Durante el sexenio de Vicente Fox, dos instituciones fueron muy publicitadas por el Estado mexicano, como ejemplo de la “transición democrática” que según ellos vivía el país: la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP) y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
La primera de estas, según ellos, demostraba que la represión, las desapariciones, los presos políticos, los asesinatos por motivos políticos, eran cosa del pasado, y que esta institución investigaría, documentaría y haría “justicia” a todos esos crímenes del pasado. De la segunda, creada con Salinas de Gortari, se decía que era el instrumento ideal para evitar que se volviera a cometer uno solo de esos “horrorosos crímenes del pasado”.
El tiempo ha demostrado que esas instituciones eran –y son en el caso de la CNDH– parte de los engaños, mediante los cuales, los gobiernos panistas prometedores del cambio, quisieron legitimar su continuismo en interés de los grandes monopolios y la gran burguesía. Ninguna de las bondades que prometieron fueron cumplidas, en el caso de la FEMOSPP, empujada y presionada por familiares de las víctimas, se documento que tan solo en el periodo de la guerra sucia de los 70s hubo 800 víctimas de desapariciones, 120 ejecutados extrajudiciales y 2 mil víctimas de tortura –los familiares han documentado mas de mil doscientos casos de desapariciones–, a pesar de ser tan grande este número de casos documentados, y del señalamiento de los responsables, el gobierno de Vicente Fox y en general el Estado mexicano, no sólo no hicieron nada para castigar a los culpables, más bien garantizaron la impunidad de estos crímenes desapareciendo esta FEMOSPP.
Lo anterior, no era para menos, pues si bien es cierto, esta desaparición se dio por la negociación con el PRI a condición de que este apoyara la política pro monopólica y anti popular de Fox y posteriormente de Calderón, la razón fundamental de la desaparición de la FEMOSPP radica en la agudización de la lucha de clases, el desenmascaramiento del Estado burgués mexicano, su endurecimiento, su abierta tendencia hacia el fascismo, hacen incompatible esta institución con el régimen.
En el caso de la CNDH, en una primera etapa, sirvió para que el Estado mexicano tuviera una institución oficial de supuesta defensa de los derechos humanos, que justificara y legitimara la amplia política de represión y violación de estos derechos, en ese entonces desarrollada por Salinas y después continuada por Zedillo, Fox y Calderón. En esa primera etapa, por un lado, hacia el extranjero y las masas populares, la CNDH buscaba dar una cara democrática al Estado, y por el otro fungía como un gran elefante blanco para con las demandas de justicia y defensa de los derechos humanos de las masas populares, haciendo denuncias demagógicas, actuando a destiempo y con recomendaciones que buscaban no comprometer al Estado mexicano en su ejercicio de la represión contra las masas populares.
Con la llegada de Fox al poder, la CNDH, abiertamente renunció a su función formal de institución de defensa de los derechos humanos, de esto dan cuenta sus propias declaraciones hechas en el marco de un balance hecho por la misma el primero de mayo de 2005 que textualmente dice ”…El surgimiento de la CNDH, el 6 de junio de 1990, ocurrió en medio de un clima de temor y zozobra, cuando la descomposición de numerosas instancias de la procuración de justicia generaba fabricación de culpables, así como la impunidad de los delincuentes con placa, generalizándose los casos de tortura, las ejecuciones extrajudiciales y las detenciones arbitrarias, lo que se traducía en impotencia de la justicia.
De entonces a la fecha, muchas cosas han cambiado, las más en positivo. Perviven restos autoritarios del pasado, pero los problemas y los retos que le toca enfrentar al Ombudsman son, en su mayor parte, de distinto tipo. Los problemas que ahora tenemos no son tanto los de la violencia autoritaria desde el poder público, sino –más bien– los de la construcción de la gobernabilidad democrática, en las difíciles condiciones de un país con graves rezagos sociales y necesitado de renovar y fortalecer prácticas e instituciones.”
Y vaya que ha sido fiel en búsqueda de construir una gobernabilidad, antidemocrática y represiva, basta poner como ejemplo de este “viraje” los casos mas conocidos con Vicente Fox son: represión a los mineros de Sicartsa, el 20 de abril de 2006, en Lázaro Cárdenas Michoacán, con saldo de dos muertos y con varios presos en el transcurso del movimiento, los cuales salieron libres gracias a la lucha y movilización de los proletarios y masas populares de Lázaro Cárdenas; la actitud de la CNDH y de su par en el estado, fue de abierta complicidad, hasta la fecha en nada ha ayudado ni para el castigo de los culpables, ni para denunciar de manera efectiva la “violencia autoritaria desde el poder público” como dice demagógicamente la CNDH en su discurso.
También tenemos el caso de la brutal represión a San Salvador Atenco el 3 y 4 de mayo de 2006, con saldo de dos muertos y mas de doscientos presos políticos, de los cuales, casi treinta siguen presos, en este caso la CNDH también sirvió de comparsa al Gobierno Federal y del Estado de México para encubrir y desvirtuar los hechos, a los que por cierto se refirió y emitió recomendación, ya cuando el caso era tema nacional e internacional y había generado una gran indignación. Otro caso es el de Oaxaca en donde la represión del Gobierno de Ulises Ruiz Ortiz y el gobierno federal, dejaron un saldo de mas de 27 muertos, un número indefinido de desaparecidos, y mas de 500 presos políticos, de los que quedan en la cárcel 8, igual que en los anteriores casos evito involucrarse en los momentos álgidos del movimiento y de mayor represión, a pesar de que insistentemente se solicito su intervención para ayudar a frenar las graves violaciones a los derechos humanos.
En este último periodo, en el gobierno de Calderón, la CNDH ha servido de abierto instrumento del Estado mexicano y sus instituciones, jugando un papel reaccionario, de defensa a capa y espada del ejército mexicano en casos tan reprobables como el asesinato de Ernestina Asención, perpetrado por elementos del ejército, sin importarle el desprestigio de esa institución, demostrando abiertamente, sin tapujos, lo que realmente es y para lo que fue creada.
La última actuación de la CNDH en el sentido antes planteado son cuatro recomendaciones hechas a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) por los hechos ocurridos en municipios de Coahuila, Michoacán y Sinaloa, consistentes en el asesinato por parte de soldados de cinco personas en un reten militar en Sinaloa, las detenciones arbitrarias, torturas, cateos, robos a domicilios y violaciones sexuales contra cuatro mujeres en Michoacán. Esas recomendaciones fueron emitidas el 21 de septiembre pasado y “aceptadas” por la SEDENA el 16 de octubre del presente año. Con la simple aceptación de la SEDENA de dichas recomendaciones la CNDH da por lavadas las “culpas” del ejército, declarando el pasado 16 de octubre que: “La decisión de la Sedena en el sentido de aceptar las cuatro recomendaciones citadas fortalece sin duda a las fuerzas armadas nacionales, pues evidencia la solidez de su compromiso con los derechos humanos y su voluntad de evitar que haya nuevos abusos hacia la población.”
Actualmente la lista de presos políticos en México, es de más de 700; a los más de 1,200 desaparecidos de 1969 a la fecha, se suman los casos de las desapariciones de Edmundo Reyes Amaya, Gabriel Alberto Cruz Sánchez y de Francisco Paredes Ruiz, desaparecidos en este año, el último de estos, desaparecido apenas el pasado 23 de septiembre. Para ninguno de estos casos, de desaparecidos y de presos políticos ha servido la CNDH.
Esta claro que la agudización de la lucha de clases ha llevado a la bancarrota, desprestigio y abierta actuación reaccionaria de la CNDH, y que por tanto se hacen mas que necesarios los instrumentos mediante los cuales las masas populares se organicen, luchen y hagan posible la presentación con vida de los desaparecidos y la libertad de todos los presos políticos, a la par que se combate el proceso de fascistización del Estado mexicano, instrumentos cuya principal característica sea la movilización y lucha en las calles, esa debe ser la aspiración del Frente Nacional Contra la Represión (FNCR) y sus movilizaciones del 31 de octubre y 10 de diciembre. |