En el campo mexicano se viene manifestando una tendencia general de cada vez mayor agudización de la lucha de clases, solo en los últimos trece años hemos podido ver un gran ascenso de la lucha de clases en el campo, encabezado por campesinos sin tierra, campesinos pobres y medios; expresado en: luchas en defensa de la tierra, contra la política del régimen en el campo, por mayores recursos, por la defensa de los recursos naturales, tomas de tierra, etc.
Resaltando dentro de éstas las de mayor radicalidad, al enfocar su lucha contra el régimen, y por dar su lucha de manera unitaria con el resto del movimiento, logrando ser parte del proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas. (Ejemplos: el movimiento campesino indígena de Chiapas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco, el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota en Guerrero).
En el sentido histórico, la lucha de clases en el campo mexicano está condicionada por la tendencia general del sistema capitalista y su fase imperialista: por un lado, la progresiva ruina del campesinado pobre y medio, la tendencia a la perdida de su tierra, a su desaparición como clase, y; por el otro, la concentración, centralización y dominio total, por parte de la oligarquía financiera, de la tierra como medio de producción (como propiedad suya o en renta), de la tecnología e instrumentos para la producción, del capital para producir el campo, y del mercado.
A su vez dicha fase, se desarrolla, condicionada e impulsada: por el papel de neocolonia de nuestro país respecto del imperialismo norteamericano, por el atraso en la producción a gran escala, por la existencia de una gran cantidad de tierras bajo el régimen de propiedad legal de ejido o comunidad (50%, según la reforma agraria) en su mayoría en manos de campesinos pobres y medios, por la ruina general del campo mexicano y su dependencia respecto de la producción y mercado gringo, por la ofensiva del Estado mexicano contra todo “obstáculo” para el dominio total de los monopolios de la oligarquía financiera sobre el campo (ver el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares, etc.), y finalmente por una lucha dispersa de las clases más progresistas del campo contra esta tendencia.
Las condiciones propias de las clases existentes en el campo agudizan la confrontación entre burguesía agroindustrial, campesinos ricos, campesinos medios, campesinos pobres, proletarios agrícolas y capas intermedias como el semi-proletariado.
En los últimos trece años, a lo largo y ancho de México, no han dejado de manifestarse grandes y pequeñas luchas campesinas contra el régimen y su política, que en su conjunto constituyen el movimiento general campesino, cuyas características principales han sido:
1) Ser un movimiento de oposición, unas veces contra los efectos de la ruina del campo y no contra sus causas; otras, contra los enemigos visibles, momentáneos, no históricos y de clase.
2) Su falta de unidad como un solo movimiento, lo limita para ser un movimiento político revolucionario en todo el país, lo que hace evidente que las perspectivas de esas luchas y movimientos no pasen de lo gremial, local, economicista, particularista…
Cabe hacer la observación de que es perfectamente posible y compatible con los intereses del conjunto del movimiento campesino la lucha contra la tendencia imperialista en el campo y sus efectos, de hecho hoy se le enfrenta a diversos niveles de manera dispersa, por las clases afectadas, la clave esta, en los objetivos estratégicos que se tracen de esa lucha, de los intereses de clase que encierren, por ejemplo: de no sólo dar la lucha por una demanda, o por la defensa de un recurso natural, o contra una política del régimen, sino de hacerlo como parte de un proceso más general que implique eliminar de fondo dicha tendencia, y ahí es donde, sólo el campesinado pobre en alianza y bajo la dirección de los proletarios del campo y ciudad pueden garantizar una verdadera dirección política revolucionaria para todo el país, que de manera unitaria combata de raíz dicha tendencia.
Otra razón la tenemos en la carencia de los instrumentos organizativos necesarios para este fin, en ese sentido el movimiento campesino tiene la urgente tarea, en el presente periodo, de construir una organización nacional de campesinos revolucionarios, una Central Campesina Revolucionaria, que contribuya a la unidad del movimiento campesino, a su proyección y dirección como movimiento político revolucionario, no sólo para la lucha contra la tendencia imperialista en el campo, en el presente periodo, sino contra el régimen capitalista en general, por la toma del poder político, en alianza con el proletariado, para la realización del programa agrario revolucionario del campesinado pobre y medio.
En los momentos actuales, las tareas urgentes del movimiento campesino, para combatir efectivamente la tendencia imperialista en el campo mexicano (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN), deben estar atravesadas por el desarrollo de una correcta política de alianzas con movimientos y organizaciones campesinas que hoy se encuentran dispersas.
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