Nos encontramos ante un escenario en el que se agudizan las contradicciones entre trabajo y capital, la oligarquía financiera, el régimen y sus partidos políticos se preparan para arreciar la ofensiva contra la clase obrera y las masas populares.
Calderón ha continuado con su política de militarizar el país, en este sentido, avanza a pasos firmes y ahora, no contento con tener el ejército patrullando las calles, ha entrado en abierta cooperación con el gobierno colombiano comandado por Álvaro Uribe Vélez, este último, está dispuesto a ayudar al gobierno calderonista en la implementación del Plan México.
Así mismo, con la supuesta lucha contra la delincuencia organizada y contra a quienes llaman los “violentos”, el régimen ya prepara sus armas, hoy día, son una constante los spots en la televisión, donde se ve a miembros de la Policía Federal Preventiva “limpiando” México de la violencia que azota el país, violencia que es el capitalismo quien se ha encargado de desatar en contra de las masas con su política pro fascista, no solo mediante la represión, sino mediante restringir cada vez más los derechos políticos y sociales del pueblo mexicano.
Lo anterior sucede al mismo tiempo que se lanzan los llamados para realizar la reforma del Estado, la cual supuestamente traerá beneficios para el pueblo mexicano, en el sentido de que se dará mayor paso a la democracia, y ya no se permitirán gastos excesivos en las campañas de los partidos políticos, es claro que buscan paliativos para desviar la atención de las masas, por ello, el gobierno busca que éstas, vean en el Estado el instrumento que regula la vida del país, y este cumpliendo con su papel de bombero de la revolución, ofrece supuestos beneficios para el pueblo mexicano; sin embargo, debe quedarnos claro, que el Estado no ve por los intereses de todos, por el contrario, sólo vela por los intereses de la gran burguesía, por lo que no debemos confiar en este instrumento de opresión.
Por su parte, la socialdemocracia, se conforma con dar discursos en contra de las políticas de Calderón, al mismo tiempo que busca hacerse de una base social que le permita obtener canonjías a la hora de negociar “en lo oscurito”, los derechos de las masas populares, esto, al mismo tiempo que con sus discursos populistas.
En tanto que, a pesar de los discursos de que para no afectar a las familias más pobres, se ha retrasado la entrada en vigor del llamado gasolinazo, ya se prepara el régimen para sangrar más los bolsillos del pueblo trabajador, ya que será precisamente en el marco de la apertura del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que se dará paso a una alza mayor de los precios de los productos de la canasta básica.
Así pues, ante la política de represión utilizada por Calderón, y los avances para el Plan México, el que este 2 de octubre, en el marco de la conmemoración de la masacre estudiantil, se haya constituido el Frente Nacional Contra la Represión (FNCR), pasa de ser un hecho meramente simbólico, a formar parte concreta de la lucha de clases en el país, pues se requiere que el pueblo trabajador y las masas populares, se doten de instrumentos para dar la lucha en todos los sentidos; es decir, en el marco legal, por la defensa de los derechos humanos, por las demandas económicas de todos los sectores populares, y al mismo tiempo trascender hacia la lucha política, ya que es mediante la destrucción de este sistema y la implantación de un gobierno de obreros y campesinos pobres, que los mexicanos gozaremos de plenos derechos.
Más significativo es aún, que organizaciones que participan en distintos esfuerzos de unidad a nivel nacional, sectorial y regional, participen en el FNCR, a pesar de ello, aún tenemos problemas por resolver, pues si bien hemos salido juntos a las calles, no hemos dado los pasos necesarios para ir hacia la unidad más amplia, que nos permita aglutinarnos en un referente mayor, bajo principios programáticos comunes, que nos ayuden a avanzar como uno solo y asestar el golpe contundente al enemigo común.
Por ello, es tarea de las organizaciones revolucionarias, el ir permeando la conciencia de clase proletaria entre las masas, el desenmascarar al régimen y el papel que juega el Estado, la socialdemocracia, la alta jerarquía católica, los partidos políticos burgueses, el charrismo y “neocharrismo sindical”, los monopolios de la comunicación, como instrumentos que utiliza el sistema capitalista para mantener sometido al pueblo trabajador.
Trabajar hoy, no solo por la unidad de todos los referentes nacionales, sino, sobre todo hacer la labor entre las masas no organizadas, hacerles sentir la necesidad de organizarse y luchar por sus derechos, es una tarea enorme, sin embargo, no por eso vamos a desistir de ella, antes al contrario he ahí la materia prima para la revolución socialista.