Las condiciones de trabajo en que laboran los asalariados, se encuentran establecidas en la Ley Federal del Trabajo y los Contratos Colectivos de Trabajo, llamadas en el caso de los trabajadores al servicio del Estado “Condiciones Generales de Trabajo”.
En este rango, la personalidad jurídica de las agrupaciones que administran el Contrato Colectivo en cuestión, se encuentra reservado para los sindicatos reconocidos por la autoridad laboral y ello lleva a la disputa entre las organizaciones sindicales por la representación de los trabajadores, para de esa manera impulsar el proyecto sindical que han de desarrollar.
Las organizaciones sindicales fueron concebidas desde su creación, como centros de organización y defensa de los intereses de la clase trabajadora. Los privilegios que les han significado a los líderes sindicales la dirección de los sindicatos, tales como el control de las plazas, de los prestamos, la vivienda, los permisos, etc.; a través del tiempo ha degenerado esta concepción original, volviendo a una gran mayoría de las agrupaciones sindicales en presas de líderes corruptos y oportunistas, donde en la mayoría de ellas, los seudo representantes de los trabajadores se mantienen en las direcciones por periodos extremadamente largos, logrando extraer beneficios personales el mayor tiempo posible y poniéndose para ello al servicio de la patronal.
Entonces la defensa de los Contratos Colectivos de Trabajo, queda formalmente en manos de estos dirigentes sindicales, quienes a través de la manipulación han logrado la pérdida del poder adquisitivo y vender los derechos laborales consagrados en la Ley Federal del Trabajo y los Contratos Colectivos de Trabajo. De estas circunstancias en las que los líderes sindicales charros se han beneficiado del sistema de explotación, se derivan las luchas intersindicales por la representación de los trabajadores y su interlocución con la patronal, no para conducir la lucha contra ello, sino para conseguir el control de los trabajadores. En esta lucha por el control de los proletarios interviene el Estado a través de la Secretaría del Trabajo y Previsión social y las Juntas de Conciliación y Arbitraje, controlando el registro y la Toma de Nota de las organizaciones de los trabajadores a quienes se les ha de otorgar la personalidad jurídica para administrar algún Contrato Colectivo de Trabajo; valga decir que este registro sindical se reserva para las organizaciones que no han de representar alguna molestia para el sistema y la burguesía.
De esta manera es que en los últimos tiempos se han dado luchas y conflictos sindicales, en muchos casos violentos, como en la industria minera, donde sin duda el Estado fue parcial, ya que al mismo tiempo, es juez y parte, con el fin de beneficiar a las organizaciones sindicales mas reaccionarias, pro-patronales y gobiernistas, acordes a los planes empresariales y pro-imperialistas. Esto no significa que todas las organizaciones sindicales afectadas por esta política laboral reaccionaria e intromisoria de la vida interna de los sindicatos, se deban considerar como organizaciones que defiendan los intereses de la clase trabajadora. Es simplemente que las direcciones de estos sindicatos de tradición corporativa, al ser afectados en sus intereses personales por este giro en la política del sistema que antes los apapachaba, como en el caso de Napoleón Gómez Urrutia, hoy los ha orillado a una situación de oposición contra esta política. Al convertirse en oposición contra el gobierno, han perdido a sus anteriores aliados del charrismo, principalmente del Congreso del Trabajo donde anteriormente pertenecían y se han visto obligados a buscar nuevos aliados encontrándolos en el neocharrismo, principalmente de la Unión Nacional de Trabajadores, central sindical de oposición, pero que su dirección no lucha contra un cambio de sistema social.
Es de esta manera que en el campo laboral se vienen enfrentando varios proyectos sindicales, donde el charrismo sindical se desenvuelve de distinta manera según las circunstancias donde se desarrolla -desde el corporativismo sindical tradicional, el sindicalismo de “protección” o los sindicatos blancos- y donde el sindicalismo de clase, revolucionario que lucha contra el actual régimen, que enarbolan las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias, buscando una mejor defensa de los intereses de la clase obrera y los trabajadores, defendiendo las actuales condiciones de trabajo establecidas en los Contratos Colectivos de Trabajo avanzados y luchando por una mejoría en el nivel de vida y las condiciones de trabajo para toda la clase obrera y los trabajadores, forzosamente se viene a cruzar en esta lucha contra el capital con las direcciones sindicales de oposición contra el gobierno representado principalmente por el neocharrismo.
En este entrecruzamiento de proyectos sindicales distintos, pero que encuentran el común en una lucha contra una política que afecta a los sindicatos que no se alinean a los designios del Estado, cada cual intenta golpear a quien considera que es el enemigo principal, ya sean los efectos del sistema o contra el sistema mismo. A pesar de todo, una de las principales causas de que hasta el momento los impulsores de un sindicalismo de clase y revolucionario no logremos revertir la situación actual, se encuentra en que precisamente el charrismo y el neocharrismo sindical, por los argumentos ya esgrimidos, son quienes controlan la mayoría de las organizaciones sindicales y por consiguiente, quienes han logrado deteriorar el nivel de vida de los trabajadores. Siendo así, es que en los puntos de encuentro, como los últimos Paros Cívicos promovidos conjuntamente, estos agentes de la burguesía al interior del movimiento obrero es obvio que impulsen la desmovilización, ante el peligro que representa para sus intereses que las masas obreras los rebasen y pierdan la interlocución con el Estado.
Las organizaciones democráticas y revolucionarias, ante la desventaja que significa la poca fuerza sindical que se representa, siendo que son, y serán las organizaciones sindicales las principales protagonistas para un paro exitoso rumbo a la posibilidad de una Huelga General, no podemos darnos el lujo de renunciar a la posibilidad de utilizar esta fuerza opositora, para lograr que los trabajadores salgan a las calles y se movilicen para echar abajo los planes del régimen, tales como la derogación de la reaccionaria Ley del ISSSTE, las pretensiones de mutilar el Contrato Colectivo de Trabajo de los Trabajadores del IMSS y toda una política económica, laboral encaminada a enriquecer a la burguesía a costa de la miseria del trabajador.
Los sindicalistas democrático-revolucionarios entonces, debemos lograr con la lucha que las bases de los sindicatos se impongan sobre las direcciones sindicales oportunistas, sosteniendo un proyecto clasista y revolucionario. |