Número 257 semana del 10 al 16 de diciembre de 2007
NuestroMovimiento
La estrategia de dominación
y la realidad social
Según la burguesía no hay qué pensar ni luchar, todo es esperar a que los resultados de la acción oligárquica maduren y transformen nuestra miseria en abundancia.
L
a estrategia general burguesa en busca de la afirmación de su mando, recurre a los consabidos cambios de procedimiento. Éstos eran de esperarse, proceden de su situación política crítica, de los límites en su estructura económica y debido al agotamiento de los medios tradicionales de mantener el status. Con ello se deparan sorpresas al movimiento de masas, pues aún cuando se sostiene la ofensiva contra éste, la burguesía maniobra con nuevos medios.

La apuesta burguesa consiste en aparentar que todo marcha estupendamente, que se concede satisfacción a las demandas populares sin alterar todo el esquema de dominación. De esta manera, se desarrollan nuevas condiciones hacia un escenario apropiado a la voraz explotación.

Según esto, no hay porqué pensar ni luchar, todo es esperar a que los resultados de la acción oligárquica maduren y transformen nuestra miseria en abundancia, de lo cual ya hemos oído bastante, en miles de casos como aquel en el que recientemente se aseguraba importantes éxitos en materia de educación y que hoy quedan desmentidos con el agregado de las causas profundas son las que ocasiona el capitalismo con la ruina de la población.

Pero, he ahí que se nos insiste en que por fin comienza a verse logros en diversos campos de la sociedad como la democratización de las instituciones estatales, la transparencia del Instituto Federal Electoral, la economía, el fin del terrorismo de Estado y el consecuente respeto a los derechos humanos, o la preocupación de los charros sindicales por los problemas del trabajador.

Bien puede verse las limitaciones y ridiculeces de las declaraciones oficiales, que intentan descartar la influencia decisiva de los obstáculos económicos y políticos del dominio monopólico. El caso es que, aún cuando se operan cambios en el sistema, en el orden de jerarquía financiera e imperialista, todo marcha para empeorar. Bastan dos ejemplos, el primero, recién apenas el movimiento popular hizo “rectificar” al Estado en relación con el proyecto La Parota, la política burguesa vuelve al mismo sendero que le impone su sed de ganancias a toda costa; el segundo, la forma en que el régimen simuló desmantelar el monopolio de las televisoras y su final feliz de concesión total a los reclamos de éstas.

Ahí donde se acusan progresos contra las formas brutales de dominación, sólo se consolidan los mecanismos más velados del control político de los capitalistas. Para completar el cuadro, ahí donde las cosas se mantienen igual en todo caso, la situación agrava los problemas sociales de la clase proletaria y sectores populares, simplemente porque el llamado dinamismo capitalista entraña la desmejora de las condiciones de vida y la escalada opresiva. En este proceso de cambios bajo el interés del capital, se refleja ampliamente el contenido de la actual política burguesa de manipular nuestras consciencias y hacer pasar tal interés como admisible a todas las clases sociales.

En este año de descomposición del régimen de los monopolios, los revolucionarios avanzamos en medio de éstas asonadas en la búsqueda de una base social, sin concesión alguna para las mayorías; vamos comprendiendo mejor las consecuencias de la política de la clase dominante, sus desatinos, los intereses ocultos y su irrenunciable perspectiva de explotación.

Los políticos de la burguesía en ésta línea crean diversas artimañas o se enredan con el trasfondo de las cosas y la situación actual, pero de cualquier forma se concentran en que nuestro movimiento sea contenido y la acción de masas transcurra en el refuerzo de una u otras de sus tantas posiciones en el marco de la operatividad del sistema, es decir, según los intereses de unos u otros grupos monopólicos, capas burguesas y sus operadores políticos.

El arduo esfuerzo de la lucha popular, centralmente la acción del proletariado consciente deben desbaratar los enredos y fundamentos del pensamiento burgués. Hoy afrontamos las tareas socialistas de enfocar los problemas actuales para el desarrollo del movimiento de masas, ésta es una de las cuestiones más importantes en la perspectiva revolucionaria de la lucha de clases que protagoniza la clase obrera aliada a las diversas capas populares en la ciudad y el campo.

La política burguesa demuestra estar plenamente supeditada a los diversos bloques económicos y sus grupos de poder político, estatales y partidistas, cualquier declaración, sea cual sea el tema en disputa, sus diversas posiciones inmediatamente oscilan entre la defensa y el ataque mutuos y contra el trabajador, procesan juicios en la conquista de la preponderancia sobre los demás, espiral que en lugar de detenerse se agudiza entrelazada con los graves problemas materiales que atraviesa el país.

No hay por qué compartir o hacerle la comparsa a las ínfulas del dinamismo capitalista que previsiblemente no tiene perspectivas ante los obstáculos del capitalismo neocolonial que vive México, no hay por qué detenerse en el proceso del movimiento, antes al contrario, la propuesta del frente único, de la alianza de clase destaca como nuestra única alternativa.

Sin embargo, es claro que bajo estos fuegos los demócratas, los revolucionarios y progresistas tenemos que acentuar nuestro trabajo por la organización de masas, sobre todo, es nuestro deber atender con mayor cuidado las naturales divergencias que suelen acontecer en los procesos de lucha antes de que nos estallen y sean empleadas por la clase dominante para beneficiarse e imponerse como rectora de los procesos sociales.
En este
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