-La oligarquía está destruyendo las últimas conquistas de los trabajadores.
-Objetivamente la lucha de clases está impulsando estas luchas.
Sectores de la oligarquía financiera y de la burguesía agraria, están alertas sobre las crecientes y organizadas reacciones que están teniendo los sectores más empobrecidos del campo, ante la entrada al país de mercancías agrícolas provenientes de EU y Canadá, como el maíz y el fríjol.
Después de que a lo largo de14 años, de los acuerdos generales del Tratado de Libre Comercio -firmados por la oligarquía que encabezaba Salinas de Gortari, en el 1994- las condiciones para que este se aplicara sin ninguna dificultad en el campo no parecen estar muy consolidadas. Ello puede desencadenar una situación de crisis económica y política, incontrolable que abrirá más la brecha entre la legitimación de las políticas neoliberales del régimen sobre todo las que hoy encabeza Felipe Calderón, que no gozan de buen consenso en la población después de su llegada mediante el cuantioso y descarado fraude electoral.
La Cámara de Diputados de México y la de Senadores, han planteado no sólo los riesgos de la aplicación en estos momentos del TLC, sino la necesidad de crear mejores condiciones para llevarlo a acabo, en un tiempo más adelante. Lo plantean porque cada cual tiene el propósito de desentenderse de la responsabilidad, además que representa un polvorín; ya que los miserables subsidios entregados a los campesinos pobres, no alcanzan para hacerle competencia, a los subsidios que reciben los de Estado Unidos y Canadá en el campo. Es evidente que las condiciones económicas y sociales que hay en México con respecto a EU y Canadá, no sólo no son las más favorables, sino que constituyen una abierta y total subordinación y entrega de los recursos del campo a los grandes monopolios de esos dos países.
Se está creando la falsa cultura de la integración, que no es más que la nueva colonización sobre el país, generada por los grandes monopolios del capital imperialista, que encuentran identidad de intereses con los monopolios nacionales que están dispuestos a repartirse, los recursos naturales, la tierra y la vivienda campesina mexicana que los yanquis compran a precios irrisorios, y las fuerzas productivas a explotar de nuestro país y otras naciones.
En los últimos catorce años en nuestro país, sobre todo en el último y presente sexenio, de la “Transición a la democracia” con Fox y Fecal, el retiro de los subsidios gubernamentales, la apertura de las fronteras y la importación de alimentos han provocado la reducción de la población campesina en un 25%, la que emigra hacia nuestras ciudades y a Estados Unidos, país donde concentramos el mayor número dentro de la población hispana. Este último se incrementará a razón del 10 % para éste año según los pronósticos, a pesar los muros fronterizos que construyan, para intentar detenerlos y por supuesto elevará los niveles de esclavización que hay sobre la población migrante.
La población rural que enfrentará la apertura agropecuaria del TLCAN, es infantil, femenina, y anciana, resultado de la grave migración. Según las expectativas de los monopolios, será fuerza productiva propicia, para sobreexplotarla y esclavizarla. La agroindustria será una fuerza feroz del capital, capaz de atrapar todas las capacidades productivas de los campesinos, convertidos en peones de su tierra y de los monopolios.
La desorganización productiva y política de los campesinos pobres, permitirá ventajosamente que los monopolios de la tierra y la producción, absorban su debilidad individual de productor y su fragilidad asociativa. Las unidades productivas como las cooperativas agrícolas en el campo, no representan una fuerza capaz de vencer la rapacidad del imperialismo y sus lacayos los gobiernos en turno. Y más bien la propiedad ejidal como comunal de la tierra, destinada a desaparecer desde la firma del TLCAN, en 1994, y las reformas al artículo 27 de la Constitución; serán aceleradas con la desaparición de apoyos crediticios; con la implantación de proyectos productivos, cuyo financiamiento, ate al campesino pobre y medio reforzando la dependencia en la materia prima y la tecnología de las agroindustrias alimentarias y genere la desaparición de las semillas naturales, también la cultura ancestral del cultivo de maíz y el fríjol, por los transgénicos.
De ésta forma, las relaciones entre el Estado y los campesinos, donde a los campesinos se les ha estado tratando de empresarios, refuerza la ideología pequeñoburguesa de los campesinos de la “próspera” propiedad privada, que los alejará de su condición de miseria. Y que no dependerá del estado para generar su porvenir, sino de sus propios medios, en asociación con otros. Esto provocará la baja en la producción o la desaparición de ese escenario, de muchos campesinos que venderán su propiedad a los buitres de la tierra. En esta labor entra la burguesía, a través de fundaciones u ONG´S de sectores de la pequeñaburguesía, que buscan suplantar la lucha de las organizaciones campesinas, convirtiendo sus movimientos en grupos de gestión rural, “para el desarrollo integral de la familias campesinas de bajos ingresos.”
El control de los pueblos y las naciones pasa por el control de producción y distribución la alimentación, y en el TLC, esto pasó desapercibido. En nuestro país la dependencia alimentaria ya casi alcanza el 50% de ésta, con respecto a EU. Esta “integración alimentaria” ha estado modificando los patrones de alimentación de la población y de producción. La cual será la de una neocolonia que requiere solo calorías para su explotación.
México a través de sus gobernantes en turno ha sido punta de lanza de los imperialistas, para desarrollar el libre comercio imperialista en toda América, en un peón con libertad de movimiento en establecer Tratados con otros países, para ir afianzando la “integración” económica y política que redunde en el fortalecimiento de la política estadounidense.
El movimiento campesino debe articularse en un fuerte movimiento que rechace el Tratado y despliegue la amplia movilización a fin de frenarlo y echarlo abajo como ya lo están intentando algunos países, como Uruguay, Ecuador. Por lo que la ruta de la huela general sigue siendo una tarea pendiente que debemos seguir construyendo, en la etapa inmediata contando ahora con el papel importante de los campesinos pobres. Tenemos que tejer un movimiento también a nivel internacional construyendo un frente común antiimperialista y antifascista que agrupe a las demás naciones que están bajo la férula de los tratados del imperialismo.