Número 240 semana del 13 al 19 de agosto de 2007

En Baja California
La reacción se impone

En las pasadas elecciones pudimos constatar la abierta separación de la política burguesa con respecto de los intereses populares. En ellas hubo una constante: el control de las masas empobrecidas que aún conservan, por diferentes o similares medios, los grandes partidos de los empresarios y de los negocios, incluyendo el narcotráfico.

La prensa burguesa auguraba una reñida contienda, que se definiría por muy poco margen; mientras anhelaba que el abstencionismo se redujera considerablemente. En la noche del 5 de agosto ya estaba todo claro. La influencia conservadora de la burguesía entre las masas y diversos sectores de la pequeña burguesía se había inclinado por José Guadalupe Osuna Millán, del PAN, por una diferencia de votos aproximada a los 40,000. El PAN también se queda con 4 de las 5 municipalidades y arrasa con las representaciones directas en el Congreso local.

En un primer momento de la campaña electoral, Jorge Hank Rhon pareció capitalizar el descontento popular que han generado 18 años de gobierno del PAN, sin embargo, esto no quita que la victoria panista sea –como hubiera sido el caso de una victoria priista –una derrota para el pueblo. Algunos sectores oportunistas, se aliaron al PRI, la misma dirección del Partido del Trabajo –tres días antes –partiendo de la idea de la componenda y del deseo de acceder a futuras migajas declinó su candidatura para la gubernatura a favor de Jorge Hank. Por otro lado, el PAN dio golpes certeros al partir el corporativismo priista en dos.

El Instituto Estatal Electoral declaró que fue una jornada limpia, cívica y en paz. En realidad, el circo de los empresarios por legitimar un siguiente gobierno que –independientemente de los colores que porte– seguirá sirviéndolos, se mostró por demás obvio: intervención de maestros gordillistas a favor del PAN, tiroteos en una de las casillas, instalación tardía de prácticamente todas las urnas en Mexicali que amenazó con hacerlas nulas, errores técnicos en todas las casillas especiales, ausencia masiva de funcionarios de casilla y sustitución por profesionales del Instituto Federal Electoral, además de un abstencionismo cercano al 60%.

Nunca fue tan obvia la falta de una verdadera opción popular para los trabajadores y sus familias en el proceso electoral. A donde se volteara se veía lo mismo: Hank y Osuna clamando por ejercer mano dura contra los diversos grupos de narcotraficantes y del crimen organizado que al mismo tiempo cada uno protege; promesas panistas de nombrar a un militar al frente de la policía y de hacer irrumpir al ejército en las colonias populares; viejos “militantes de izquierda” en el movimiento urbano-popular, ahora corrompidos y poniendo a los trabajadores corporativizados a favor del respectivo partido burgués; o empresarios como candidatos en el PRD.

El triunfo arrasador del PAN no es un triunfo popular, es un triunfo minoritario demostrado en los índices de abstencionismo, el triunfo de Hank significaba otro tanto de lo mismo, pero con sus particularidades.

Para las masas, el problema no recae en si perdió tal o cual candidato, o si con la derrota del PRI se esfuma la posibilidad de mejores condiciones de vida y de solución a problemas reales de los trabajadores y sus familias. El problema principal es que en Baja California miles de trabajadores y explotados se hayan divididos y atomizados en partidos que en nada representan a sus intereses. Sujetos a los caudillos de esos partidos, marchan a la cola de intereses de clase muy distintos a los suyos y terminan siendo simplemente un número de votos para determinada propuesta electoral de los explotadores.

Miles de proletarios que participaron en el proceso electoral carecen de una organización que les ayude a luchar por mejores condiciones de vida, de trabajo y de estudio; que les ayude a comprender que su destino y su vida no pueden depositarse en las manos de los empresarios.

Esta experiencia y las que vendrán no hacen otra cosa que poner al centro la necesidad, el que los proletarios tengan sus propias organizaciones, instrumentos de lucha y sus propios representantes venidos de sus filas.

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