Número 235 semana del 09 al 15 de julio de 2007

Corrientes democráticas
en las jornadas de lucha obrera

El problema que se presenta para las corrientes sindicales democráticas, progresistas y revolucionarias dentro de los sindicatos, en la actual coyuntura de la lucha de clases, tiene que ver con cómo combinar el problema de la unidad de los trabajadores para enfrentar al enemigo común, sin renunciar a la lucha en contra del charrismo con todas sus variantes y las tendencias oportunistas y retrógradas al seno del movimiento obrero.

En la lucha por la unidad de los trabajadores en contra del sistema capitalista, siempre se debe considerar que el objetivo no es la unidad por la unidad, sino que esta unidad debe descansar sobre los intereses de clase del proletariado. Por tanto, en función de la unidad de clase, se debe luchar contra las corrientes adversas, para que los procesos unitarios pongan en primer término, que ésta se desarrolle en función del avance de la lucha de clases del proletariado.

En el desarrollo de la lucha de clases actual, más que pensar que se trata de imponer un programa, un nombre o etiqueta al proceso, que por sí mismo le impregne de la ideología proletaria al mismo, se trata de analizar cuáles son los elementos, tanto organizativos como de contenido que permitan que el proceso avance hacia adelante, no sólo por su beligerancia que ya en sí es un avance, sino además, que logre ser el centro aglutinador para organizar la lucha en contra del régimen capitalista. Esto significa entre otras cosas, que los procesos de unidad como el Consejo Nacional de Huelga (CNH) se deben convertir en el referente organizativo que atraiga a las masas trabajadoras que están dispuestas a la lucha contra la burguesía y sus medidas y planes proimperialistas, como la reforma a la Ley del ISSSTE, entre otras. Pero además, conseguir que este ente organizativo logre una agitación y propaganda tal, que consiga atraer a las más diversas organizaciones del proletariado, de tal manera que se logre canalizar todas las luchas hacia un mismo enemigo, convirtiendo su plataforma de lucha no sólo en peticiones, sino en consignas políticas que logren organizar y educar al proletariado, en el entendido que cualquier medida burguesa afecta a la clase trabajadora en general.

Por la forma que adquieren estos procesos organizativos de unidad, se posibilita la intromisión al seno de los mismos, de agentes de la burguesía que se encuentran al frente de diversas organizaciones sindicales. Éstas tienen entre sus objetivos el de conseguir prebendas y canonjías de todo tipo, por lo que constantemente buscan dividir por medio de la provocación, arrebatándose entre ellos las migajas que la burguesía ofrece y también existen quienes privilegian los intereses de grupo por sobre de los intereses generales del proletariado. Estas dos tendencias, aunque no las únicas, son nocivas ambas para el avance y desarrollo de la lucha de clases, constantemente se enfrentan entre sí, arrastrando a diversas capas del proletariado y dividiéndolo constantemente. Por ello, la lucha por la unidad de clase del proletariado es una lucha constante porque el movimiento obrero y sindical avance en su conciencia de clase. En esta lucha, los trabajadores no sólo deben saber reconocer a sus enemigos, sino además, deben saber resolver las diferencias con ellos, logrando reconocer el terreno sobre el cual deben dirimir la lucha contra el charrismo sindical y las tendencias oportunistas.

La dirección y el rumbo, entonces, que logre llevar el movimiento obrero, deben descansar sobre el convencimiento que las masas trabajadoras tengan de lo que más les conviene, no como grupo o tendencia, sino como clase trabajadora. En este sentido, para las corrientes verdaderamente progresistas, democráticas y revolucionarias es importante trabajar arduamente en el actual periodo de la lucha de clases, donde la clase obrera y los trabajadores en general han demostrado estar hartos, por un lado de la política antipopular y proimperialista implementada por los regimenes en turno, pero, también han demostrado que ya no confían en los líderes conciliadores y entreguistas de sus intereses. En este entendido, está de sobra incluso tratar de demostrarlo, los hechos por si mismos los evidencian como en el caso de Pacheco Rueda en la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Agustín Rodríguez en el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México y muchos otros que ante el avance de la lucha o bien se mantienen al margen o de plano traicionan.

Sin embargo, sobre la base planteada de que las masas trabajadoras deben estar convencidas en base a su propia experiencia, de quienes son los traidores al seno del movimiento y no se trata de mostrarse ante los demás como los más revolucionarios, entonces esta ardua labor para lograr organizar a los trabajadores y con ellos tomar el sendero de la revolución y reconocer el terreno para dirimir y marginar las tendencias nocivas para los intereses de clase, se debe plantear esta lucha al seno de los centros de trabajo. Esto es así, porque de poco sirve que ante la opinión pública se conozca que un dirigente es traidor, si ante las bases de la organización sindical en cuestión, se mantiene al frente y no se le logra derrotar determinadamente. En este sentido, algunos dirigentes sindicales para no evidenciarse y deslegitimarse, muchas veces se ponen al frente de las demandas más sentidas de sus bases, en lugar de luchar contra ello, debe aprovecharse para atraer a las bases que aún no se logran convencer de tirar al traidor y vendido en cuestión. En cualquier caso, los planes de acción en este caso del CNH, tales como el 4º Paro Cívico Nacional, deben propagandizarse y agitarse en todos los centros de trabajo, empujarse y organizarse, con consentimiento o sin él, del charrismo sindical.

Aún y cuando esta lucha va ser difícil y en el entendido que cuesta trabajo remontar el control político que han ejercido por décadas, tanto el charrismo sindical como los llamados neocharros, pero a quienes se les ha ido cayendo la careta y han evidenciado sus verdaderos intereses, hoy se abren perspectivas revolucionarias en esta lucha son las masas trabajadoras quienes juegan el papel primordial para el avance de la revolución, por lo que, hay que confiar que a final de cuentas serán ellas quienes pongan a cada quien en el lugar que le corresponda.


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