En las cumbres del poder, entre los políticos de la burguesía vienen determinándose refuerzos al régimen capitalista privando a los trabajadores del más mínimo resquicio de los viejos derechos liberales, de las mínimas expectativas de mejora a nuestras críticas condiciones de vida y trabajo.
Los capitalistas mismos creen que por el hecho de que se nos haya negado y vetado de todo proceso social tendiente a la mejora de las condiciones políticas, económicas y sociales, es suficiente para que se nos borre de nuestro interés tal cambio de situación, se creen que por anunciar sus premisas financieras nosotros hemos de renunciar, hemos de dejar de aspirar a cualquier otra perspectiva. Los capitalistas se creen que por el hecho de que cunda la miseria, no hemos de desear superarla revolucionariamente.
Así pues, eludiendo la cita sobre cualquier otro interés que no sea el suyo, asentando solo en lo general el argumento populista, pero destacando la acción oligárquica, todos los partidos de la burguesía trabajan a marchas forzadas para establecer el predominio de la visión monopólica sobre el destino del país, si han de chocar, consideran que únicamente será en los términos de las diversas contradicciones y apreciaciones de los tantos grupos capitalistas.
El desfile de políticos, comunicólogos, magnates, etc., da cuenta de que en las apreciaciones de la burguesía, no existe más razón que la suya, ni más movimiento que el de sus tendencias reaccionarias, ni más acontecimientos que los que puedan registrarse en sus medios de comunicación, pero esto no solo es una visión distorsionada de la realidad, sino la posición tendiente a anular lo que viene ocurriendo en las bases populares que arrojan otras señales de la lucha de clases.
El hecho de que en el seno de los trabajadores subsistan tantos problemas en relación con el trabajo, la explotación, la opresión, la vivienda, la salud, la educación, la seguridad, entre otros, de cuya responsabilidad la burguesía viene eludiéndose, no solo afirma su condición de clase (en ambos polos), sino que también remarca a nuevos niveles que los capitalistas están al margen en tanto que clase gobernante, de poder potenciar las fuerzas sociales que les den solución, convirtiéndose en el factor fundamental para que todo siga empeorando al máximo gracias a su profunda ligazón con los imperialistas.
Los esfuerzos que realizan los oportunistas del PRD por “hacer ver” las posibilidades del reformismo, hoy quedan desenmascarados por la componenda a que llegan en todos los renglones de su política, su situación ejemplifica el carácter de todas aquellas líneas del régimen respecto de encontrar el supuesto bien general a través del enjuague de intereses para favorecer siempre a los grupos financieros y su perspectiva neocolonial de México. Naturalmente que al contar con ingentes recursos económicos e instrumentos de manipulación, y de represión, aparecen como las sagradas opiniones públicas a aceptar, abanderan una plataforma social que les haga parecer como la única alternativa a los problemas del país, de cara a aquellos amplios sectores que se han desprendido, por momentos, de la visión oficial activando un deseo de organización.
El problema del reformismo en su recurrente retorno al intento de humanizar el capitalismo monopolista, es una cuestión que en el periodo reciente cobra una especial atención para que el movimiento de masas se supere y especialmente reafirme sus tendencias de combate al régimen, del cual hace parte el oportunismo, aún cuando niegue ese hecho y asegure que es una simple oposición, recordemos del papel destacado que los oportunistas de siempre juegan en las actuales pugnas reformadoras en el parlamento, en los gobiernos estatales, en el contubernio entre partidos y los espacios que en algunas secretarías de Estado se les otorga por parte del panismo para que encuentren nuevos espacios de mando y a la vez desgasten la lucha popular trasladándola a luchas de presión por más o menos recursos, pero ante todo, por más o menos espacios de poder para los representantes de esta política burguesa socialdemócrata.
En el contorno del movimiento de masas, frente al oportunismo y el fascismo, tenemos al centro la lucha contra las posiciones centrales que afirman la estrategia del imperialismo para elevar nuestra explotación claro está, pero en esa dinámica, la tarea de proyectar las banderas y programas proletario y popular adquieren en sí una necesidad de proyección, no pueden ser relegadas, nosotros consideramos que el movimiento no debe anular tal cuestión, más bien su papel es el de abundar en el esclarecimiento del proyecto revolucionario.
Es evidente que el régimen busca el desgaste por represión, engaño y manipulación, encuentra en estas armas la oportunidad de doblegar la tendencia resurgida en el seno de los trabajadores ante las secuelas del capitalismo, no desiste en este retorno a la paz por hambre, cuarteles y televisión, aprovecha todo momento para asumirse en el control del país, busca paralizar al movimiento.
Pero el proceso de lucha se mantiene, los campos de acción popular siguen una secuencia de expansión local y regional, con lo que no hacen más que preparar a niveles nacionales la lucha que en diversos ámbitos se prepara, es decir, magisterial, obrera, estudiantil, campesina, urbana popular.
Diversos frentes se integran en procesos mucho más amplios tendientes a reconcentrar los esfuerzos, situación que en sí les lleva a acusar el debate de las perspectivas y el combate frente al régimen y su esencia, frente a los problemas que a cada rato le estallan en sus propias estructuras, ello nos lleva a ligar mejor nuestras diversas propuestas y tareas, aún cuando existan desencantos, desagrupaciones y renunciantes de la tendencia, redoblándose la lucha de clases en nuestra cotidianeidad. |