Número 236 semana del 16 al 22 de julio de 2007

En Morelos

Migración

Entre la década de los treinta y los cuarenta, campesinos de los estados de Guerrero y de México ingresan a Morelos para incorporarse a los solicitantes de tierra en las ampliaciones ejidales, o al menos para trabajar en las tierras. Posteriormente, a partir de los cincuenta, la ampliación del mercado nacional de hortalizas y la proliferación de cultivos comerciales en tierras morelenses impulsaron el movimiento de jornaleros agrícolas desde regiones marginadas, como la Mixteca de Oaxaca y la Montaña de Guerrero.

En los años siguientes se originaron flujos de migración desde los pueblos rurales hacia las grandes urbes, de la misma manera que las cabeceras municipales concentraron mayor población que los pueblos circunvecinos, ante el crecimiento de los sectores de servicios e industrial que ofrecieron empleos.

Con este incremento, la población del estado se ha transformado, pasando de ser eminentemente rural a predominantemente urbana, pues hasta los años cuarenta la población rural representaba tres cuartas partes del total, entre 1959 y 1960 llegó a ser de casi 50%, para el censo de 2000 se registró en sólo 17%. Actualmente, 25% de la población morelense habita en localidades rurales.

La vida rural en Morelos se ha ajustado a los cambios agrarios y a la disminución de las políticas gubernamentales de impulso a la producción agrícola, situación que en general vive el país, y que se une la proletarización del estado, así como a los múltiples procesos de intensificación de la presión sobre los recursos de los campesinos por las vías del crecimiento de los centros urbanos, el aumento de los fraccionamientos en el norte del estado, los corredores industriales, la construcción de carreteras federales y estatales, un aeropuerto federal, etc. Es decir, la relación desigual se ha acentuado, y se refleja en las grandes dificultades para obtener retribución económica de la actividad agrícola, así como en el deterioro de vida de las familias rurales y comunidades, frente a una condición de disminución de las tierras laborables y restricción del acceso a la tierra de la mayoría de los campesinos. Ante esto, las familias campesinas buscan alternativas para subsistir dentro de las posibilidades que ofrece la cercanía y gran demanda de fuerza de trabajo por parte de los sectores industriales y de servicios en las zonas cercanas a las rurales.

Dicha movilidad también incluye la migración hacia Estados Unidos, esta se ha dado desde hace 30 o 40 años. Este fenómeno tiene distintos pesos en cada región y comunidad, lo que se refleja en los datos del número de hogares con actividad migratoria o que reciben remesas de Estados Unidos; en los municipios del noroccidente de Morelos se calcula un promedio de 7.45%, entre los ubicados en los valles centrales 7.0%, los del nororiente 10.6%, los del poniente 14.6% y los municipios ubicados en el oriente sur 16.5 por ciento.

Los campesinos se ven obligados a desarrollar otras actividades remunerativas no agrícolas que les permitan obtener los ingresos económicos complementarios que se requieren para solventar los gastos de manutención. La inestabilidad laboral es causa de que la demanda de trabajo no agrícola de las comunidades no sea satisfecha, por lo que las búsquedas se amplían hacia distancias más amplias y la movilidad es más intensa; aquí se incluye el cambio de residencia temporal o definitiva.

Las industrias textiles, llanteras y automotriz de Cuernavaca han sido receptoras de mano de obra campesina desde su instalación, y actualmente los habitantes del poniente de Morelos continúan recurriendo a las mismas. Estas les ofrecen la ventaja de tener cierta estabilidad en el trabajo, aunque en realidad se aprecia el poder tener servicio médico para ellos y para su familia. También acuden a otros tipos de empleo en zapaterías, taquerías, fondas, maquilas pequeñas, lavanderías, o en el comercio de productos varios en distintos lugares.

El régimen no es capaz de dar solución a la problemática urgente que se extiende sobre el conjunto de la población, más aún justifica sus posiciones y aplaude que por un lado se abandonen las tierras de cultivo, pues facilita la inversión de los grandes monopolios nacionales y extranjeros a la construcción e inserción de sus dinámicas capitalistas en estos espacios.

Crece la lucha de los 13 pueblos del sur

El pasado 7 de junio se realizó en el municipio de Cuautla, Morelos, la Tercera Asamblea de Pueblos, que contó con la asistencia de más de 20 comunidades, pueblos y organizaciones políticas, populares, juveniles y de derechos humanos; teniendo como principales convocantes a los 13 pueblos de sur del estado que son afectados con la construcción de más de 25 mil casas en torno al manantial Chihuahuita, del cual se abastecen y que hace un mes, tras el bloque de diferentes vialidades al sur de Morelos, fueron víctimas de la brutal violencia por parte de Marco Adame, gobernador del estado.

Como resultado de esta serie de reuniones, se ha resuelto: 1.- La más férrea unidad entre todos los pueblos, frentes y organizaciones de Morelos en lucha por la defensa de su territorio, sus recursos, sus derechos y contra la represión, y; 2.- La convocatoria al 1er Congreso de los pueblos de Morelos a realizarse los 28 y 29 de julio en Xoxocotla, Morelos.

La lucha emprendida por estos pueblos, compuestos en su mayoría por campesinos, jornaleros y obreros de la construcción, así como la convocatoria al 1er Congreso de los pueblos de Morelos, su incorporación al movimiento general en el estado, los hilos de unidad que se va tejiendo con los sectores en lucha ha venido a dar nuevos bríos a la lucha popular.

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