Se agudiza el peso de los efectos más negativos de la acumulación y centralización del capital, en América Latina: la sobreexplotación de los trabajadores. Ésta se refleja en la reducción de los salarios, eliminación de contratos colectivos, subcontratación, sindicatos de protección, supresión de la seguridad social, privatizaciones, etc. Tales condiciones han implicado la anulación de sindicatos, así como de las propias leyes laborales burguesas, por tal razón vemos en la actualidad las presiones de los monopolios nacionales e internacionales para impulsar reformas antiobreras, que cimienten las condiciones optimas para esta sobreexplotación y la maximización de las ganancias.
Son todas estas condiciones que han generado nuevos bríos en la movilización de los trabajadores. Hay que aclarar que en varias de las ocasiones en que se movilizan los trabajadores son, bajo la promesa de mejorar sus condiciones, a beneficio de un líder sindical reaccionario (charro) o algún sector de la burguesía, como han sido los casos de los mineros en México y Bolivia. Por lo tanto, en estos parásitos que traicionan a los trabajadores, se encuentra un obstáculo para la organización independiente, una vez garantizados sus beneficios y privilegios, desmovilizan a los trabajadores sin que éstos obtengan algún beneficio ocasionando desgaste.
Encontramos, también, grandes sectores de los sindicatos latinoamericanos que (bajo la influencia de la burguesía nacional) promueven foros, convenciones y movilizaciones por la democracia, el fortalecimiento y difusión de gobiernos burgueses anti yanquis. Parte de la labor cotidiana de los sindicatos para lograr mejores condiciones de vida y de trabajo es la lucha por la democratización de los órganos de poder; el problema estriba en que, si esta labor va desligada del objetivo estratégico: la eliminación del trabajo asalariado, se condena a la perpetuación del dominio del capital sobre el trabajo.
Para lograr esta labor, la burguesía introduce diversas formas de control y dominación ideológica entre los trabajadores, el corporativismo –bajo sus diferentes expresiones como lo es en México el charrismo sindical- representa una forma de control.
La competencia y rivalidad entre los trabajadores no sólo de una misma empresa, sino de manera general constituye otra forma de la dominación ideológica burguesa, la cual al imprimir el individualismo egoísta crea la desunión, diseminando la capacidad organizativa de la clase. Bajo estos términos, la burguesía ha lanzado intensas campañas de propaganda donde tratan de dar un doble golpe: a) eliminar condiciones para la unidad sectorial o general de los trabajadores, y b) golpear a los sindicatos que no necesariamente democráticos les crean problemas para desplegar su política más reaccionaria.
La segunda circunstancia se da, en nuestro país, contra aquellos sectores que se movilizan para la defensa de sus condiciones contractuales, diciendo que tienen salarios de “privilegio” y que son los que ocasionan la baja “productividad” y por lo tanto “los bajos salarios en los demás trabajadores”. Es necesario aclarar, que si bien se mantienen con salarios por arriba de la media nacional es porque han defendido su salario contra la inflación y demás reducciones del salario real, mediante la organización y movilización, pero no dicen en sus campañas que aún estos salarios de “privilegio” están por debajo del salario que les alcance para sobrevivir y reproducirse como clase, que les alcance para la canasta básica, para el esparcimiento, la educación, el vestido, etc.
Los constantes golpes hacia los sindicatos han sido de grandes magnitudes al grado de la eliminación de cientos de sindicatos en toda Latinoamérica, más aún, siendo esta una tendencia internacional. Sin embargo, esta labor no ha sido tan fácil para la burguesía, pues aquí y allá se topan con la resistencia de los trabajadores, incluso de sectores que habían estado por decenios inmovilizados.
Para la burguesía la solución a sus problemas la tiene el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como lo expresa Eduardo Lora (ideólogo de este organismo) en la revista BID-América: “los sindicatos no tienen por qué ser necesariamente un estorbo para el funcionamiento del mercado laboral o para el aumento de la productividad…pueden tener una función muy importante dentro de las empresas como canales de información entre la gerencia y los trabajadores y como mecanismos para facilitar la cooperación en el trabajo…reduciendo por consiguiente la incertidumbre, que puede ser muy dañina para la inversión”. Dígase de otra manera, los sindicatos deben de practicar la conciliación de clases en aras de protegerlos intereses capitalistas.
Además, propone como debe realizarse dicha conciliación: “La clave parece haber sido, no el aislamiento o la destrucción de los sindicatos, sino el fortalecimiento de sus mecanismos de coordinación para poder influir en las decisiones nacionales”. Dicha coordinación se llama corporativismo, control de los sindicatos por la burguesía a través de los charros.
Por último, encontramos que la tasa de sindicalización en América Latina es de las más bajas, sumando a esto la tendencia creciente del sindicalismo patronal.
De aquí se desprende necesidad de organizar los sectores marginados de la producción, que los encontramos en el “empleo informal” o simplemente desempleados. En nuestra labor cotidiana es menester tener siempre presente que estos sectores son parte del ejército industrial de reserva, es decir, trabajadores en potencia que esperan la oportunidad para ser contratados; además que éste es un muy amplio sector. Emulemos el trabajo realizado en Argentina en estos sectores. Un posible instrumento puede ser la asamblea de desempleados en el barrio obrero.
Es de gran importancia, como parte de la labor internacionalista, para el triunfo de los trabajadores en los países latinoamericanos, la solidaridad y movilización de los trabajadores dentro de los Estados Unidos, labor cuya importancia cobra mayor envergadura en el caso de México, ya que a parte de desplegar un mayor control geopolítico y económico sobre nuestro país, la migración de fuerza de trabajo activo crea una reserva importantísima de proletariado para la revolución proletaria en México, dando muestras –en los últimos años- de su vitalidad en las movilizaciones contra las leyes antiinmigrantes de ese país.
Las situaciones históricas latinoamericanas han creado similitudes en las tendencias tanto de la ofensiva del capital monopólico contra los trabajadores, como en las respuestas a dicha ofensiva. Tenemos entonces, tareas propias y generales como trabajadores de esta región del mundo: democratización de nuestros sindicatos, combate a las políticas antiobreras, integración de sectores no sindicalizados y del ejército industrial de reserva, luchar por mejores condiciones de vida y de trabajo, construcción de corrientes sindicales revolucionarias, creación de centrales sindicales únicas y de centrales de trabajadores revolucionarios; todo ello encausado a la lucha por la toma del poder político, condición indispensable para el cumplimiento de las aspiraciones de una sociedad más justaSe agudiza el peso de los efectos más negativos de la acumulación y centralización del capital, en América Latina: la sobreexplotación de los trabajadores. Ésta se refleja en la reducción de los salarios, eliminación de contratos colectivos, subcontratación, sindicatos de protección, supresión de la seguridad social, privatizaciones, etc. Tales condiciones han implicado la anulación de sindicatos, así como de las propias leyes laborales burguesas, por tal razón vemos en la actualidad las presiones de los monopolios nacionales e internacionales para impulsar reformas antiobreras, que cimienten las condiciones optimas para esta sobreexplotación y la maximización de las ganancias.
Son todas estas condiciones que han generado nuevos bríos en la movilización de los trabajadores. Hay que aclarar que en varias de las ocasiones en que se movilizan los trabajadores son, bajo la promesa de mejorar sus condiciones, a beneficio de un líder sindical reaccionario (charro) o algún sector de la burguesía, como han sido los casos de los mineros en México y Bolivia. Por lo tanto, en estos parásitos que traicionan a los trabajadores, se encuentra un obstáculo para la organización independiente, una vez garantizados sus beneficios y privilegios, desmovilizan a los trabajadores sin que éstos obtengan algún beneficio ocasionando desgaste.
Encontramos, también, grandes sectores de los sindicatos latinoamericanos que (bajo la influencia de la burguesía nacional) promueven foros, convenciones y movilizaciones por la democracia, el fortalecimiento y difusión de gobiernos burgueses anti yanquis. Parte de la labor cotidiana de los sindicatos para lograr mejores condiciones de vida y de trabajo es la lucha por la democratización de los órganos de poder; el problema estriba en que, si esta labor va desligada del objetivo estratégico: la eliminación del trabajo asalariado, se condena a la perpetuación del dominio del capital sobre el trabajo.
Para lograr esta labor, la burguesía introduce diversas formas de control y dominación ideológica entre los trabajadores, el corporativismo –bajo sus diferentes expresiones como lo es en México el charrismo sindical- representa una forma de control.
La competencia y rivalidad entre los trabajadores no sólo de una misma empresa, sino de manera general constituye otra forma de la dominación ideológica burguesa, la cual al imprimir el individualismo egoísta crea la desunión, diseminando la capacidad organizativa de la clase. Bajo estos términos, la burguesía ha lanzado intensas campañas de propaganda donde tratan de dar un doble golpe: a) eliminar condiciones para la unidad sectorial o general de los trabajadores, y b) golpear a los sindicatos que no necesariamente democráticos les crean problemas para desplegar su política más reaccionaria.
La segunda circunstancia se da, en nuestro país, contra aquellos sectores que se movilizan para la defensa de sus condiciones contractuales, diciendo que tienen salarios de “privilegio” y que son los que ocasionan la baja “productividad” y por lo tanto “los bajos salarios en los demás trabajadores”. Es necesario aclarar, que si bien se mantienen con salarios por arriba de la media nacional es porque han defendido su salario contra la inflación y demás reducciones del salario real, mediante la organización y movilización, pero no dicen en sus campañas que aún estos salarios de “privilegio” están por debajo del salario que les alcance para sobrevivir y reproducirse como clase, que les alcance para la canasta básica, para el esparcimiento, la educación, el vestido, etc.
Los constantes golpes hacia los sindicatos han sido de grandes magnitudes al grado de la eliminación de cientos de sindicatos en toda Latinoamérica, más aún, siendo esta una tendencia internacional. Sin embargo, esta labor no ha sido tan fácil para la burguesía, pues aquí y allá se topan con la resistencia de los trabajadores, incluso de sectores que habían estado por decenios inmovilizados.
Para la burguesía la solución a sus problemas la tiene el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como lo expresa Eduardo Lora (ideólogo de este organismo) en la revista BID-América: “los sindicatos no tienen por qué ser necesariamente un estorbo para el funcionamiento del mercado laboral o para el aumento de la productividad…pueden tener una función muy importante dentro de las empresas como canales de información entre la gerencia y los trabajadores y como mecanismos para facilitar la cooperación en el trabajo…reduciendo por consiguiente la incertidumbre, que puede ser muy dañina para la inversión”. Dígase de otra manera, los sindicatos deben de practicar la conciliación de clases en aras de protegerlos intereses capitalistas.
Además, propone como debe realizarse dicha conciliación: “La clave parece haber sido, no el aislamiento o la destrucción de los sindicatos, sino el fortalecimiento de sus mecanismos de coordinación para poder influir en las decisiones nacionales”. Dicha coordinación se llama corporativismo, control de los sindicatos por la burguesía a través de los charros.
Por último, encontramos que la tasa de sindicalización en América Latina es de las más bajas, sumando a esto la tendencia creciente del sindicalismo patronal.
De aquí se desprende necesidad de organizar los sectores marginados de la producción, que los encontramos en el “empleo informal” o simplemente desempleados. En nuestra labor cotidiana es menester tener siempre presente que estos sectores son parte del ejército industrial de reserva, es decir, trabajadores en potencia que esperan la oportunidad para ser contratados; además que éste es un muy amplio sector. Emulemos el trabajo realizado en Argentina en estos sectores. Un posible instrumento puede ser la asamblea de desempleados en el barrio obrero.
Es de gran importancia, como parte de la labor internacionalista, para el triunfo de los trabajadores en los países latinoamericanos, la solidaridad y movilización de los trabajadores dentro de los Estados Unidos, labor cuya importancia cobra mayor envergadura en el caso de México, ya que a parte de desplegar un mayor control geopolítico y económico sobre nuestro país, la migración de fuerza de trabajo activo crea una reserva importantísima de proletariado para la revolución proletaria en México, dando muestras –en los últimos años- de su vitalidad en las movilizaciones contra las leyes antiinmigrantes de ese país.
Las situaciones históricas latinoamericanas han creado similitudes en las tendencias tanto de la ofensiva del capital monopólico contra los trabajadores, como en las respuestas a dicha ofensiva. Tenemos entonces, tareas propias y generales como trabajadores de esta región del mundo: democratización de nuestros sindicatos, combate a las políticas antiobreras, integración de sectores no sindicalizados y del ejército industrial de reserva, luchar por mejores condiciones de vida y de trabajo, construcción de corrientes sindicales revolucionarias, creación de centrales sindicales únicas y de centrales de trabajadores revolucionarios; todo ello encausado a la lucha por la toma del poder político, condición indispensable para el cumplimiento de las aspiraciones de una sociedad más justa. |