Número 249 semana del 15 al 21 de octubre de 2007
México en la época del imperialismo y las revoluciones proletarias

Todas las tensiones que se han producido en México, como en el mundo entero, dan el paso a una delimitación de los campos entre revolución o contrarrevolución. Particularmente en los países latinoamericanos la brecha entre las dos clases sociales antagónicas se profundiza y de manera concreta se está manifestando por el empuje de las luchas populares que orilla a las oligarquías locales a ceder demandas y espacios políticos a los trabajadores, ante un posible estallido revolucionario.

Haciendo cuentas, nos percataremos, no solo de que nos hemos ido recuperando de la derrota que el capitalismo nos ha infringido al haber subvertido la dictadura del proletariado, las democracias populares, las luchas de liberación nacional y anticoloniales, las luchas por la democracia y la paz entre los pueblos como eslabones de la revolución proletaria mundial y haber impuesto el modelo de economía neoliberal como quinta esencia del imperialismo.

Las condiciones sociales propias del capitalismo son la base para la recomposición de las fuerzas revolucionarias, la propia dinámica del capitalismo alienta a los trabajadores a luchar en contra de los regímenes que sustentan el dominio del capitalismo, que también sufrió una derrota al sepultar la ilusión que la globalización prometía a los trabajadores.

De tal suerte que los signos de los tiempos como la época del imperialismo y las revoluciones proletarias muestran que se han exacerbado las contradicciones fundamentales, derivadas de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción: entre el capital y el trabajo.

En esta contienda la burguesía se prepara de distintas maneras para sofocar las revueltas sociales incrementando las fascistización de regímenes como el colombiano y mexicano, encabezados por el paramilitar Álvaro Uribe Vélez y el impuesto presidente Felipe Calderón Hinojosa, respectivamente, y fomentando acuerdos parciales en materia económica como el recién firmado Tratado de Libre Comercio con Costa Rica y militares como el Plan México.

Por parte del proletariado, los campesinos pobres y las amplias masas populares en México, este tramo se está construyendo bajo la táctica de periodo de acumulación revolucionaria de fuerzas que tiene por objeto consolidar la convergencia nacional de oposición proletaria y popular contra el régimen en el frente único de los explotados y oprimidos contra el imperialismo y el capitalismo.

De distintas formas el desgajamiento social está manifestándose en múltiples expresiones y referentes de lucha, en su mayoría cuestionan las políticas gubernamentales neoliberales y la antidemocracia en el ejercicio del poder de todas las instituciones oficiales, así como de sus aparatos de control corporativo que pesan sobre los trabajadores.

La lucha contra las reformas estructurales, contra los proyectos de infraestructura imperialista que atacan a la población como en “La Parota,” por la democratización de distintos sindicatos y recientemente por la liberación de todos los desaparecidos y presos políticos del país.

En este crecimiento de las luchas populares los proletarios y sectores revolucionarios y progresistas requieren discutir y cohesionar una táctica; de tal forma, que posibilite empujar la revolución socialista como única forma de solucionar los grandes problemas nacionales a favor de las amplias masas populares, frente a una situación prerrevolucionaria o revolucionaria que paulatinamente se hace posible.

De parte de la burguesía, la oligarquía financiera y el imperialismo, por el contrario han ido buscando afianzar su dictadura, tratando de imponer y consolidar su proyecto económico de explotación y opresión contra la clase obrera y el pueblo, en medio de sus propias contradicciones inter-burguesas. La descomposición y el desprestigio del régimen se ha incrementado por la propia dinámica de estas pugnas en su propio campo; sin embargo, la burguesía como clase cuenta con experiencia y está tratando de recomponerse y en afianzar su dictadura basando la actual política en la represión de las masas so pretexto de combate al narcotráfico y delincuencia organizada.

Ellos, los explotadores, se aferran al fascismo como la alternativa más efectiva para mantener a salvaguarda de la revolución proletaria su régimen capitalista; reivindican el monopolio del poder y el uso de la violencia, cuando ven que se ha asomado, por entre nuestras movilizaciones, la necesidad de la destrucción de su maquinaria estatal burguesa y sobre sus ruinas construir un Estado de nuevo tipo, bajo la dirección política del proletariado.

Nosotros, el proletariado y el pueblo de México, hemos dado pasos importantes en nuestra lucha y en efecto, la continuidad, extensión y virajes del movimiento de masas aporta elementos de una comprensión de esta necesidad, la de desarrollar una táctica y una estrategia: los logros en la lucha contra la Ley del ISSSTE, el fallo en favor de los amparos, la persistencia de las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, son una muestra; por otro lado, la discusión de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca también discute los nuevos escenarios a raíz del fraude electoral orquestado por el PRI y Ulises Ruiz; también, las recientes manifestaciones contra el aumento de precios y contra la reubicación de ambulantes en el Distrito Federal se suman a los nuevos contingentes en lucha.

Falta la cuerda a la cual asirnos todos para tirar conjuntamente, en favor de los explotados, esta se construye en los acercamientos políticos en los frentes amplios, requerimos no cejar en la tarea de forjar el frente único, de unir todas estas luchas, de dotarnos de un programa revolucionario. Junto con las pequeñas victorias acompañemos a las discusiones de la lucha popular de esta necesidad táctica y de una perspectiva revolucionaria y socialista.

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