Número 235 semana del 09 al 15 de julio de 2007

¿Estudio o trabajo?
La educación pública mermada para estudiantes pobres

Es común hoy en día la deserción escolar masiva, principalmente a partir del nivel de estudios secundarios, en los pocos jóvenes que han logrado acceder a la educación; según un estudio del propio Instituto Mexicano de la Juventud -dependencia gubernamental-, el 42% de los jóvenes que deja de estudiar lo hace por tener que trabajar, es decir, la falta de recursos monetarios, así como la ruina económica en la que normalmente viven con sus familias los obliga a buscar un empleo para completar el gasto familiar, el cual obviamente no alcanza para financiar la educación de los hijos.

La educación en México, entonces no es tan pública y gratuita como el gobierno alardea, todo lo contrario, en los últimos años la matrícula escolar a nivel nacional se reduce más y más, basta con ver el raquítico 10% de aspirantes que ingresan a la Universidad Nacional Autónoma de México y el 90% que simplemente se queda fuera. A propósito de los últimos exámenes de selección que se dieron el mes pasado para el ingreso a la educación media superior y superior, ya desde el ilegal examen socio-económico puede observarse el ansia por saber quien si podrá sostener su educación y por tanto quien la obtendrá.

La privatización parcial de la educación en México es un hecho innegable, tanto por su elevado costo para la mayoría de la población trabajadora y su cada vez más limitado acceso como por su conversión real en un mercado ya no tan nuevo en el mundo que genera ganancias a quien se adueña de él. De esta manera los jóvenes de origen proletario e incluso de otras capas sociales, en la vía de los hechos, ya no pueden solventar este tan mentado derecho supuestamente garantizado en el Artículo tercero de la Constitución Política mexicana.

Tan solo el año pasado, alrededor de cuatrocientos mil jóvenes dejaron sus estudios a partir -como ya se mencionaba- del nivel secundario, siendo los estados de Tamaulipas, Sinaloa, Morelos, Distrito Federal y Jalisco los de más alta deserción escolar, según el mismo subsecretario de Educación Básica y Normal de la SEP, Lorenzo Gómez Morín, para quien a su parecer son las drogas y no la pobreza extrema “la principal causa de deserción escolar en el país”, lo que de paso es utilizado como una excusa más para justificar la militarización en la supuesta lucha contra los cárteles de drogas.

Así pues, la edad en que aumenta considerablemente el índice de deserción escolar es a los 15 años, edad en que se registra ya la entrada de los jóvenes al mundo laboral y que incluso está legalizada en los artículos 173 al 179 de la Ley Federal del Trabajo.

Los jóvenes mexicanos tienen entonces su primer empleo concentrados a las edades de 17 y 18 años, aunque una parte comienza su vida productiva entre los 13 y 16 años de edad y el 56% se emplea en un trabajo de tiempo completo lo cual merma evidentemente la continuación o reincorporación escolar de los jóvenes. Además, habrían de considerarse las condiciones laborales y de salario ínfimas especialmente para los jóvenes. Esto no es un problema que realmente preocupe al Estado capitalista, que para aprovechar mejor esta fuerza de trabajo implementa programas como el del Primer Empleo.

Es un hecho que el tema de la educación en México en los próximos meses entrará dentro de la agenda de reformas inmediatas del gobierno de Felipe Calderón, sin embargo, tal como lo pudo constatar en los primeros meses de su gobierno, el sector estudiantil-juvenil no es un adversario fácil, recordando que fue el primero en manifestarse masivamente contra la partida presupuestal destinada a la educación y la cultura y que ha venido demostrando en los primero tres paros cívicos nacionales de este año, que está dispuesto a luchar con los trabajadores por demandas que aparentemente no son suyas, como la abrogación de la nueva Ley del ISSSTE.

Hoy la fusión del movimiento estudiantil con los trabajadores y los jóvenes trabajadores en específico es una tarea inmediata que muy bien puede derivarse en la construcción decisiva de los comités de huelga tanto en las escuelas, como en las colonias y centros de trabajo, fortaleciendo el Consejo Nacional de Huelga. Se prepara ya el 4º Paro Nacional para el 31 de agosto y como se va configurando, la participación del sector educativo se viene mucho más fuerte, lo que tendría que aprovecharse para trabajar la incorporación de más jóvenes a la lucha y también para dar un nuevo recordatorio al títere Calderón y a sus dueños, que los estudiantes y jóvenes no están dispuestos a ceder más las conquistas ya arrebatadas.

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