Cuernavaca es promocionada a los turistas nacionales e internacionales como la “Ciudad de la Eterna Primavera” y retratada para la burguesía, como un lugar perfecto para vivir “lejos del ajetreo del D. F.” o para pasar el fin de semana, en el equivalente a una “casa de campo”.
Este acomodo entre una ínfima minoría contrasta con la situación real que viven en las colonias populares las amplias mayorías trabajadoras, en las que el hacinamiento y la falta de servicios públicos básicos: drenaje, pavimentación, instalación de líneas telefónicas y de energía eléctrica, hacen aún más difícil la vida diaria de miles de obreros, empleados de base y pequeños comerciantes.
Para evidenciar este trato criminal hacia las zonas populares, basta mencionar el caso de la colonia San Antonio, en la que el gobierno reaccionario de la “Sagrada Familia” busca construir un relleno sanitario, que de ser llevado a cabo impactará gravemente sobre la salud de los colonos y de los trabajadores de las zonas aledañas, esto, mientras el mismo gobierno del PAN ha invertido para “embellecer” las colonias burguesas, como Jardines de Cuernavaca, en la que municipio panista ha hecho colocar mantas de “agradecimiento” con el visto bueno de las “familias acomodadas” para dar el mensaje de que se está trabajando por “la ciudadanía”, cuando en realidad se trabaja por adornar las calles de la minoría, con el dinero que aportan al Estado los habitantes de las zonas populares, dejando sin resolver las sentidas demandas de servicios públicos indispensables.
El deterioro de la calidad de vida se hace palpable en los barrios obreros y las unidades habitacionales cercanas a las fábricas, en las que el hacinamiento de las familias proletarias llega al grado de tener que vivir un promedio de cinco personas en espacios que a duras penas superan los 40 metros cuadrados, como en la Unidad Morelos.
Particularmente es grave la situación que vivimos en la colonia Josefa Ortiz de Domínguez, en el municipio de Jiutepec, ya que al ser una zona obrera, perteneciente a la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca (CIVAC) se ha visto abandonada, dado que los recursos ya han sido utilizados en las zonas ricas.
En la colonia aún no se ha logrado la completa electrificación, la demanda de pavimentación no ha sido atendida, al parecer a los funcionarios no les importan las enfermedades estomacales e infecciones que -debido al estancamiento de aguas en esta temporada de lluvias-, padecen nuestros hijos; tampoco se cuenta con drenaje y ni se diga de los créditos a la vivienda, indispensables para cambiar las insalubres casas de lámina y cartón por mínimas estructuras de cemento y tabique.
Ante la cerrazón de las autoridades, la única salida para los colonos es la organización y la lucha por dignificar nuestras condiciones de vida, solamente con la construcción de estructuras populares como comités de barrio o de edificio podremos ser capaces de oponer una resistencia coordinada del pueblo en la colonia o la unidad ante el abandono al que hemos sido condenados por un régimen que sólo beneficia a quienes más tienen. |