Entre las condiciones objetivas materiales como la profundización de la explotación y depauperación capitalista sobre la clase obrera y las amplias masas populares, que se expresan entre otras cosas como la reducción de las condiciones de vida y de trabajo. Allí brota ese estado de tensión y rebeldía permanente como “energía latente” y terreno fértil para sembrar la semilla de la revolución proletaria.
¿O no es el capital y los capitalistas quienes crecen y nos aplastan con los miserables salarios y creciente aumento a los precios de las mercancías de consumo popular? El capital y los capitalistas quienes nos aplastan con todas y cada una de las contrarreformas estructurales aprobadas legalmente, formalmente o de facto por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Son ellos quienes provocan la miseria con su TLCAN, su gasolinazo, sus impuestos y toda su Ley de ingresos y su presupuesto de egresos.
Los resultados que arroja el modo de producción capitalista están propiciando que en nuestro país estén surgiendo importantes iniciativas de organización para enfrentar estas secuelas, el frente nacional contra la represión, el diálogo nacional, el consejo nacional de huelga entre otros representan una base para desarrollar no solo las resistencias, también son una base para amplificar las dimensiones de la organización de los proletarios y las masas populares.
Las necesidades de organización para enfrentar al régimen en el último periodo nos permiten destacar una serie de tareas orientadas a mejorar el nivel de la lucha.
Estos espacios de organización surgidos de enfrentamientos concretos, como las reformas estructurales, presentan un desenvolvimiento que con el paso de los momentos de algidez tienden a la distención de sus fuerzas. Las jornadas de lucha alcanzadas por diversos sectores hoy pueden regenerar su energía si logran reagrupar y organizar a las fuerzas que se rezagaron de la movilización; para ello es indispensable apuntar en la agenda del movimiento el combate a la dispersión y diseñar nuevos mecanismos de organización y conexión entre las organizaciones del movimiento popular a nivel nacional.
Se tiene una importante experiencia acumulada de este tipo de jornadas de organización: las caravanas que recorrieron el país para enfrentar la embestida contra los energéticos y la concentración de esfuerzos en el Frente nacional Contra la Represión son aprendizajes del movimiento que aún tienen frescura y validez.
Hoy la coyuntura que abre la lucha contra el TLC llama a repensar los mecanismos de organización a nivel nacional, estado por estado, municipio por municipio, el aspecto de organización territorial es un marco en que se pueden reagrupar fuerzas tendientes a golpear al enemigo común, existen aquí bases que ya tienen avanzados procesos locales y regionales.
Los logros que esta perspectiva consiga sirven también para fomentar un proceso que ataque el desfallecimiento de las masas no organizadas, pues si bien actualmente hay propensión a movilizarse causada por las lacerantes condiciones de vida actuales, si esta iniciativas no consiguen asirse a un ambiente que las empuje y eleve en sus aspiraciones emancipadoras, las propias condiciones de desesperación y miseria pueden actuar en contra encerrándolas a la búsqueda de mecanismos de supervivencia que las nuevas condiciones les exigen.
Los comunistas y revolucionarios que estamos trabajando en la idea del frente único consideramos importante esparcir estos criterios en los principales referentes unitarios del país y fortalecer esta tendencia al agrupamiento amplio de los sectores en lucha, hermanarlos en consignas concretas que vayan acercando estos procesos.
Creemos importante atender los nuevos elementos que están agrupando a distintos sectores sintetizados en: 1) la lucha contra la represión, 2) la resistencia a las reformas estructurales y por el mejoramiento del salario de los trabajadores, 3) las movilizaciones contra la carestía de la vida, 4) las exigencias de protección al campo y contra el tratado de libre comercio y 5) los diferentes sectores y grupos que están luchando por el respeto a las libertades democrática y políticas en sindicatos y por el reconocimiento de representantes legítimos de las bases.
Este tiene que ser nuestro comportamiento como comunistas marxista-leninistas en las batallas de este enero y 2008: alentar al proletariado y el pueblo a la organización revolucionaria, a la lucha por la revolución y el socialismo, a la socialización de los medios de producción y de vida (riqueza social) a través de la dictadura del proletariado y de un gobierno de obreros y campesinos pobres.
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