Número 243 semana del 03 al 09 de septiembre de 2007
Un organizador colectivo contra el régimen

Las tareas para el movimiento revolucionario en nuestro país son difíciles; estamos conscientes, así mismo, de los alcances que tiene actualmente para desplegar su política y su propaganda. La magnitud de los medios masivos de comunicación y en sí de todas las formas de dominación ideológica de la burguesía se despliegan al máximo, crean temas o problemáticas, difunden sesgadamente o silencian noticias, todo ello con fin de desviar la atención de los problemas cardinales que afectan a las masas trabajadoras y populares.

Para nuestro Partido, dentro de sus tareas cotidianas, ha impulsado, el que la clase obrera cuente con una tribuna para difundir sus problemáticas, con un órgano de información verídica de la realidad; tenemos claro que este instrumento de la prensa revolucionaria debe ser además de un propagandista de las ideas emancipadoras, un agitador de las tareas inmediatas y tácticas, y convertirse en un organizador de nuevos revolucionarios. La tarea es, pues, dotarse de un periódico nacional a la altura de las necesidades del movimiento.

Desde febrero del año en curso, de manera sencilla y humilde, nos hemos dado a la tarea de reforzar nuestro Órgano Central, el periódico Vanguardia Proletaria (VP). No ha sido fácil, pero creemos que el mayor merito alcanzado es haber mantenido de manera semanal su edición, de haber logrado que el análisis de clase estuviera presente en procesos de gran trascendencia para la lucha de clases, de que la perspectiva marxista-leninista nos haya orientado en nuestro trabajo que impulsamos en distintas regiones del país. Sin embargo, siempre hay que mirar hacia adelante, seguir con el fortalecimiento del periódico leninista.

Nuestro norte es la revolución proletaria. La organización simultanea a nivel nacional depende de la labor de agitación política, dirigida a todos los aspectos de la vida de las masas populares, para esta labor es necesario, decía Lenin, un periódico nacional que además salga de manera regular. Es por ello que semana tras semana tenemos que seguir asegurando nuestro VP.

Vemos que en estos meses de trabajo como semanario las constantes en el régimen ha sido su endurecimiento, la descomposición de sus instituciones, la corrupción, la militarización, la violación sistemática a los derechos humanos, la represión, reformas y legislaciones antiobreras y antipopulares; en otras palabras: el despliegue de la ofensiva feroz del capital sobre el trabajo. El Estado burgués mexicano ha hecho uso de todos sus recursos para menguar y atomizar la lucha de los trabajadores y del pueblo por la defensa de sus derechos y conquistas históricas, de mejoras laborales y de vida, de sus aspiraciones democráticas y revolucionarias; ha dado continuidad a la fascistización de la política nacional y la criminalización de la protesta.

El movimiento proletario y popular ha resistido todo este embate de los representantes de la oligarquía financiera nacional e internacional, ha salido avante –aunque en ocasiones muy desgastado y golpeado– pero ha tenido que soportar, también, los esbirros al interior del movimiento: los charros, los oportunistas, los caciques, los izquierdistas. Ha tenido que sortear una táctica unitaria correcta cada vez que tratan de conciliar tendencias oportunistas que desvían a las masas de trabajadores de sus objetivos táctico-estratégicos, que con una fraseología revolucionaria se insertan en el movimiento tratando de influenciar con políticas y teorías de la pequeña burguesía, haciéndole juego –en varias de las ocasiones- a los intereses de los monopolios.

La experiencia acumulada en nuestro movimiento proletario y popular recoge lo mejor de sus procesos de organización y combate: la unidad en la acción, la táctica flexible, la política de alianzas amplia, los métodos y formas de lucha que contribuyan al movimiento, la madurez política de diálogo y diplomacia; sin embargo, siguen prevaleciendo viejos problemas al interior del movimiento: economicismo, gremialismo, hegemonismo, izquierdismo, caciquismo… Mas la lucha de clases no se detiene, los bríos de protesta y movilización en las calles avanzan por todos los rincones del territorio nacional, recogiendo nuevas tareas, nuevos escenarios y asimismo las nuevas ofensivas del Estado.

Ha pasado ya la expectativa –tan sonada en los medios masivos de comunicación– del informe presidencial, cuando a la par se cocinaba la reforma fiscal y electoral; mientras en la élite del poder gubernamental se hacían votos por representar los intereses de la oligarquía financiera. Para avanzar en estas contiendas, el régimen, buscará seguir fortaleciendo sus órganos represivos y de control, cohesionando su unidad en el interés de la maximización de ganancias, a sabiendas que lo conseguirán con la sobreexplotación, la anulación de las prestaciones y de la seguridad social, de despojar a los trabajadores de su patrimonio para jinetearlo. Para conseguirlo saben que necesitan desplegar toda su ofensiva contra nosotros, los trabajadores.

Se ha “orquestado” -desde el gobierno federal hasta los formadores de opinión pública (medios masivos de comunicación, intelectuales, “opinólogos”, etc.)-, tomar el titubeo y miedo a dar la cara al pueblo, y al debate de las acciones de su gobierno, como muestras de un “avance histórico en la democracia” de nuestro país. Donde argumentan que se ha desbaratado el viejo esquema del presidencialismo priista, crean un nuevo escenario –versus panista– del monólogo perfecto donde no pueda haber alguna objeción al Informe, pues como la habrá si el acto protocolario se realizo con invitados que privilegiaban un derecho de admisión.

Salta a simple vista que nos espera más de lo mismo, mas esto no será así; entre letras se deja ver la fascistización del régimen, como lo remarca en la lucha por recuperar territorios “apoderados” por grupos criminales, refiriéndose a la APPO y recientemente al desalojo de los maestros democráticos de los locales sindicales en Baja California Norte.

Resalta asimismo, la mentira, tan recurrente de la política burguesa. Veamos dos ejemplos: los estudiantes de bachillerato se preguntarán, ¿si es cierto que 1 de cada 2 estudiantes de este nivel cuentan con beca federal? ¿Porqué ni ellos ni sus hermanos o amigos no cuentan con esta?; o mientras se sigue aludiendo a la competitividad y competitividad se golpea a los trabajadores y sindicatos, toda vez que no se cumple de manera real la creación de empleo permanente, que brinde una estabilidad y asegure el sustento al trabajador, vemos que el 40% de los trabajos creados son temporales, con sindicatos patronales –en el mejor de los casos-, y con condiciones flexibles y precarias, pero sigue creciendo el trabajo informal que en términos reales continúa siendo una parte del ejercito industrial de reserva toda vez que continúa esperando ingresar a las filas del trabajo que le proporcione seguridad social.

Tener presente esto es concebir que nuestras tareas de agitación, de propagandización, de organización; en si, nuestra labor de activista y de militante cotidiana debe encausarse a la unidad de todo el pueblo y de sus organizaciones combativas en una política de frente único. Bien sabemos que nos quieren seguir teniendo aislados, divididos y en competencia, para no conseguir dar un golpe certero y contundente a su política reaccionaria.

Ahora confirmamos que su objetivo es “transformar a México”, en el “imperio de la ley” que asegure la estabilidad y confianza que les permita a los grandes monopolios, a la gran oligarquía financiera, implantar su paraíso del capital, de la especulación financiera, de la concentración y centralización del capital, de la maximización de las ganancias. Para ello, hablo claro Calderón: “necesitamos las reformas profundas”; y el método será contar con sindicatos responsables charros y blancos, que practiquen la conciliación de clases y el control patronal-; y continuar con el despliegue de la batalla “dura y dolosa” contra el crimen organizado. En síntesis, se hace énfasis en aplicar toda la “fuerza del Estado” contra todo aquel que pretenda defender sus derechos y sus intereses de clase.


Es por ello que en un mediano plazo debemos arribar a la consolidación real de la unidad en el movimiento proletario y popular, y en la atracción al movimiento de los grandes sectores del pueblo inconformes pero desmovilizados.Las tareas para el movimiento revolucionario en nuestro país son difíciles; estamos conscientes, así mismo, de los alcances que tiene actualmente para desplegar su política y su propaganda. La magnitud de los medios masivos de comunicación y en sí de todas las formas de dominación ideológica de la burguesía se despliegan al máximo, crean temas o problemáticas, difunden sesgadamente o silencian noticias, todo ello con fin de desviar la atención de los problemas cardinales que afectan a las masas trabajadoras y populares.

Para nuestro Partido, dentro de sus tareas cotidianas, ha impulsado, el que la clase obrera cuente con una tribuna para difundir sus problemáticas, con un órgano de información verídica de la realidad; tenemos claro que este instrumento de la prensa revolucionaria debe ser además de un propagandista de las ideas emancipadoras, un agitador de las tareas inmediatas y tácticas, y convertirse en un organizador de nuevos revolucionarios. La tarea es, pues, dotarse de un periódico nacional a la altura de las necesidades del movimiento.

Desde febrero del año en curso, de manera sencilla y humilde, nos hemos dado a la tarea de reforzar nuestro Órgano Central, el periódico Vanguardia Proletaria (VP). No ha sido fácil, pero creemos que el mayor merito alcanzado es haber mantenido de manera semanal su edición, de haber logrado que el análisis de clase estuviera presente en procesos de gran trascendencia para la lucha de clases, de que la perspectiva marxista-leninista nos haya orientado en nuestro trabajo que impulsamos en distintas regiones del país. Sin embargo, siempre hay que mirar hacia adelante, seguir con el fortalecimiento del periódico leninista.

Nuestro norte es la revolución proletaria. La organización simultanea a nivel nacional depende de la labor de agitación política, dirigida a todos los aspectos de la vida de las masas populares, para esta labor es necesario, decía Lenin, un periódico nacional que además salga de manera regular. Es por ello que semana tras semana tenemos que seguir asegurando nuestro VP.

Vemos que en estos meses de trabajo como semanario las constantes en el régimen ha sido su endurecimiento, la descomposición de sus instituciones, la corrupción, la militarización, la violación sistemática a los derechos humanos, la represión, reformas y legislaciones antiobreras y antipopulares; en otras palabras: el despliegue de la ofensiva feroz del capital sobre el trabajo. El Estado burgués mexicano ha hecho uso de todos sus recursos para menguar y atomizar la lucha de los trabajadores y del pueblo por la defensa de sus derechos y conquistas históricas, de mejoras laborales y de vida, de sus aspiraciones democráticas y revolucionarias; ha dado continuidad a la fascistización de la política nacional y la criminalización de la protesta.

El movimiento proletario y popular ha resistido todo este embate de los representantes de la oligarquía financiera nacional e internacional, ha salido avante –aunque en ocasiones muy desgastado y golpeado– pero ha tenido que soportar, también, los esbirros al interior del movimiento: los charros, los oportunistas, los caciques, los izquierdistas. Ha tenido que sortear una táctica unitaria correcta cada vez que tratan de conciliar tendencias oportunistas que desvían a las masas de trabajadores de sus objetivos táctico-estratégicos, que con una fraseología revolucionaria se insertan en el movimiento tratando de influenciar con políticas y teorías de la pequeña burguesía, haciéndole juego –en varias de las ocasiones- a los intereses de los monopolios.

La experiencia acumulada en nuestro movimiento proletario y popular recoge lo mejor de sus procesos de organización y combate: la unidad en la acción, la táctica flexible, la política de alianzas amplia, los métodos y formas de lucha que contribuyan al movimiento, la madurez política de diálogo y diplomacia; sin embargo, siguen prevaleciendo viejos problemas al interior del movimiento: economicismo, gremialismo, hegemonismo, izquierdismo, caciquismo… Mas la lucha de clases no se detiene, los bríos de protesta y movilización en las calles avanzan por todos los rincones del territorio nacional, recogiendo nuevas tareas, nuevos escenarios y asimismo las nuevas ofensivas del Estado.

Ha pasado ya la expectativa –tan sonada en los medios masivos de comunicación– del informe presidencial, cuando a la par se cocinaba la reforma fiscal y electoral; mientras en la élite del poder gubernamental se hacían votos por representar los intereses de la oligarquía financiera. Para avanzar en estas contiendas, el régimen, buscará seguir fortaleciendo sus órganos represivos y de control, cohesionando su unidad en el interés de la maximización de ganancias, a sabiendas que lo conseguirán con la sobreexplotación, la anulación de las prestaciones y de la seguridad social, de despojar a los trabajadores de su patrimonio para jinetearlo. Para conseguirlo saben que necesitan desplegar toda su ofensiva contra nosotros, los trabajadores.

Se ha “orquestado” -desde el gobierno federal hasta los formadores de opinión pública (medios masivos de comunicación, intelectuales, “opinólogos”, etc.)-, tomar el titubeo y miedo a dar la cara al pueblo, y al debate de las acciones de su gobierno, como muestras de un “avance histórico en la democracia” de nuestro país. Donde argumentan que se ha desbaratado el viejo esquema del presidencialismo priista, crean un nuevo escenario –versus panista– del monólogo perfecto donde no pueda haber alguna objeción al Informe, pues como la habrá si el acto protocolario se realizo con invitados que privilegiaban un derecho de admisión.

Salta a simple vista que nos espera más de lo mismo, mas esto no será así; entre letras se deja ver la fascistización del régimen, como lo remarca en la lucha por recuperar territorios “apoderados” por grupos criminales, refiriéndose a la APPO y recientemente al desalojo de los maestros democráticos de los locales sindicales en Baja California Norte.

Resalta asimismo, la mentira, tan recurrente de la política burguesa. Veamos dos ejemplos: los estudiantes de bachillerato se preguntarán, ¿si es cierto que 1 de cada 2 estudiantes de este nivel cuentan con beca federal? ¿Porqué ni ellos ni sus hermanos o amigos no cuentan con esta?; o mientras se sigue aludiendo a la competitividad y competitividad se golpea a los trabajadores y sindicatos, toda vez que no se cumple de manera real la creación de empleo permanente, que brinde una estabilidad y asegure el sustento al trabajador, vemos que el 40% de los trabajos creados son temporales, con sindicatos patronales –en el mejor de los casos-, y con condiciones flexibles y precarias, pero sigue creciendo el trabajo informal que en términos reales continúa siendo una parte del ejercito industrial de reserva toda vez que continúa esperando ingresar a las filas del trabajo que le proporcione seguridad social.

Tener presente esto es concebir que nuestras tareas de agitación, de propagandización, de organización; en si, nuestra labor de activista y de militante cotidiana debe encausarse a la unidad de todo el pueblo y de sus organizaciones combativas en una política de frente único. Bien sabemos que nos quieren seguir teniendo aislados, divididos y en competencia, para no conseguir dar un golpe certero y contundente a su política reaccionaria.

Ahora confirmamos que su objetivo es “transformar a México”, en el “imperio de la ley” que asegure la estabilidad y confianza que les permita a los grandes monopolios, a la gran oligarquía financiera, implantar su paraíso del capital, de la especulación financiera, de la concentración y centralización del capital, de la maximización de las ganancias. Para ello, hablo claro Calderón: “necesitamos las reformas profundas”; y el método será contar con sindicatos responsables charros y blancos, que practiquen la conciliación de clases y el control patronal-; y continuar con el despliegue de la batalla “dura y dolosa” contra el crimen organizado. En síntesis, se hace énfasis en aplicar toda la “fuerza del Estado” contra todo aquel que pretenda defender sus derechos y sus intereses de clase.

Es por ello que en un mediano plazo debemos arribar a la consolidación real de la unidad en el movimiento proletario y popular, y en la atracción al movimiento de los grandes sectores del pueblo inconformes pero desmovilizados.

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