Número 258 semana del 07 al 13 de enero de 2008
Reforma laboral silenciosa
Avanza la reglamentación de la flexibilización
y la precariedad laboral


-La STPS impulsa una iniciativa de reforma laboral que será una de las primeras que se discutirá en la Cámara Legislativa en este mes.

-Implica la flexibilización del trabajo y con ella su precarización y sobreexplotación; volver atrás las conquistas de los trabajadores.


Al igual que en el sector energético nacional, el gobierno de los panistas y los empresarios han ido avanzando silenciosamente en la imposición de su proyecto laboral. Escuchamos por todos lados los cambios en las relaciones laborales.

Jornadas de 12 horas, capacitación impuestas por el patrón y pagada por los trabajadores, contratos eventuales que se renuevan periódicamente sin alcanzar nunca la base, cambios de días de descanso y de turno de un día a otro, desconocimiento de huelgas por la petición de firma de contratos colectivos, despidos masivos y recontrataciones por honorarios y sin prestaciones, entre otros.

Estas transgresiones a la legislación laboral actual, no son una casualidad, son la imposición, en la práctica, de lo más ofensivo de las 53 propuestas presentadas al Congreso de la Unión de 1995 a diciembre de 2002.

Al igual que en la materia laboral y del sector energético, las reformas y las privatizaciones avanzan por mecanismos silenciosos como la modificación a un bis, o a un término. Si revisamos el Diario Oficial de la Federación, veremos las decenas de modificaciones que se han hecho desde 1982 al respecto en reglamentos, leyes, etc. En el sector energético hemos visto las concesiones para trabajar con “capital mixto” en nuevas infraestructuras como el Proyecto Fénix o cientos de plantas generadoras de electricidad a lo largo del país o los permisos a industriales de producir la energía de autoconsumo.

Para la burguesía nunca ha sido un impedimento la ley. Al fin y al cabo la ley protege el derecho a la propiedad privada. La clase empresarial cuenta con “mil y un mecanismos” para “regular” sus practicas evadiendo impuestos, restricciones, deberes y obligaciones, así como con todo un personal “calificado” para desarrollar dichas maniobras que veremos más adelante.

Pero esas violaciones a las leyes, nos dan cuenta de practicas, no reguladas, cada vez más frecuentes en el mundo laboral y que obedecen a los cambios en la producción y sus subsecuentes cambios en las relaciones laborales, esto es, el cambio de un modelo de producción capitalista a otro modelo de producción (también capitalista), y que reitero es un cambio en la forma de producción, más no en la esencia. Una forma de producción más ágil para los fines capitalistas, más flexible para sus propósitos. Se trata, pues, de la flexibilización del trabajo, que es una realidad hoy.

Entonces, las propuestas de reformar la legislación laboral actual, son medidas para regular las actuales relaciones laborales, la nueva forma que adquiere la contradicción capital-trabajo asalariada. De esto podemos concluir que la “reforma laboral” es un instrumento para legitimar y darle mayor ímpetu a la flexibilización laboral que es ya una realidad, también para llevarla su realización en los sectores y empresas donde ha habido impedimentos y “trabas” –sindicatos, contratos colectivos, etc.-, y así entregar de la manera más servil una fuerza de trabajo flexiblemente explotable y condiciones legales óptimas para explotarla.

Las propuestas de modificaciones a la ley laboral estatuida responden a la necesidad de los sectores oligárquicos de la economía nacional e internacional de legalizar e impulsar con mayor ímpetu las relaciones entre el trabajo asalariado y el capital monopolista que se desarrollan en la práctica, y que les aseguran una mayor acumulación de capital y una mayor maximización de sus ganancias.

Las propuestas de modificación laboral van desde una simple clausula de un artículo de la Ley Federal del Trabajo, hasta su modificación integral y del Artículo 123 Constitucional. De las 53 propuestas resaltan dos, que son integrales y representan dos grandes tendencias. Por una parte, la propuesta de Abascal que recoge los mayores lineamientos presentados por la Organización Internacional del Trabajo, por el Consejo Coordinador Empresarial y por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, se desataca que los sectores más reaccionarios fueron los que le dieron impulso a esta propuesta.

Por otro lado, la propuesta Partido de la Revolución Democrática-Unión Nacional de los Trabajadores que representa a la oposición institucional, por una parte la socialdemocracia y por el otro lado el “sindicalismo independiente” aunque con rezagos del corporativismo y del charrismo sindical.

La legislación laboral actual establece que la duración máxima de la jornada de trabajo diurna es de ocho horas, de siete la nocturna y siete horas y media la mixta. (Art. 61) Por su parte la Ley Abascal propone la flexibilización de la jornada laboral. La jornada diaria será aumentada o disminuida al antojo de los patrones y prácticamente desaparecerá el pago del tiempo extra. Los días de descanso y vacaciones serán determinados también por los patrones. Todo nuestro tiempo y en consecuencia nuestra vida, estará a entera disposición del patrón.

Uno de los mayores golpes producidos por las nuevas formas de explotación del trabajo es precisamente el desatado al Contrato Colectivo de Trabajo, que como ya vimos es la piedra angular de la defensa de los derechos e intereses del trabajo ante el capital. Esta propuesta favorece la contratación flexible: Desaparecerán los empleos estables (con base), así como la contratación colectiva, pues los patrones siempre tendrán la posibilidad de realizar contrataciones individuales provisionales, de “temporada” y “a prueba”. Lo cual permitirá despojarnos de los derechos que se tienen a partir de los empleos de base, como vacaciones pagadas, servicios de salud, aguinaldo, pensión y créditos para vivienda. Esto también traerá la destrucción de los sindicatos y los trabajadores quedaremos prácticamente indefensos ante los patrones.

Este proyecto, es sin duda, el proyecto de un gobierno servil (en consonancia con el sindicalismo charro aglutinado en el Congreso del Trabajo y que ya avalo plenamente la propuesta) a los intereses de la oligarquía financiera nacional e internacional. Y en una manera descarada implica la flexibilización del trabajo y con ella su precarización y sobreexplotación, volver atrás las conquistas de los trabajadores y las propias componendas que le había otorgado la burguesía al movimiento obrero organizado a principios del siglo XX.

Actualmente, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) impulsa una iniciativa de reforma laboral que será una de las primeras que se discutirá en la Cámara Legislativa en este mes; a este proyecto la STPS bautizó como “iniciativa de los sectores”, aunque como de costumbre nunca fueron consultadas las organizaciones sindicales democráticas y mucho menos a los trabajadores de las centrales charras.

Tal propuesta es una copia –reforzada- de la reforma Abascal y su implementación será un albazo por el mayoriteo del PAN-PRI y a espalda de los trabajadores. Por su parte, charros y neocharros están preocupados por perder sus componendas y dicen que no se necesita otra reforma, sino sólo modificaciones a la actual legislación laboral, pero eso sí, anteponiendo los intereses patronales a los de los trabajadores pues hablan de que dichas modificaciones ayuden a la competitividad y a la productividad.

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