Analizando la historia de la lucha de clases que corre en estos días, de manera clara surge, no solo la verdad de cuales son los intereses que a cada clase social, partido político los mueve, sino lo más importante: qué clase, qué partido político, qué programa, está en condiciones de dar al traste con el estado de cosas existente y resolver, de fondo, los grandes problemas nacionales.
Veamos solo un ejemplo: el impuesto del 5.5% a gasolina, diesel y gas automotriz. Siendo un impuesto que va a influir de manera grave hacia la inflación económica del país y golpeara a las capas de la mediana y la pequeñaburguesía y de manera contundente a la clase obrera, puesto que impactará a la alza en efecto dominó el sistema de precios de mercancías y servicios de consumo popular y por tanto, en los hechos, reducirá el poder adquisitivo del salario, la ruina y quiebra de los medianos, pequeños productores y servicios.
Queda demostrado que ningún funcionario -y no se puede esperar otra cosa de ellos-, de los distintos niveles de gobierno municipal, estatal o federal, ha salido a defender los intereses de los trabajadores y el pueblo. Las declaraciones de Guillermo Ortiz , Gobernador del Banco de México y de Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, solo son palabrería que sugieren que el primero, no ha sido tomado en cuenta para introducir este impuesto y que le asusta que el Ejecutivo Federal y el Congreso de la Unión, pongan en riesgo “la estabilidad macroeconómica” que él, junto con otros neoliberales desde el sexenio de Miguel de la Madrid, vienen cuidando a favor de los monopolios y del imperialismo, y el segundo, sabiendo que una nada despreciable porción de ese impuesto irá directamente a las arcas de las finanzas de cada entidad federativa en proporción directa al consumo de esos combustibles, solo alcanza a decir que no está de acuerdo con dicho impuesto “porque afecta a la población”, para efectos propagandísticos electoreros.
Queda también demostrado que ningún partido político y sus personeros como el PAN, PRI, PRD, PANAL, Convergencia, PT con escaños en el Congreso de la Unión y otros de la misma calaña con curules en los congresos estatales, han salido a defender la economía popular frente a esta declaración de guerra contra la vida del pueblo. El PRI, sólo ha alcanzado a sugerir, en un cálculo electorero criminal, que sea el PAN, quién cargue con la paternidad de tal impuesto, pero que ellos gustosos lo van a aprobar a cambio de la reducción del 30% de las tarifas eléctricas -solo para empresas e industria- y no para el consumo de toda la población y que el nuevo CETU o ITU disminuya en la misma proporción al aumento de estos hidrocarburos. ¿Y el PRD? Engolosinado con la reforma electoral, sólo alcanza a decir que votará en contra.
Los charros y neocharros, cruzados de brazos y dejan manos libres a gobiernos, partidos políticos y capitalistas, para que actúen libremente.
Los capitalistas y los imperialistas, que son los realmente dueños de gobiernos y partidos políticos del régimen, ven con agrado, que sus intereses, están siendo celosamente custodiados.
Ante este escenario, los obreros, campesinos pobres, amplias masas populares, nos damos cuenta de que solo de nuestra independencia de clase, de nuestra organización, de nuestra lucha, podrán venir mejores días para nuestra vida.
Desde todas las trincheras de la convergencia nacional de oposición proletaria y popular contra este régimen de opresión, hambre y miseria, construyamos el Frente Único del pueblo. Desde la Convención Nacional Democrática, el Diálogo Nacional, La Otra Campaña, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, el Frente Nacional Contra la Represión, nuestra respuesta debe ser de lucha y disposición al combate.