Entre más se incrementa la agresión legal y extralegal del régimen, cuanto más se afirma su política de reformas estructurales y la intransigencia por arrebatar al trabajador todos sus derechos, más crece la necesidad de lucha. Es la política actual de la oligarquía financiera, ahora en su nueva escalada calcada de la ley patriótica norteamericana para imponer el fascismo en México, la que lleva al pueblo a levantar su voz en contra.
El país se asienta sobre una situación cada día más inestable, tiempo en el cual el régimen podía asegurar su marcha y consenso social viene agotándose, como podemos ver esto no significa que deje de forzar los acontecimientos, ni mucho menos que sus fines en política y economía deje de apuntalarlos, sirva de muestra el impulso de sus reformas y el contubernio con sus diversos partidos.
A lo que puede juzgarse por los acontecimientos y las condiciones generales del país, el régimen con sus distintos poderes marcha a la inestabilidad político-social, a los golpes de inicio de año contra la tortilla, al lento proceso inflacionario, ahora se le agrega el aumento en puerta en combustibles y transportes. Esto es parte de la anarquía inevitable del capitalismo, pero que en aras de mantener la confusión se esfuerza por destacar como única perspectiva para seguir imponiendo sus diversas medidas.
La oligarquía financiera incluso comienza a apuntarse contra sí recrudeciendo su propia lucha de facciones bajo el espectáculo de la toma de medidas “antimonopolio” y contra los “excesos” de la propuesta oficial de reforma fiscal.
En lo que respecta a los imperialistas, estos se colocan en la situación propiciando afirmar su propia estructura estatal de mando sobre nuestro país, presionan extremadamente para que sus socios mexicanos cedan terreno en la esperanza de que les abrirán perspectivas comerciales, de hecho la operación de Washington, en primer lugar, sobre el régimen, sus dependencias y algunas áreas de la vida nacional son ahora elementos constantes en la vida de nuestro país.
Así se agrupan las fuerzas del capitalismo, en la desenfrenada carrera de explotar, oprimir a la vez que impedir un trastorno de las condiciones sociales por vía del movimiento de masas. Aún a sabiendas de que los trabajadores no estamos satisfechos con la situación, pregonan una paz, una armonía social, una libertad e igualdad que ya nadie se cree, Calderón y los suyos se presentan cual fascinados entusiastas del neocolonialismo, creen tener segura la historia futura del capitalismo, manipulan con la falsa de que la economía avanza, fanfarronean con el supuesto de que tienen a todos de rodillas, e inflan su politiquería de contubernios como el ABC para lidiar con cualquier movimiento popular, pero nada hay de seguridad en cuanto se apuntala la inagotable sed de lucha de los de abajo, las acciones transcurren por todo el país, pequeñas y grandes jornadas se preparan.
La realidad nacional opresiva para las mayorías, por sus condiciones de vida y trabajo, está describiendo las bases sociales de un nuevo y más amplio proceso de luchas, tal proceso lo comienzan a caracterizar las aspiraciones por superar la situación económica, los intereses por democratizar la vida del país, la lucha abierta contra los monopolios y el perfil de un gobierno revolucionario, cuestiones que sirven de guía para que el proceso adquiera las dimensiones de acumulación revolucionaria de fuerzas.
Es claro que el movimiento enfrenta sus problemas, los retos trazados topan con diversas resistencias internas y externas, mas el avance de la consumación oligárquica va cerrando a aquellas tendencias renuentes a la acción organizada y unitaria en el más alto nivel, las condiciones y los acontecimientos marcan la pauta para que se imponga la movilización masiva de los proletarios, los campesinos, todo el pueblo, cuyas necesidades reclaman salir a las calles sin tardanza.
Dichas bases materiales de la lucha de clases, si las logramos enfocar en las rutas abiertas de la unidad frentista, en las agrupaciones que han tomado fuerza e influencia, si aseguramos su fusión con la tendencia revolucionaria, empujarán su propia ruptura con el régimen y la dirección del proceso en la perspectiva proletaria y popular que se requiere.
Así fuera paliativamente, las posibilidades de la burguesía para resolver cualquiera de los grandes problemas económicos del país, se han agotado, sus recursos están comprometidos en las altas ganancias, su apuesta está en resolver las necesidades fundamentales de esa forma de acumulación de capital. Hoy resulta significativo que hasta la supuesta atención a los más necesitados consolida la doblez propagandista de sentar un tipo de demagogia hacia las masas, al tiempo que las televisoras y radiodifusoras encargadas de difundir tal imagen se quedan con lo fundamental del presupuesto para los pobres por efectos de pagos de publicidad, trátese de las políticas oficiales como de las de supuesta beneficencia privada.
El proceso revolucionario actual gravita en que partiendo de las bases concretas de vida de nuestro pueblo, tenemos la tarea de incursionar a escala nacional con una política que posicione la lucha al nivel del problema de que sus arduos esfuerzos de décadas trasciendan en la pugna de su programa de clase, por afirmarse en el centro de nuevos escenarios de combate por el poder proletario, para lo cual muchas acciones, huelgas, paros, manifestaciones y otras, habrá que desarrollar por doquier al nivel de hechos dirigidos por un Frente Único. |