Número 243 semana del 03 al 09 de septiembre de 2007

Frente Único ante el fascismo

La ofensiva que está desatando el fascismo encabezado por el PAN busca acrecentar y afianzar más el poder económico y político de los monopolios en nuestro país, con una descarada intervención del imperialismo a través del Plan México.

Las fuerzas de la oligarquía, buscan aliados o subordinados actores, como el reformismo, la socialdemocracia y el oportunismo, principalmente dentro de la clase obrera y los campesinos-indígenas pobres, coptándolos entregándoles recursos, desmovilizándolos y golpeando al movimiento independiente y revolucionario. Usando la propia fuerza de estas organizaciones, por su influencia y control entre los explotados, para confrontarlas con las fuerzas democráticas, revolucionarias y comunistas, buscando infringir una derrota para prolongar su reinado de clase, por otros largos años más. Estas organizaciones se mueven y exhiben su fuerza, para dosificar la mañosa conciliación y la recurrente traición a las masas trabajadoras del campo y la ciudad. Hoy amenazan, chantajean a sus amos, para mañana arrodillarse miserablemente por unas cuántas monedas de cobre, o por algunos espacios del vedetismo político.

La clase obrera continúa bajo un férreo control corporativo, una dispersión y desarticulación desde sus sindicatos. Los charros y los neocharros usan la fuerza de las masas para sus pugnas internas, para ofrecer sus servicios a sus amos y para mantener la división de la clase. Las fuerzas sindicales o corrientes que empujan la lucha contra el charrismo y la patronal, lo siguen haciendo con debilidad y sectarismo, aisladamente. Eso ha impedido que la reforma del IMSS, no se haya echado abajo; que la Ley del ISSTSE, haya avanzado en su aplicación y que se preparen en paquete las otras reformas estructurales. Sin embargo, las masas de los diferentes gremios, ante la agresión del capital están desarrollando y desatando una nueva actuación movilizándose en las calles. Así lo muestran sectores del IMSS, del ISSSTE, del STUNAM, Tranviarios, etc., que van desarrollando una iniciativa política de actuación que se viene reflejando en los procesos unitarios del Diálogo Nacional, el Consejo Nacional de Huelga y el Frente Sindical Mexicano, principalmente.

Por el lado de las masas campesinas indígenas pobres, la organización y movilización está más debilitada, debido al control y desmovilización de las tradicionales fuerzas que siempre les han dado proyectos productivos y menos conciencia de clase. Las pasadas movilizaciones con Fox y Calderón, han mantenido la misma esencia, “ser escuchados e incluidos en el reparto de los recursos”, que no es malo, pero que estas fuerzas lo han hecho más en su propio beneficio que por la lucha contra el capitalismo.

La puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en el 2008, para el campo en algunos productos, aunque en la práctica se viene aplicando discretamente, tiene una buena entrada, además beligerante de estas organizaciones que han planteado su “rechazo total y contundente” para finalmente rendirse con una buena y jugosa “renegociación de ésta en beneficio de los campesinos”. En este escenario, las cosas pintarán peor para las masas campesinas pobres y medias, que acelerarán la ruina de los que sobreviven, proletarizará rápidamente a los que para allá iban; fortalecerá el monopolio de la tierra, como viene sucediendo y se desatará un brutal despojo de la que queda en su carácter social, ejidal y comunal.

La debilidad de las fuerzas democráticas y revolucionarias en el movimiento obrero y campesino, su dispersión y la falta de táctica unitaria, como su sectarismo, han abonado a que la situación sea menos favorable para el movimiento en general y se plantee tareas de inicio, que en otras condiciones ya tuviéramos mínimos avances. La poca fuerza de las organizaciones revolucionarias y comunistas, frente a estas clases coloca al movimiento en una tarea necesaria e impostergable: desarrollar una política de influencia y crecimiento ardua y constante, luchando por las reivindicaciones económicas y políticas más sentidas de las masas, que las organice, las movilice, les haga sentir la necesidad de su unidad, como por la revolución y el socialismo.

Ante este escenario complicado para los trabajadores del campo y la ciudad, y de la falta de consistencia de las propuestas agrarias revolucionarias, la tarea de este periodo es la de desarrollar también la más amplia, flexible y revolucionaria política de alianzas en la clase obrera a través del Frente Único Proletario. En las masas campesinas-indígenas pobres, agitar sobre las consecuencias desastrosas que seguirá acarreando el TLCAN, la necesidad de realizar su rechazo de manera consecuente y de clase. De desarrollar una propuesta alternativa democrática y revolucionaria para el campo, retomando el Programa Mínimo no Negociable, que sea el programa agrario de los pobres del campo y los campesinos medios arruinados. Que se trabaje un proyecto frentista amplio, nacional, que abarque a los jornaleros, los campesinos-indígenas pobres y a los campesinos medios, que prepare la respuesta organizada, movilizada de estas clases y sectores de clase del campo, que también sepa arrancar las demandas inmediatas correspondiéndolas al proceso general de lucha que se desarrolla actualmente a través de diferentes procesos unitarios.

Es necesario vincular, organizar y centralizar todos estos esfuerzos, desarrollar la unidad de la mayoría de los trabajadores del campo y la ciudad, de los explotados del país. De construir un Frente Único donde estén los obreros y los campesinos como fuerzas fundamentales del proceso.

Nuestra política de Frente Único, no cancela ni concilia la lucha ideológica, esto es parte del proceso, lo importante es saber dar esa discusión una orientación sobre la base de las propuestas de construcción unitarias y de movilización, que apuntalen el plan acción que se ha trazado desde el Diálogo Nacional y el Consejo Nacional de Huelga, que abarca hasta enero. Seguirlo llenando de contenido rumbo a la Huelga General, con la salida de Calderón, la abrogación de la ley del ISSSTE, del IMSS, contra las reformas estructurales; por la salida de los presos y desaparecidos políticos, contra la construcción de la presa La Parota, la minera San Javier y los proyectos inmobiliarios en Xoxotla; por el Proyecto de Nación Alternativo al Neoliberalismo, rumbo a la Asamblea Nacional Constituyente Proletaria y Popular y a la República Democrática y Popular.

Lograr ese objetivo, tiene que pasar por la importante participación mayoritaria de la clase obrera y de las demás clases explotadas, aunque aún estas se muevan en los límites de la democracia burguesa, en eso consiste el papel de las fuerzas revolucionarias comunistas de influirlas y dotarles de su contenido de clase para la revolución y el socialismo.
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