Cada vez son más las voces que en todo el mundo, apuntan a la industria farmacéutica como la culpable de muchas muertes injustificadas y como principales sospechosos de provocar para su beneficio los actuales conflictos armados en el mundo. La industria farmacéutica está guiada como cualquier otra industria por la obtención de ganancias, además se asumen como proveedores de productos para la salud.
El ámbito de mercado de la industria farmacéutica es el cuerpo humano, y el rendimiento del capital invertido depende de la continuación y expansión de las enfermedades. Sus beneficios dependen de la patentabilidad de los medicamentos, lo que convierte esta industria en una de las más rentables del planeta. Por lo que la prevención y la erradicación de las enfermedades disminuyen sus ganancias y por lo tanto se oponen a ello mediante diferentes estrategias, se oponen a todos los recursos naturales para el mantenimiento de la salud, que no sean patentables y no les genere ganancias, por el contrario, han generado un ambiente de poder en los sistemas sanitarios de la mayor parte de los países del mundo, para que estos, dependan de la promoción de sus productos.
Desde el año 2003, existe la denuncia ante la Corte Penal Internacional (CPI) contra la industria farmacéutica por los crímenes graves cometidos contra la humanidad. Los acusados son responsables de haber causado un daño grave o la muerte a millones de personas a través del "negocio con las enfermedades" y crímenes de guerra.
A lo largo del siglo XX, la industria farmacéutica se desarrolló y organizó con el objetivo de controlar los sistemas sanitarios de todo el mundo mediante la sustitución sistemática de terapias naturales no patentables por sustancias sintéticas patentables y, por tanto, lucrativas.
Quién encabezo esta iniciativa fue el Grupo Rockefeller, (hoy Exxon) que para inició del siglo XX controlaba más del 90% de la industria petroquímica en los Estados Unidos y estaba buscando nuevas oportunidades de inversión a escala internacional. Otro grupo de inversión activo en este sector se formó en torno al grupo financiero Rothschild. El segundo conglomerado de empresas farmacéuticas y petroquímicas más grande del mundo durante la primera mitad del siglo XX, fue del grupo IG Farben con sede en Alemania, quién participo en el ascenso al poder de Hitler y tuvo su empresa matriz en Auschwitz.
Medio siglo después, el papel de la industria farmacéutica no ha cambiado mucho. Ésta se convirtió en el único gran apoyo empresarial a la elección de George Bush, con el fin de ejercer una influencia directa sobre el centro político y militar más poderoso del mundo. Una influencia similar ejerció el grupo Rothschild sobre el gobierno de Tony Blair en Gran Bretaña.
A diferencia de hace 50 años, hoy la industria farmacéutica esta ampliamente cuestionada, por la responsabilidad que han tenido muchos de sus productos por los “efectos colaterales” que sus productos ha tenido sobre la salud en muchos seres humanos. Por el gran conflicto que ha producido el hecho que la defensa de sus patentes hace que una gran cantidad de medicamentos estén fuera del alcance de millones de personas que mueren en forma prematura. Por la vinculación de la industria farmacéutica con otras industrias como la de agroquímicos que claramente ha atentado contra la salud humana y el medio ambiente. Las dos naciones líderes en la exportación de productos farmacéuticos, son los Estados Unidos de América y Gran Bretaña.
La industria del miedo, produce sin duda grandes ganancias, y para ello basta un ejemplo: La fiebre aviar ha producido en 9 años, tan sólo 100 muertes humanas lo cual no tiene valor epidemiológico, el virus que produce esta enfermedad fue descrito en Vietnam. El medicamento TAMIFLU, propuesto por el Laboratorio ROCHE para su cura, pero aún no validado en forma contundente, ha producido un aumento en sus las ventas de 254 millones de dólares en 2004, a más de 1000 millones en el 2005. De continuar la campaña de miedo en torno a la fiebre aviar cuánto más podrá ganar ROCHE, los intereses imperialistas están obteniendo ganancias de la comercialización de un medicamento contra una epidemia que aún no se ha producido.
Hasta ahora la industria farmacéutica ha gastado millones