Número 251 semana del 29 de octubre al 4 de noviembre de 2007
En marcha la privatización de Pemex
Según la propia Dirección de Finanzas de Pemex, la paraestatal habría obtenido en 2006 una utilidad anual neta de 3 mil 900 millones de dólares. Entre enero y agosto del presente año alcanzó ingresos de 22 mil 940 millones de dólares.
Paralelamente, hace años desde la Presidencia de la República, diputados, senadores, administradores de Pemex y los diversos partidos políticos oficiales –aunque con diferencia de matiz- promueven la inversión de particulares en Petróleos Mexicanos. Prueba de ello es que empresas privadas han podido realizar inversiones y engordar su capital a partir de los contratos de servicios múltiples. Estos contratos han representado y representan incluso la posibilidad que se exploten los recursos naturales, como el gas natural en la Cuenca de Burgos desde el 2004.

¿Por qué Pemex terminó con tan poca utilidad neta anual en 2006, si en seis meses durante 2007 obtiene siete veces más? Porque paga una excesiva cantidad de impuestos, por ejemplo, hasta el mes de mayo había pagado 134 mil millones de pesos, Pemex entrega 65% de sus ingresos totales en impuestos. Eso, mientras grandes empresas o monopolios como Bimbo o Grupo Alfa, pagan impuestos de entre 4 y 5% de sus ventas totales.

Los estudios de la Auditoría Superior de la Federación a mediados de año mostraron que las 50 empresas más grandes en México pagan entre uno y 72 pesos por impuesto sobre la renta mientras que los asalariados cubren entre 15 y 28 por ciento. Es decir, los monopolios, los grandes capitales extranjeros y nacionales no pagan impuestos, los trabajadores los pagan por ellos. Esto es lo que en realidad significa para el gobierno ser competitivos y darles buenas condiciones a los inversionistas.

Para el Gobierno la prioridad no es desarrollar Pemex como empresa pública, sino privatizarla aunque sea en partes. Entregar el gran negocio de la exploración, extracción y explotación de crudo, por ejemplo, a las manos deseosas de los monopolios de los energéticos. Para lograr lo anterior no promueve mayor inversión pública para desarrollar la infraestructura de la paraestatal o darle mantenimiento a los diversos pozos; desde el poder estatal se utiliza a Pemex como la alcancía privada de los empresarios favorecidos y los políticos corrompidos que les sirven; se le asfixia con una intensificada carga de impuestos y deuda, lo cual trae consigo que Pemex esté descapitalizada y no pueda invertir para sí misma.

Desde el Estado la idea es tronar a Pemex para justificar que se siga vendiendo por pedazos hasta que este lucrativo negocio se termine. Mientras que desde el mismo gobierno se descapitaliza y arruina económicamente a Pemex, el mismo gobierno y los gestores de los monopolios, como Francisco Labastida del PRI, plantean que la empresa está quebrada y que es necesario establecer las formas para que, “sin violar la constitución, Pemex pueda recibir inversión privada y pueda capitalizarse”.

El actual senador Francisco Labastida, es uno de los que gestionan ardientemente que los monopolios obtengan una parte del pastel del supuestamente arruinado Pemex. Llegando a insistir en que se establezca una relación estrecha de trabajo entre Pemex y el monopolio brasileño Petrobras, que forma parte de las grandes empresas petroleras del mundo. Los diputados y senadores que en general se dedican a traficar con los intereses de las masas, también gestionan sistemáticamente mayores y mejores negocios para el monopolio de su gusto.

Jesús Reyes Heroles, Director General de Pemex, admitía desde el principio de su administración que se promovería la inversión privada. En el primer trimestre del año, él mismo informaba sobre la inversión de las grandes empresas y monopolios en Pemex, por ejemplo: en el suministro de nitrógeno en el mega-yacimiento Cantarell, transporte de petrolíferos, desarrollo de la red de ductos, almacenamiento y distribución de gas.

En la página web del Gobierno Federal Compranet se encuentran decenas de licitaciones para entregar contratos en áreas que anteriormente Pemex cubría por su propia cuenta. Lucrativos negocios que en ocasiones alcanzan hasta 40 millones de dólares para la empresa seleccionada.

En realidad, el Estado promueve sistemáticamente la ruina de Pemex, pero a pesar de eso y de la aplicación de la política neoliberal de la oligarquía financiera, Pemex sigue siendo sumamente lucrativo.

Pemex, no está en quiebra, muestra de ello, es que durante 2006 obtuvo las segundas ganancias más elevadas del mundo –en cuanto a los energéticos-, sólo detrás de Exxon-Mobil, miembro de las siete hermanas del petróleo. De impuestos y cargos, Pemex sólo obtuvo cuatro mil millones de dólares menos en ganancia (55,000 millones) en comparación con Exxon-Mobil (59,000 millones). De 2001 a 2005 el volumen de ingresos totales en Pemex fue de 3 billones 395 mil millones de pesos. En ese mismo período los costos de operación fueron de 392 mil millones, sólo el 10 por ciento de sus ingresos acumulados. Es decir, apenas 10% de sus ingresos, lo que significó un rendimiento de 90%.

Si hubiera menos carga fiscal y el Estado no planificara con tanto esmero una quiebra contable para poder justificar su venta a los monopolios, los fabulosos ingresos de Petróleos Mexicanos permitirían invertir en mejor infraestructura, desarrollo de nuevas tareas de exploración y refinación del crudo. Pero al Estado, a los grandes ricos y a sus representantes políticos eso no les importa. La política neoliberal de la oligarquía financiera se dirige en un sentido totalmente contrario.
Desde el Estado se promueve lo siguiente:

Pemex Exploración y Producción entregara vía contrato la operación, mantenimiento y administración de la red de ductos de Pemex en Tabasco, Chiapas y Veracruz a las grandes empresas privadas y monopolios. Además estas empresas podrán prestar otros servicios a Pemex con sus propios trabajadores, lo cual va a desplazar a los trabajadores petroleros sindicalizados o eventuales, la privatización será un golpe directo a los intereses económicos de la clase obrera petrolera.

Los contratos serían por diez años, con opción a renovarlos, y alcanzan beneficios para las empresas de hasta mil millones de dólares. Además, el negocio va dirigido exclusivamente a los monopolios pues las condiciones y requisitos que se establecen desde el gobierno federal y la administración de Pemex -en cuanto a condiciones y experiencia de producción- sólo pueden tenerlas ellas. Es pues, el inicio de la privatización de la red de ductos.

En la primera semana de octubre, se dio a conocer que Pemex entregará la explotación de los pozos de bajo rendimiento al capital privado. Para esto, muy convenientemente, la reciente reforma fiscal establece que estas empresas recibirían excelentes condiciones y una reducida carga fiscal. Según el Estado, para hacer rentables los pozos de bajo rendimiento, pero en realidad para hacer muy rentable la inversión en estos pozos por parte del capital.

Bajo la idea de que a Pemex le salga más barata la explotación en estos pozos, se abre la puerta para beneficiar al capital y suministrarle una suculenta fuente de ganancias. La empresa Diavaz ya goza de lo anterior. Concesión de los pozos de bajo rendimiento.

Desde 1994 la inversión pública en el sector energético (Pemex, Comisión Federal de Electricidad, Luz y Fuerza del Centro) se realiza fundamentalmente a partir de que el Estado se endeuda con empresas privadas. A esto comúnmente se le conoce como Proyectos de Inversión Financiada con Impacto Diferido en el Gasto (Pidiregas) y que ahora se le conoce también como obra pública financiada. Durante 2007 toda la infraestructura pública de Pemex será financiada por el capital privado, mediante este lucrativo método de obra pública financiada.

Para el 2008 el gobierno contempla no gastar nada en esto directamente, no estará presupuestado gasto público para infraestructura. Es decir, si se piensa invertir en Pemex 50 mil millones de pesos, 99.3 por ciento será financiado por empresas privadas; deuda con ellas que tendrá que pagarse. Y sólo 0.7 % con recursos públicos. Por eso, no se puede ocultar que para el 2008 el 83% de la inversión proyectada para Pemex se irá en pagar los servicios prestados por las empresas privadas. 72 mil millones de dólares para las empresas beneficiadas.

En lugar de invertir en educación, en salud, en desarrollar las empresas públicas, el gobierno concede negocios a los grandes ricos y engorda el bolsillo de los monopolios y multinacionales con dinero público proveniente del pueblo trabajador.
Las masas terminaran pagando –en parte a través de sus impuestos– los negocios que el Estado le entrega a las empresas privadas que desean invertir en Pemex y desarrollen infraestructura para esta. Desde el mismo gobierno se promueve que los monopolios y las multinacionales se apoderen y enriquezcan a partir de los recursos energéticos del país y del patrimonio e infraestructura industrial de Pemex, Comisión Federal de Electricidad y Luz y Fuerza del Centro.

La privatización también significa desplazamiento de clase obrera sindicalizada y eventual, y –como se establece en la nueva reforma fiscal- el intento de ahorrar dinero eliminando plazas y certidumbre laboral en Pemex.
La campaña contra Pemex promovida desde el gobierno, los diputados, senadores y los intelectuales de la burguesía es una campaña contra el pueblo, contra la clase obrera petrolera en particular, para favorecer el acceso a grandes ganancias y lucrativos negocios por parte de las multinacionales, los grandes ricos mexicanos y los monopolios.
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