Número 249 semana del 15 al 21 de octubre de 2007
Alza a los precios y el papel
de los sindicatos
- De diciembre de 1994 a la fecha el kilo de tortilla aumentó 1,036.8%.

-Unificar y movilizar a todos los trabajadores que resienten la carestía,
más allá de los sindicalizados: pasos prácticos para arribar a la Huelga General.

M
ás que claro, las recientes alzas a los precios afectan a todos los trabajadores –sobre todo a los que se encuentran en condiciones paupérrimas–, ya que mientras el salario mínimo aumentó 3.99% (esto es, $1.89) los precios de la canasta básica registran un aumento de alrededor de 45%.

Con el alza a los precios en una rama de la producción (de la gasolina o del maíz, por ejemplo) se desata en cadena en otras ramas, generalizándose así la carestía de la vida. Sumado a esto, la existente tendencia decreciente de los salarios debido a las presiones ejercidas por el desempleo, las migraciones, la maquinización, etc., sobre el trabajo; y la ofensiva burguesa, a manos del Estado, para contener los salarios poniendo el llamado “tope salarial” y de esta manera rebajar costos de producción. Estos dos aspectos han menguado, también, el poder adquisitivo del salario, generando a la vez, en el lado opuesto, cuantiosas ganancias para los capitalistas al vender sus productos muy por encima del costo de producción, es decir, del valor individual de las mercancías.

Veamos en cifras la ruta del alza a los precios de la canasta básica:

De diciembre de 1994 a la fecha el kilo de tortilla aumentó 1,036.8%, al subir de 0.75 el kilogramo a 8.5 pesos el precio promedio; el bolillo aumentó 1,000%, de 0.15 a 1.5 pesos; el kilo de huevo avanzó 351.5%, de 3.15 a 14.2 pesos; el kilo de frijol 340.6%, pasó de 3.5 a 15.4 pesos; el kilo de retazo de pollo 144.9%, de 4.5 a 11.1 pesos; el kilo de arroz 241.9%, de 3.2 el kilo a 11 pesos; el kilo de café soluble 249.3%, de 12.9 a 45.2 pesos el kilo; el precio del litro de leche lo hizo 423.7%, de 1.8 a 9.4 pesos el litro, y; el kilo de bistec de res 280.7%, de 18 a 68.7 pesos el kilo.

En tanto, el salario mínimo en la zona geográfica A recibió un aumento de sólo 231.7% en el mismo periodo”, de 15.27 pesos a $50.57. Este aumento es medido en términos nominales, es decir, el aumento monetario; en términos reales vemos que ha perdido su poder adquisitivo; en lo que va de la aplicación de la política imperialista llamada “neoliberalismo” el poder adquisitivo de los salarios ha perdido el 82%.

Si tomamos las cifras (conservadoras), sobre la evolución de los precios de 42 productos que componen la canasta básica, notamos: mientras que en enero del 2006 para obtener estos 42 productos básicos un trabajador que percibía un salario mínimo tenía que hacer un gasto de 740.44 pesos, para diciembre del 2006, el gasto necesario se ubicó en 818.44 pesos y para la primera quincena de septiembre del año en curso ascendió a 1,098.14 pesos.

Ante esto, ¿cuál es el instrumento con el que cuentan los trabajadores para la defensa de un salario digno y una vida más digna, dentro de los estrechos marcos que le permite el capitalismo? El instrumento natural de organización de los trabajadores es el sindicato, siendo éste una organización para negociar mejores condiciones para la venta de su fuerza de trabajo, única forma de sobrevivir “dignamente” ya que no cuenta con ninguna otra cosa que su fuerza de trabajo, ni capitales, ni tierras, ni empresas, nada.

Pero, como hemos revisado en los anteriores números de Vanguardia Proletaria, el sindicalismo actual está permeado por el economicismo, es decir, una política que solo buscan paliativos y en los peores casos –la mayoría de los sindicatos- solo buscan negociar condiciones de privilegio para sus líderes “charros”, traicionando los intereses de los trabajadores.

En peor situación están los trabajadores que no cuentan con un sindicato activo, que no tiene vida sindical, que no existe prácticamente, esto es: los sindicatos blancos o patronales, que son creados por el patrón burgués para evadir todas sus responsabilidades hacia sus trabajadores como el Seguro Social, el pago de utilidades, el Contrato Colectivo de Trabajo, etc.

Todo este panorama, en suma, deja casi totalmente desprotegidos a los trabajadores mexicanos ante la especulación y el hambre de ganancias de los empresarios. Son pocos los sindicatos democráticos que velan por los intereses de los trabajadores, pero la convocatoria a movilizarse y las presiones ejercidas son demasiado reducidas.

En el caso de los sindicatos charros –reformistas y reaccionarios– solo llegan a hacer pronunciamientos para dar buena vista ante los trabajadores y a movilizarse raquíticamente si sus agremiados comienzan a presionar, esto ante el temor de que se salgan de las riendas y comiencen un proceso de democratización –desde las bases– de sus sindicatos como viene sucediendo en parte de los sindicatos llamados “independientes”.

El economicismo sindical utiliza –como máxima– la huelga económica, ésta en muchas de las ocasiones, por su esencia económica en su movimiento, nos muestra un contenido burgués; digamos, ejemplificando, que un patrón se ve obligado a ofrecer un aumento salarial, el sentido común nos dirá que tendrá pérdidas en sus negocios, pero la realidad es otra: el aumento de salarios les obligará a aumentar la productividad del trabajo introduciendo maquinaria más desarrollada que gaste menos energía, menos lubricante, menos materia prima, menos fuerza de trabajo, etc.; es decir, que reduce los gastos de producción y, por tanto, obtendrá mayores ganancias. Aunado a esto hará más exhaustiva la jornada de trabajo por lo que el trabajador rendirá más aún.

Nos dirán los economicistas charros: “nuestra política no se reduce a la lucha por el salario, también nos dedicamos a obtener prestaciones sociales como el seguro social y las utilidades”; si, es cierto, y nadie se opondrá a que los trabajadores alcancen mejores condiciones de vida, nadie, ni siquiera la burguesía.

Ella está también interesada en mantener a los trabajadores en buenas condiciones de salud –siempre y cuando no le genere demasiados costos–, para ellos es fuerza de trabajo sana que es más rentable; asentamos cómo a pesar de que en la actualidad esquivan pagar las utilidades a sus trabajadores, le siguen otorgando un bono anual que las sustituye –no por temor a que se organicen, en estos casos están sometidos bajo sindicatos patronales y además tienen la ley a su favor– con esto siguen promoviendo una mayor productividad del trabajo, incitando al trabajador a ganar más.

Los trabajadores ya estamos cansados de nuestra situación, ya no es ni siquiera anual el aumento a los precios, a cada rato resentimos las alzas constantes; tenemos que, en enero habían subido todos los productos de la canasta básica; después con el aumento del precio del maíz viene un nuevo aumento generalizado; para mayo volvía a subir la canasta básica; después de los estallidos en Pemex viene la especulación, sube el gas y otra vez todos los productos, esto a pesar de que Calderón promete y perjura que contendrá el alza hasta enero del año entrante; no hay vuelta atrás ya subieron los precios y en enero lo volverán a hacer.

Estamos cansados, más aún, de que cada año de forma “protocolaria” hagamos las revisiones salariales, que con los topes salariales siempre están por debajo de la inflación, del alza de los productos; y aún con estos aumentos –por arriba de los salarios medios– el poder adquisitivo no deja de decrecer.

Sin renunciar a la lucha por mejoras económicas, debemos a la par ir ganando terreno en la lucha ideológica contra los economicista; crear sindicatos y democratizar los existentes; construir corrientes de trabajadores revolucionarios que eduquen en el socialismo, por la lucha contra los burgueses no como patrones directos, sino como clase que son, lucha sin tregua hasta abrogar el trabajo asalariado (trabajo que nos es extirpado por el capital, se nos vuelve ajeno y se vuelca contra nosotros, encadenándonos al yugo del capital)

Es cierto que para darle un golpe duro y certero a las políticas antiobreras y antipopulares de los monopolios necesitamos la Huelga General, una huelga política, que ponga a temblar a los capitalistas, pero necesitamos dar pasos prácticos para arribar a ésta, pasos prácticos en todos los terrenos de la lucha de clases. En este terreno hay que unificar y movilizar a todos los trabajadores que resienten la carestía (todos la resentimos), la unidad en la acción.

Nunca ha bastado convocar –de manera gremialista– a una movilización, hay que extender los acuerdos desde las bases y desde nuestras diplomacias para que se construya una gran movilización de masas, más allá de los sindicalizados: “subempleados”, desempleados, jornaleros, campesinos pobres, jubilados y pensionados, estudiantes, comerciantes, transportistas, todos los trabajadores; es posible una movilización nacional de millones de masas de trabajadores, los mismos que queremos mejorar nuestras condiciones de vida.
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