Requerimos una máxima integración por parte de todas las fuerzas en lucha, el tradicional forcejeo, como reserva de la dinámica fragmentada y gremial, debe ceder ante las necesidades urgentes del movimiento. Inclusive las propensiones arcaicas que buscan contener la protesta en sus marcos disueltos, mecánicas de contención sin perspectiva de organización de las masas; tenemos que superarlas, así como debemos superar las concepciones que maniatan los procesos al supuesto independentismo e irresponsabilidad en torno a la tendencia revolucionaria.
Es renunciando a la desintegración de las luchas del pueblo, y superando la ausencia de perspectivas transformadoras de la sociedad, como se abren los nuevos trazos del combate a la burguesía, sus monopolios y sus políticas de Estado, como podemos pasar a una nueva etapa del proceso de acumulación de fuerzas y de la consciencia popular.
Las severidades de la política burguesa llevan al movimiento a superar resueltamente sus viejos problemas, a contribuir en la renuncia de aquellas nociones y estructuraciones sustentadas en el recelo, en la descalificación de todo esfuerzo de organización, en la subordinación a la política pequeño-burguesa a la cola de las distintas tendencias del capitalismo, en el cuestionamiento al extremo tanto en los aciertos como en los errores tácticos de quienes combaten al régimen.
Abocarse a descalificar la lucha de clases y la táctica proletaria ha sido un recurso recurrente de diversas tendencias, cuyo propósito fue siempre llevar al pueblo trabajador al agotamiento de sus fuerzas, arrojándole a la deriva y sujeción a programas de corte socialdemócrata en sus presentaciones más caprichosas. Son problemáticas incrustadas por largo tiempo en el movimiento espontáneo, de muchas formas son sus bases ideológicas para mantenerlo en sus límites.
Las dificultades y tropiezos de nuestro movimiento ya no son motivo para contener o desviar la línea fundamental socialista, al contrario, están convirtiéndose en experiencia viva para enmendar y afianzar las tareas de las clases sociales que soportan la ruina capitalista en cualquier escenario estatal o nacional.
Cuando apreciamos todo tipo de problemáticas no podemos perder de vista los marcos en que suceden, el papel que los burgueses juegan, la labor nefasta de su aparato estatal y sus diversos medios, como tampoco cerramos los ojos ante las dificultades de organización, interpretación, hasta de posibilidades concretas para hacer triunfar en efecto una posición táctica particular en ambientes todavía demasiado complicados donde la burguesía, por lo antes dicho, sabe poner en tensión sus fuerzas descomponiendo algunos procesos y capitalizándolos.
Sigamos por ejemplo los hechos donde la burguesía y todos sus partidos obstruyen diversas acciones de masas (Atenco, Oaxaca, luchas mineras en el norte del país), limitan sus posibilidades de acción legal, restringen sus derechos y traban sus movimientos; a partir de ahí, cuando las cosas son más difíciles y la táctica encuentra nuevos problemas, para el elemento sectario y para los oportunistas mismos resulta fácil calumniar la táctica de los comunistas bajo el cobijo de una labor de sapa y agresión constantes.
¿Queremos decir que hay que renunciar a la crítica y autocrítica de los procesos en lucha?, definitivamente no, pero esta acción ya no puede redondearse en el nefasto interés de mantener a flote el sectarismo y las posiciones que no abonan más que a la congratulación ante los obstáculos que la lucha revolucionaria encuentra a su paso.
Las condiciones actuales y el desarrollo de la lucha de clases en nuestro país destacan con emergencia que debemos enfocarnos en la perspectiva unitaria de consolidar las próximas acciones huelguísticas afianzando el terreno conquistado, sin detenernos por el hecho de enfrentarnos a diversos problemas en que los trabajadores y sus organizaciones aún llegan a estar bajo el influjo de la política socialdemócrata, antes al contrario, fijándonos la meta de contribuir a su superación en el marco de la atención concreta en miras a ganar su adhesión a la acción abierta por sus intereses de clase, aún cuando tengamos que lidiar con instancias todavía conectadas sea al oportunismo, la política gran burguesa o el corporativismo.
Se dan casos en que las organizaciones pueden equivocar la ruta o concentrarse en obtener resultados prácticos en organizaciones aún dominadas por la política legal burguesa o el charrismo, a pesar de ello, mal harían los revolucionarios en renunciar de primera instancia a realizar su labor u obtener ventajas sobre conquistar mejores condiciones de derechos y luchas para los trabajadores.
Nuestra labor consiste en hacer avanzar el movimiento, en que éste adquiera la habilidad de aprovechar todo espacio, toda oportunidad, cualquier escenario que nos asegure aún en lo mínimo, una ligera ventaja para futuras acciones.
Sin duda esto no es todo, hoy es visible que los procesos no se crean de la noche a la mañana, que se debe trabajar constantemente, debemos perseverar por cambiar la realidad a favor de los explotados y oprimidos, para ello hay que abrirnos paso en donde quiera que las condiciones nos lo permitan. Puede cuestionarse unos u otros problemas, pero ante todo los comunistas nos afirmamos al seno de la clase obrera, los campesinos pobres y sectores populares, sostenemos sus banderas que son las nuestras, destacamos nuestra política proletaria.
La burguesía bien puede llegar a manipular y encubrir sus posiciones, incluso puede confundir a diversos sectores en el objetivo que los comunistas perseguimos con nuestra táctica, pero ahora que nuestras posiciones se funden en el campo del frente único con nuevas fuerzas que luchan por plasmar los intereses populares y proletarios, debemos saber mancomunar esfuerzos para que en estos mismos terrenos desenmascaremos los propósitos burgueses y ayudemos a superar las limitaciones dogmáticas y estrechas que aún subsisten, preparando las bases de éste movimiento consciente.
Los problemas en el trabajo revolucionario a muchos les ha parecido una oportunidad para regresar a la vieja política de resistencia sin perspectivas mayores que la defensa de la simple supervivencia de pequeños cotos de poder; insistimos en que todo incluso esa claudicación son las muestras definitivas de que el sistema capitalista a pesar de sus maniobras debe ser destruido.
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