Número 248 semana del 08 al 14 de octubre de 2007
Demagogia calderonista e inflación
Una vez consumado el gasolinazo, el presidente y representante de la oligarquía financiera, Felipe Calderón, implementa una medida demagógica para tratar de engañar al pueblo: decreta la suspensión del aumento (pero no su cancelación) para el próximo año.

Desde que se anunció el aumento del 5.5% la gasolina y diesel, el mismo Guillermo Ortiz, Gobernador del Banco de México, señaló que esta medida desencadenaría mayor inflación, textualmente comentó: “A mí me preocupan los impactos indirectos porque eso puede afectar, obviamente de manera negativa, las percepciones inflacionarias hacia delante”. Aunque no les preocupa que la inflación impacte los bolsillos de los trabajadores, sino que tenga impacto en la inversión privada, y los grandes empresarios se vean renuentes a seguir invirtiendo en México.

Además, esto rebotaría automáticamente las tasas de interés, y considerando la tendencia hacia la economía de crédito que impulsan los monopolios para asegurar la salida de mercancías endeudando a los trabajadores, se verían en peores condiciones para librar los ya magros niveles de pobreza y opresión.

Si a lo anterior agregamos la reciente declaración del Secretario de Hacienda, Agustín Carstens Carstens, de que el próximo año “la economía nacional sólo podrá alcanzar un crecimiento de 3.7 por ciento o menos, por los efectos de la desaceleración económica en Estados Unidos.” El panorama es todavía más sombrío.

Desde que se anunció la medida, sectores de la burguesía como la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA) y el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), señalaron que el aumento a la gasolina incrementaría la inflación prevista para este año y se pronunciaron porque los aumentos fueran al consumo, no a la producción. Lo que significa que para este órgano, a quien se le debe cargar la mano es, al pueblo trabajador, y no a ellos, es decir, a la burguesía, porque el aumento a la gasolina es uno de los principales insumos, no sólo para la obtención directa de plusvalía, sino también un elemento central en la distribución de mercancías.

Las consecuencias no se remiten sólo a las condiciones a futuro partiendo de cero, sino que se recrudecen gravemente si repasamos los recientes aumentos. Veamos, de acuerdo con el Banco de México, en la primera quincena de septiembre los precios al consumidor se elevaron 0.62 por ciento en promedio frente a la quincena anterior, la mayor alza para un periodo similar desde 2001, y comparado con 2006, aumentó en 1.04%.

En lo que va del sexenio de Calderón, la canasta básica ha aumentado un 34.17 por ciento, 7.5 veces el aumento a los salarios concedido a los trabajadores en enero de 2007, esto, según reportes oficiales. Primero vino el aumento a la tortilla, elemento básico de la dieta en el país, de ahí se desencadenaron otros aumentos y el siguiente salto se dio apenas con el anuncio del alza a la gasolina, aún sin haber entrado en vigor.

Según Petróleos Mexicanos (Pemex), el costo de la gasolina se ha elevado, de diciembre de 2006 a la fecha, en un promedio de 3.5 por ciento para ambos tipos de combustibles que ofrece Pemex: Magna y Premium. La inflación se ubica por arriba del 4%, mientras que los aumentos salariales no llegaron al 3.9% en la mayoría de los casos, excepto el de los militares. De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor, los alimentos de la canasta básica se incrementaron 36.01% entre diciembre del año pasado y septiembre de este año.

Si a todo lo anterior agregamos que el Banco de México en su documento Régimen de Política Monetaria, señala que “conduce su política monetaria con el fin de alcanzar una inflación anual del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) de 3 por ciento y de mantenerla permanentemente alrededor de ese nivel”; y que esta meta tampoco se cumple, puesto que la inflación general anual es de 4.03% según cifras oficiales; lo que viene será mucho peor.

El fondo real del retraso al aumento a la gasolina es el que señalaron los empresarios, ganar tiempo para reprogramar, planear. Lo que para el pueblo se traduce en que le pasarán de nuevo la factura, para que como defienden a capa a espada, el aumento sea al consumir; es decir, en detrimento del poder adquisitivo del pueblo trabajador, y no a la producción, a las ganancias de la burguesía. El retraso del aumento de la gasolina es sólo una medida demagógica muy a la hechura del capital.
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