Número 258 semana del 07 al 13 de enero de 2008
NuestroMovimiento
Sistemas de equilibrio y represión neoliberales
A todas trazas la burguesía está desesperada por desatar la ofensiva económica sobre los trabajadores del país, sabe que el tiempo avanza desfavoreciéndole día por día, y de no imponerse en éste momento, más adelante será demasiado tarde dada la evolución de la lucha de clases. Pero las cosas no son fáciles, antes tiene que sortear varios obstáculos y crearse la cobertura apropiada a efecto de que sus prerrogativas no aparezcan en toda su dimensión anti-popular y anti-democrática.

El año pasado pudo hacer correr a la par sus posiciones económicas de las militares, con lo que destacó la política del terror y la distracción para paralizar el potencial descontento popular, a su vez jugó varias cartas de negociación con los partidos políticos regalándoles concesiones a sus ambiciosos lugartenientes, a precio de hacer pasar una tras otra sus reformas. En estos momentos, aún empleando esta misma política, en su conjunto resulta insuficiente, no tanto por la amenaza de algún movimiento visible, sino por la perspectiva de conjurar grandes fuerzas populares en su contra que actualmente proyectan una perspectiva de movilización inmediata.

La disposición de las fuerzas del frente burgués es la siguiente:

a) Se pone en marcha un sistema rígido en el gobierno federal al igual que en la mayoría de los gobiernos estatales, que consiste en impedir por todos los medios que se desate la movilización popular, para ello están estableciendo puestos de control policiaco-militar en el campo y las ciudades, dejan de haber concesiones a las movilizaciones populares estatales y locales en el marco de la tradicional austeridad, aunque en éste asunto como se puede ver, la corrupción rampante demuestre lo contrario. La intención es que las masas populares se vean desalentadas de la lucha independiente y sean integradas a la espera pasiva de que alguno de los programas sociales fracasados en estos años lancen nuevas promesas.

b) Opera un sistema flexible preferencial hacia las organizaciones corporativizadas de mayor calibre, en aras de que otros sectores sociales (las más amplias mayorías no organizadas del país), puedan ser captadas en la periferia de aquellas fuerzas oportunistas, charras o reformistas. Mismas a las que puede verse que sus beneficios solo redundan en la fortaleza de unos cuantos burócratas de un aparato en especial sindical que poco tiene que ofrecernos a los más de éste país.

c) El sistema de equilibrios sigue su curso pero de una manera en que ni siquiera las grandes organizaciones capitalistas se libran a la denominada tendencia derechista en la que pierden presencia, influencia y capacidad de maniobra, las alas reformistas. Especialmente en el parlamento podemos ver que la supuesta equidad y el llamado equilibrio político apuntan a favorecer las posiciones de la oligarquía financiera en los diversos aspectos como la reforma electoral y las presiones de los grandes monopolios y el imperialismo.

d) Los sistemas de control en el orden público siguen su curso, comienza el año sin que termine de desarrollarse en su máxima expresión el nuevo rol de policías y ejército, cuando ya se remarca la vigilancia sobre los trabajadores, bajo supuestas razones de seguridad nacional. Vuelve a impulsarse los mecanismos juristas y otros más contra la movilización de masas a fin de recortar las leyes que garantizan la protesta popular.

e) Los sistemas de mediatización del régimen y los medios monopólicos continúan trabajando por la enajenación de las mayorías, refuerzan sus oficios de la mano del interés de lucro para poner cadenas ideológicas, en especial a aquellos sectores que han estado al margen de la lucha general y del desarrollo del movimiento organizado, pero que en particular vienen demostrando sus anhelos de cambio con débiles reclamos (muchas veces hasta clamando por el oficialismo) que más adelante pueden encender el fuego nacional.

f) Sigue su curso el mecanismo de la disuasión de la lucha bajo la política oficial consistente en hablar con exclusividad de tres falsedades: 1.- su afinidad con el pueblo, 2.- que sus acciones benefician a los pobres, 3.- que los actos del régimen son democráticos. A pesar de tanta difusión de éstos falsos supuestos, las acciones fundamentales de la burguesía no dejan de estar organizadas contra el trabajador, además, por encima de cualquier acto que pudiera implicar algún consenso social o cosa que se le parezca.

El régimen calderonista supone que así su posición ha de pasar por universal, es decir, por encima del interés de alguna clase social en particular, y no pierde oportunidad en subrayarlo, a pesar de todo, lo oligárquico de sus tendencias, lo pro-imperialista de sus acciones brota por todas partes, apareciendo un México polarizado por grandes diferencias sociales, instrumento de los monopolios y unos cuantos magnates.

El movimiento de masas no deja de avanzar, su marcha evoluciona a una perspectiva de sistema organizado bajo la idea fundamental de frente único y alianza de las clases oprimidas. Ello marca un nuevo proceso en la acumulación revolucionaria de fuerzas en el que por encima de diferencias y problemas entre los trabajadores, sin que esté a la vista proceso electoral alguno que encubra o desarticule las tareas; nos enfrentamos a jornadas de lucha político-económica por labrar una amplia organización de la lucha de clases del proletariado en una trascendencia revolucionaria, al lado de los campesinos pobres, magisterio, estudiantes, colonos.

Entramos a la lucha amplias fuerzas que por todas partes del país tenemos inmensas tareas claro está, pero que debemos soportar la carga de los mecanismos y sistemas con que la burguesía pretende acallarnos reservándonos nuevas dosis de neocolonialismo y explotación.

El momento preciso depara al movimiento revolucionario ordenar sus filas, organizarse sobre la marcha, expresar sus ideales, entregar al trabajador los secretos del sistema capitalista, ayudar a su educación política tantas veces negada por el charrismo sindical y el oportunismo, hacer unidad, enfrentar nuestras propias limitaciones en el marco de que la clase proletaria busca una sociedad definitivamente diferente a la hoy existente.

La oligarquía financiera se ve ante la incapacidad para controlar la cantidad creciente de problemas, no porque no pueda tomar ni esté tomando medidas para salir bien librada de éstos, sino ante la evidente movilización de masas. Esta complicación solo se hará evidente y permitirá arribar a un proceso pre-revolucionario si la lucha popular adquiere una dimensión superior a las acciones de los últimos años tanto por su expansión como por el grado de alianza popular y proletaria que se consolide.
En este
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