Número 244 semana del 10 al 16 de septiembre de 2007
Control patronal sobre
el proceso de producción
Cuando el patrón, al comprar edificios, herramientas, materiales, máquinas, etc., sabe con exactitud el lugar que ocuparan en sus costos y depreciaciones; no así cuando adquiere fuerza de trabajo, ya que ésta tiene un valor variable para el capital dentro de la jornada de trabajo. Sabe que acrecentará el capital, pero no la magnitud. Es por esta razón por la cual es de vital importancia, para el patrón, arrebatarle al trabajador el control del proceso del trabajo. Esta transición histórica se presenta para el trabajador como la alienación progresiva del proceso de producción y para el capitalista como el problema de la administración.

El control es en efecto el punto central de todos los sistemas de administración, algo que ha sido reconocido implícita y explícitamente por los teóricos de la administración. En este marco de relaciones irreconciliables de producción y distribución, el problema de obtener la “máxima utilidad” de la fuerza de trabajo “que compro”, ha exacerbado las contradicciones entre los intereses de aquellos quien se ven beneficiados por el proceso de trabajo y aquellos que lo llevan a cabo, los trabajadores.

A lo largo de la historia del capitalismo se han desarrollado y afinado diversas formas e instrumentos de control, vemos así, que la ciencia burguesa de la administración ha desarrollado la racionalización del proceso de trabajo a tal grado de controlar en milésimas de segundos los movimientos de los trabajadores dentro de una tarea específica en la jornada de trabajo. Esto se expresa, en que ejerce el monopolio del conocimiento para controlar cada paso del proceso de trabajo y su modo de ejecución. La tecnología y la informática les han servido de instrumentos afinadores de las técnicas de administración patronal.

Fueron diversas las formas que sucedieron para establecer un contrato que “regulara” los intereses entre el capital y el trabajo, los capitalistas y los trabajadores, hasta conquistar el contrato colectivo de trabajo, que amparara a los trabajadores de las penurias a las que son sometidos durante la jornada de trabajo. Después se logró conquistar prestaciones y servicios que cimentaran una seguridad social más o menos aceptable dentro de los límites que permite el capital sin que esto afecte palpablemente sus intereses.

Para lograr estas conquistas y mantenerlas ante los embates cotidianos, los trabajadores tuvieron que unirse y organizarse, primero de manera espontanea y sin un enemigo concreto, después se conformaron los sindicatos.

Mas para el capitalista no hay impedimentos en su hambre de ganancias, lo que otrora sirvió para la defensa de los intereses de los trabajadores, ahora lo muta en un instrumento de control y dominación; de esto no se han exentado ni los sindicatos. Por miles podemos contar los casos en que los sindicatos se han volcado al servicio del capital o de alguno de sus esbirros, variando los métodos de control (corporativismo, charrismo, oportunismo) y los grados de traición a la clase trabajadora (desde una negociación a espaldas de los trabajadores del contrato de trabajo hasta encubrir el ascenso del fascismo).

En México se ha acumulado una basta experiencia de la dominación y control por medio de los sindicatos, no solo ha sido el priismo corporativista, tenemos este ejemplo en el PRD, pero también se da de manera “independiente” a los partidos electoreros: los “neocharros”, corporaciones sindicales con direcciones que velan por sus intereses individuales traicionando los intereses de los trabajadores agremiados.

No bastándole estas maniobras, los capitalistas han dispuesto de sindicatos blancos o patronales que, ya sean creados directamente por uno de sus empleados gerenciales o por un “gánster” que a manera de parásito viven de los trabajadores; no tienen vida democrática alguna y nunca el trabajador conocerá a representante alguno. Este el camino al paraíso patronal, donde no solo esta menguada, sino que no existe la organización de los trabajadores.

De lo que se trata, en términos ideales para el patrón, es que la relación de trabajo se encuentre estatuida a su máxima conveniencia, su mejor y más refinada maniobra en los últimos años, han sido los contratos de protección o contratos patronales, donde se establecen condiciones precarias de trabajo, sin prestaciones, ni seguridad social; a veces sin horas fijas, sin salario fijo, o ni siquiera el mismo trabajo garantizado. No sólo llegan a la burla de contener clausulas que abrogan todo derecho, sino que nos hacen firmar hojas en blanco donde además de ser la “renuncia voluntaria” te amenazan si intentas demandarlos en la Junta de Conciliación y Arbitraje.

La enajenación, el conformismo, la competencia, el consumismo, el ascenso de puestos, son armas de dominación ideológica y material con la que naturalizan la explotación del trabajo. Su instrumento de dominación social, debe ser por ende su instrumento de dominación en las relaciones de trabajo, por lo tanto, el Estado burgués y sus instituciones legislan y elaboran leyes acordes a los requerimientos de explotación y sobreexplotación. Normalizan prácticas laborales que se desarrollan y que violan las mismas legislaciones laborales burguesas, acelerando éstas y generalizándolas, tal es el caso de la flexibilización, la subcontratación y la precarización del trabajo.

Son arduas las tareas a desarrollar en este sector, precisamente porque la burguesía se ensaña más con nosotros por el temor que le infunde que nos unamos, que nos organicemos, que estudiemos teoría revolucionaria, que construyamos sindicatos democráticos y de clase, es precisamente porque estamos en la piedra angular de la acumulación capitalista y la generación de ganancias.

Tenemos que hacer de los sindicatos, un instrumento que sirva para la lucha contra los problemas que nos impone el capital y para la liberación total del trabajo. Nos corresponde la responsabilidad histórica de sacudirnos de toda la escoria del capital, de iniciar y desarrollar la construcción paciente de las corrientes de trabajadores revolucionarios que darán cause a la democratización y creación de sindicatos al servicio de los trabajadores.
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