobrepoblación (ejército industrial de reserva), la migración, el aumento de la intensidad del trabajo, aumento de las horas de la jornada laboral, la innovación de tecnologías y métodos de organización del proceso de trabajo, etc.

Ahora, la burguesía se ha armado de diferentes instrumentos para que una vez desatado el movimiento –y mejor aún para ellos, desde antes- poder controlarlo, menguarlo, reprimirlo, disolverlo. En primer lugar tenemos que ha creado instituciones para regular los conflictos y problemas laborales, instituciones que supuestamente tienen una rectoría tripartita; o sea, representantes de los trabajadores, representantes de los burgueses y el Estado como “arbitro”.

Todos sabemos que estas instituciones nunca defienden los intereses de los trabajadores, que realmente las tres partes son representantes de los intereses burgueses: las confederaciones burguesas; el Estado, burgués, los sindicatos charros y corporativizados, proburgueses.

Los sindicatos, en sí, son un instrumento para la defensa de los intereses reivindicativos y económicos de los trabajadores. En la actualidad la burguesía viene desarrollando un control sistemático sobre estos, además que sobre algunos de los sindicatos “no charros” ejercen una gran influencia ideológica que no permite salir de la dinámica del círculo vicioso, expuesta arriba, que al fin de cuentas conviene en última instancia a la burguesía, así condenando a este sindicalismo al obrerismo, al economicismo, al gremialismo y al oportunismo.

Asimismo, se ha dotado la burguesía de prácticas más agresivas como: el sindicalismo patronal, los contratos de protección, la tercerización, métodos flexibles de control del proceso de trabajo, etc., que ha precarizado la vida de los trabajadores hasta el grado de llevar a grandes proporciones de masas a la pauperización.

Las barreras para los trabajadores son muchas, variadas y reforzadas, el primer paso tendrá que ser rehacerse de su instrumento natural para la defensa de sus intereses económicos, sacudirse el control burgués, a todos sus esbirros y escoria, organizando a la vez a la conciencia independiente de clase.

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