Emanando de las contradicciones contemporáneas del capitalismo en México, podemos observar cómo estas buscan ser redobladas por las clases dominantes, acrecentando a la vez enconados conflictos sociales, ese constante antagonismo entre explotados y explotadores sigue destacando en el primer plano de la vida nacional, las pugnas burguesas buscan elevar por esa vía las riquezas de unos cuantos monopolios y su control estatal, al tiempo que refuerzan las cadenas del proletariado, el campesinado y sectores populares.
Ahora esta premisa se apuntala con los claros intentos de la oligarquía financiera de desbaratar la nación mexicana y anexar territorio y población, naturalmente que bajo controles, discriminaciones y ausencia de todo derecho social al dominio yanqui.
La línea del régimen burgués, pone a la orden del día diversos aspectos que a continuación pasamos a considerar:
Es notoria una tenaz resistencia a mantener el congelamiento de los salarios a los trabajadores frente al incremento de las ganancias de los capitalistas y sus servidores, para ello no solo implementan el máximo de medidas legales y extralegales contra la lucha sindical, sino que además establecen una política reaccionaria contra de cualquier deseo del trabajador a ver aumentados sus ingresos, bajo el supuesto de que esto solo se conseguiría redoblando las jornadas de trabajo, lo cual no ha resuelto nada por los últimos 30 años.
A su vez, se evidencia la descomposición de las leyes que servían de contención a los apetitos más extremos del capitalismo para dar paso a la irrestricta súper acumulación, han sido sustraídos de las nociones nacionales las tendencias a mejorar las condiciones sociales en aras de destacar la riqueza a los más graves costos sociales.
La aceleración de las presiones inflacionarias e incrementos de impuestos que en el fin último solo afectarán al pueblo trabajador, queda también asentada en las políticas oficiales del régimen y sus instancias económicas sin que de ello nada pueda cambiar.
Los gobernantes también se abocan a la movilización del criterio financista y de sed de ganancias para crear confusión respecto de los verdaderos intereses del pueblo frente a la oligarquía, de tal manera que esto aparezca como un ideal de toda la sociedad por encima de las diferencias de clase.
Inclusive se nos presenta el encubrimiento del contenido de las luchas populares e ilegalización de éstas para adelantarse a la evidente tendencia de ascenso en la lucha popular, haciéndose de cierta “base social” que permita la represión y manipulación mediática.
Aún más, entre las grandes acciones sustitutas de las anteriores bases del “consenso social”, se prioriza en el destacamento del ejército y policías engendrando nuevos apetitos de intervención y violación de los derechos sociales. La apertura del horizonte fascista como única arma para detener los anhelos de cambio democrático y revolucionario que vienen haciéndose patentes entre el pueblo.
Aunado a lo anterior, se presenta el desengaño respecto de falsas bondades y éxitos inventados por el sistema capitalista para que nadie busque más alternativa que contemplar la marcha de los corruptos, los explotadores, los represores, los farsantes mediáticos y demás corifeos de éste régimen de miseria.
El intervencionismo pleno de los imperialistas en los asuntos internos del país paralizando su desarrollo y en especial la tendencia a la lucha revolucionaria, postulados en la preponderancia del Comando Norte y la intervención militar yanqui con tropa o asesores en nuestro territorio dejan ver las intenciones largamente labradas en las relaciones históricas de agresión imperialista yanqui contra México.
De esta manera, siguiendo la trayectoria de ofensivas contra la población, el régimen se resguarda frente a los próximos conflictos que su política está engendrando, si bien tienen que lidiarse diversos conflictos, de los que destaca el conflicto con las grandes televisoras ahora que la correlación de fuerzas inter-monopólica tira más a favor de Carlos Slim, el Grupo Monterrey, los grande bancos y los imperialistas yanquis.
Sin embargo, el conflicto con las televisoras, por el lugar que éstas ocupan, lejos de llevar a “rectificaciones del camino”, se ve conducido a la firma de los acuerdos más obscuros sobre los medios masivos de comunicación, adelantándose la promesa del gobierno de que las concesiones tendrán que elevarse a la categoría de propiedad definitiva principalmente de las que detentan Televisa y TV Azteca. Las declaraciones de los gobernantes lo hacen manifiesto a fin de que la respuesta a un potente movimiento popular sea unísona y no se vean asediados en un doble frente interno contra sí mismos o contra la facción que los medios dirigen.
Para salvar la situación ponen en la balanza la ascensión de diversos capitalistas en los medios debido a que hagan entrelazado negocios, pero, los negocios específicos del sector llevan en sí la discordia de que por un lado necesitan una máxima hegemonía para asegurarse altas ganancias y de otro lado el régimen y otros magnates requieren de incondicionalidad a la vez que de un menor gasto por efecto de publicidad, la cual ha rebasado los límites de lo permisible arrebatando grandes recursos, es decir, redistribuyendo grandes masas de plusvalía a favor de las televisoras, estaciones de radio y prensa escrita.
No es este el único frente de conflictos entre monopolios, ya las cuestiones del campo y su total apertura comercial, junto con el desmantelamiento de la industria nacional y el abandono de los programas nacionales de desarrollo llevan nuevos problemas a la alianza de la oligarquía financiera. Por ello, la nueva base aliancista de los capitalistas consiste en la sujeción de todos a un pequeño núcleo de monopolios nacionales y extranjeros, bajo la total sumisión al imperialismo.
De las cámaras solo podemos esperar fracturas en los marcos de estas pugnas, así como antes cuando la correlación y la coyuntura favorecían a las televisoras, los mercaderes de la política se inclinaron en su favor, ahora a los nuevos señores les toca inclinarse ante la voluntad de la línea conducida desde Washington y Wall Street.
De los grandes partidos de la burguesía también se establece su inclinación crítica o acrítica a lo que mandaten los intereses monopólicos, dicen inclinarse a favor de leyes supuestamente imparciales y todo lo que hacen es afirmar el modo de oprimir y saquear al país.
En estos meses se acumulan los descontentos de antaño, por la miseria de siempre, por las represiones y desapariciones, se acrecientan en el combate a las actuales reformas estructurales que vienen a agudizar las diferencias sociales, se refuerzan con las amenazas del libre mercado, con la feroz explotación y racismo contra nuestros hermanos emigrantes, contra la ya cantada declaración de guerra económica contra el bolsillo del trabajador con el gasolinazo anunciado, contra los despojos en la tierra, la vivienda y todo espacio público en que el pueblo trate de hacer algo para sobrevivir. Es momento ahora de que el movimiento de masas continúe con sus pasos firmes y organizados. |