Número 249 semana del 15 al 21 de octubre de 2007
La lucha por un sindicalismo de clase
La pérdida del poder adquisitivo de las últimas décadas, de la que se lamentan hipócritamente la intelectualidad, los partidos burgueses y el sindicalismo reformista y conciliador, es posible por la falta de organización de la clase obrera y los trabajadores.

Para nadie es ya un secreto, la proliferación de organizaciones sindicales que firman a espaldas de los trabajadores Contratos Colectivos de Trabajo de “protección”, en los cuales se estipulan las condiciones de trabajo en que han de laborar los asalariados. En esta situación intervienen los abogados tanto del patrón, como los abogados sindicalistas, los sindicatos (cámaras) patronales y los funcionarios de los tribunales del trabajo, para decidir a nombre de los trabajadores que sindicato ha de ser el que los represente. Si esto es posible, es por que existe una política laboral orientada en este sentido y bastan solo algunos ejemplos, los más conocidos.

En la rama de la construcción basta con que llegue a una obra el delegado de un sindicato y se ponga de acuerdo con el patrón o el contratista, le cobre las cuotas sindicales de los trabajadores por el tiempo que ha de durar la obra, deposite el Contrato Colectivo ante la autoridad laboral competente, coloque la placa del sindicato y asunto arreglado; no hay una preocupación del sindicato porque se aplique el contrato, se les den las prestaciones de ley ni nada. En el caso de las panaderías, estas se ven obligadas por presiones de la Cámara Nacional de la Industria del Pan (CANAIPA) a afiliarse a este sindicato patronal, lo que implica cubrir una cuota, lo que le da el derecho a contar con la protección legal que le brindan y esto incluye contar con un Contrato Colectivo de Trabajo de “protección”.

Por otro lado, en las cadenas de cines existe un pacto entre los dos únicos sindicatos del ramo, el Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC) y un sindicato de la misma rama industrial controlado por el gangster conocido como el “zar de los contratos de protección”, Ramón Gámez Martínez, donde en cada sala de cine nueva que se abre, se le otorga un contrato a cada sindicato, por supuesto que sin el consentimiento de los trabajadores y con la condición de que no se peleen la administración de los Contratos Colectivos de Trabajo. Así sucede en la gran mayoría de las ramas de la producción, en donde intervienen los despachos de abogados, de contadores y las cámaras patronales. Esta práctica desgraciadamente se ha generalizado en todas las centrales sindicales, alcanzando incluso las ramas de la producción donde existían contratos colectivos de trabajo avanzados, a través de una simulación sindical donde se firman los contratos laborales de protección con empresas subcontratistas, las que a su vez brindan este servicio a empresas como Gamesa, Sabritas, Telcel, escuelas privadas y un largo etcétera.

Pero incluso esta situación ha llegado a patronales como el Gobierno del Distrito Federal, el IMSS, Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana y otros. Las concesiones que se vienen otorgando a las empresas subcontratistas en los servicios públicos de todos los estados de la República, tiene como finalidad justamente acabar con las prestaciones laborales a estos trabajadores. Circunstancia que comenzó con los servicios de limpieza y vigilancia en el Sistema de Transporte Colectivo (Metro) y en la gran mayoría de las dependencias gubernamentales y prosiguió con las guarderías del IMSS, para luego continuar con una gran variedad de concesiones y donde la patronal del IMSS para la actual revisión de contrato pretende concesionar una gran diversidad de servicios para eludir la relación laboral, precisamente firmando estas empresas subcontratistas Contratos Colectivos a espaldas de los trabajadores.

Una gran variedad de especialistas, desde abogados supuestamente democráticos, analistas de la política, articulistas de prestigiosos diarios, partidos, ONG's, Asociaciones civiles y algunas organizaciones sociales, pretenden revertir este escenario administrativamente, con parches y sin ir al fondo de la situación. Algunos plantean mañosamente una reforma laboral de fondo, no solo para que no cambien las circunstancias en que laboran los millones de trabajadores, sino incluso para que empeoren aún más, otros vienen planteando medidas legales que impidan el depósito de los Contratos Colectivos sin el consentimiento de los trabajadores, sin plantear con exactitud la manera en que la autoridad laboral podría tener la noción de que ello se ha cumplido; otros más vienen planteando la cancelación de los contratos colectivos o hasta de los registros sindicales, dejando en estado de indefensión a los trabajadores en cuestión, etcétera; sin lograr encontrarle la cuadratura al circulo.

Son varios los aspectos por los que no logran muchos de ellos encontrar la forma de acabar con la simulación y corrupción sindical. Muchos precisamente por el paternalismo propio de su naturaleza pequeñoburguesa, otros por su falta de confianza en la fuerza propia de la clase trabajadora, otros más por su renuncia o desconocimiento de la ideología proletaria o por sus compromisos con el sistema; sea por las migajas que reciben de el o por los beneficios personales y su contubernio con el sistema parlamentario. Sin embargo, la solución de fondo tiene que pasar por comprender que no hará nadie por los trabajadores lo que a ellos mismos corresponde hacer, lo que significa que la clase trabajadora con la clase obrera industrial al frente, tiene que ser la que se organice y mande al basurero de la historia a ese estiércol social llamado charrismo sindical, que han engordado sus bolsillos a costa del sudor y sangre de los millones de asalariados, vendiendo sus derechos laborales y que han contribuido a crear unas condiciones de vida y trabajo miserables.

Si partimos de la premisa de que la actual situación de ofensiva de la burguesía para acabar con las prestaciones y pocos beneficios con los que aún cuentan algunos sectores de trabajadores en sus Contratos Colectivos y que esto es producto de la complicidad con sus comparsas, los charros sindicales, que los avances del sistema y los capitalistas para poder doblegar poco a poco al pueblo trabajador en sus conquistas es producto de la desorganización y desarticulación como clase social, es claro entonces que solo su organización bajo la conducción de una ideología proletaria para desarrollar un sindicalismo de clase y revolucionario, conseguirá una conciencia de clase para lograr destruir el actual sistema de explotación, para que sobre sus ruinas se construya una sociedad nueva aboliendo el actual sistema basado en la explotación asalariada.
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