-La oligarquía está destruyendo las últimas conquistas de los trabajadores.
-Objetivamente la lucha de clases está impulsando estas luchas.
Las consecuencias por la aplicación de las políticas neoliberales en México profundizarán la crisis social en el presente periodo. Se conjuntan para el régimen capitalista diversos problemas que anteriormente se tenían en reserva, o mediante aplicaciones silenciosas, estamos presenciando una alineación de conflictos tanto económicos como políticos que, para la lucha de clases, representan elementos que empujan un mayor encono.
Los proyectos de dominación económica como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), este año alcanzarán una de sus cúspides, se trata de la apertura de las fronteras a los artículos agrícolas provenientes de Estados Unidos y Canadá, las anteriores condiciones de intercambio de estos productos ya arrojaron como resultado la bancarrota de los pequeños y medianos productores agrícolas, el despoblamiento del campo a causa de la migración, (en Estados Unidos ya residen 29 millones de mexicanos, 19 millones de ellos nacidos allá) y una desaparición paulatina de la propiedad ejidal que fue un logro de la lucha revolucionaria de los campesinos.
Las protestas apenas inauguradas el primero de enero surgieron en los puentes fronterizos, este nuevo elemento, que si bien ya se manifestaba, ahora tiene un escenario que tiende a la generalización de las movilizaciones campesinas. Considerando los acontecimientos del pasado año es claro que no serán las únicas en el país.
La decisión con que la oligarquía está destruyendo las últimas conquistas de los trabajadores se mostró con la aplicación de la reforma a la ley del ISSSTE, el régimen logro doblegar a los trabajadores del estado, sin embargo estos últimos sin asumir una posición derrotista y por diversos frentes están continuando una labor de organización, primero en el marco legal acompañando su resistencia con millones de solicitudes de amparo a la nueva ley, unidas también con la movilización en las calles y el despliegue de una táctica unitaria ,tanto en el Dialogo Nacional como en el Consejo Nacional de Huelga. En la lucha de los burócratas una participación destacable y combativa la tienen los maestros organizados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, en esta la sección XXII viene de un proceso de sublevación popular junto a la APPO.
Con todo y estas movilizaciones la oligarquía y su presidente anuncian para este año finiquitar la reforma energética, intención que también provocará la incorporación a la lucha a uno de los sectores estratégicos de la clase obrera mexicana, los petroleros y electricistas. Este sector representa la fuerza productiva generadora de la energía que mueve al país, y en el caso del SME en el pasado periodo representó una fuerza aglutinadora del movimiento de masas en el centro del país y en sus filas aún están presentes las caravanas que recorrieron el país promoviendo la resistencia contra la privatización energética.
Quien también se suma a este escenario lucha popular es el movimiento indígena que tiene un importante referente en los esfuerzos que promueve el EZLN, este último enfrenta un preocupante acoso militar y paramilitar que es continuación de la ruta represiva del Gobierno de Calderón y continuación del proceso de fascistización comenzado con Vicente Fox.
En las calles también se manifiesta el FNCR, un espacio que agrupa a numerosas organizaciones afectadas por la represión estatal a lo largo del país, muchas de ellas también participan en otros referentes de organización como las que mencionamos, esto representa una conexión múltiple entre estos espacios.
A grandes rasgos enumeramos a sectores sociales que mantienen en cierta medida algún grado de organización, pero la política calderonista destaca con el gasolinazo una escalada de aumento de precios que se perfila iniciar con el aumento a los transportes urbanos en distintos estados, con ello se amplifica exponencialmente a la población susceptible a la protesta.
No se trata de un cuadro catastrófico, objetivamente la lucha de clases está impulsando estas luchas, sin embargo y a pesar de su amplitud no se deriva de manera lógica una sublevación popular, esta es fruto de la labor consiente y de una ardua labor de organización, se presentan dificultades serias a las cuales afrontar, el control charril de sindicatos afines al régimen, la opción socialdemócrata de velar la lucha de las masas a cambio de opciones oportunistas de conciliación de clases y la posibilidad que el sectarismo siga menguando los acercamientos en torno a la idea del frente único de los explotados y oprimidos.
Para las expresiones proletarias en dos trincheras se despliegan las tareas de la acumulación revolucionaria de fuerzas, una en el seno del movimiento de masas por cuidar la unidad y las acciones que favorezcan la ruptura con el régimen y el entrelazamiento de programas más allá de las reivindicaciones económicas o nacionalista, y por otro, la confrontación de manera directa con las fuerzas y la política del régimen.
En esta última la militarización del país, la criminalización del movimiento popular y la represión directa son los ejes en que el régimen capitalista ha encarrilado su locomotora, esta dificultad es una de las más complejas por sortear, pero retomando la propia lucha de nuestro pueblo y las posibilidades del combate de los trabajadores se puede poner en la picota al gobierno calderonista. Pues éste, con todo y sus desplantes fascistiodes, en realidad no ha afrontado hasta hoy un movimiento de masas de la envergadura de Atenco, la Parota o la subversión oaxaqueña, su arraigo en la población es nulo y si los revolucionarios y progresistas conseguimos afianzar la táctica de frente único el régimen tendrá que enfrentar a los trabajadores.