Todas las fuerzas revolucionarias y democráticas vienen comprometiéndose en el proceso unitario a sabiendas de su importancia estratégica, después de una gran experiencia en la lucha popular, ahora se trata de posicionar esta línea de manera consciente y acompasada.
Tenemos un conjunto de frentes y referentes de luchan en los cuales se vislumbran las más diversas condiciones y niveles de unidad, no obstante todos caben, guardan un lugar en los contextos por los que progresa el movimiento de masas.
Es claro que la interpretación acerca de la unidad puede ser todavía muy diversa según el sector o clase social que la esté planteando, la propuesta que se esté trabajando, el contexto en que se quiera encasillar la lucha de clases, etc. Esta ubicación, a pesar de su naturaleza no deja de permitirle al conjunto del movimiento la posibilidad de avanzar, a pasos firmes, en las primeras e importantes líneas de contribución al proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas, tomando la unidad tal cual se presenta en su momento actual y proyectándola en su sentido clasista.
La situación no nos condiciona, más bien nos permite avanzar con objetividad, plantearnos las tareas unitarias que ya estamos en condiciones de poner en marcha para trazar nuevas e importantes perspectivas a la lucha de clases, para retomar el carácter de la alianza fundamental que requerimos y las etapas por las que está obligada a pasar, en las que debe tomar formas y objetivos concretos.
Tampoco los problemas de resistencias a la unidad dejan de ser una preocupación, ni mucho menos las debilidades tradicionales del movimiento espontáneo, de los tradicionales procesos en lucha con todo y empujar la acción, cuando se circunscriben al voluntarismo, al reciclar de una protesta sin objetivos de emancipación del yugo capitalista.
No dejamos de enfatizar que sus problemas son reales, que no se deben desdeñar, todos los procesos son importantes y por ello deben encontrar su superación en la medida que se cobijen con las posiciones generales del proletariado y su táctica encaminada a la acción revolucionaria; ya nadie puede asegurar que baste su lucha para contener al régimen, mucho menos para plantearse su derrocamiento, se requiere de esa unidad mayor que hoy va componiéndose de una firme continuidad en las luchas generales de nuestro pueblo, aún cuando quedan incontables frentes por todo el país que siguen avanzando por su camino, que deben y tienen que encontrarse en el gran torrente que estamos postulando.
Pero esos caminos se construyen, no surgen por alguna suerte de generación espontánea salvo en casos especiales, en general se ponen grandes esfuerzos o no se es unitario, así, a nivel sindical, campesino, estudiantil y indígena; en todos lados la necesidad obliga a concentrarnos en esa labor, a trazarnos tareas por encima de los viejos prejuicios de la actitud marginal, de la estrechez sectaria, de los imperativos del protagonismo.
Las dificultades son muchas, mas las exigencias se ponen por encima, el régimen por más que se aboque a la calumnia de los diversos procesos y a incentivar las acciones legales o extralegales contra la acción proletaria y popular, ha extremado las condiciones sociales y levanta por doquier a los oprimidos en su contra.
Aunado a ello, la maduración del pueblo en sus últimos combates y su resistencia a confiar en la burguesía ponen en reclamo de las organizaciones y frentes la lucha por la unidad como una bandera a la que nadie debe desestimar ni abandonar, convocan por doquier a imponerse la lucha mancomunada con programas claros, no sólo progresistas, sino también democráticos y revolucionarios, a establecer un punto de separación entre los intereses de clase de la oligarquía financiera y sus servidores por un lado, y los intereses del proletariado con sus aliados por el otro lado.
Sin duda que faltan más procesos que esclarezcan a fondo el significado y formas en que la unidad de los de abajo ha de marchar, pero ahora es una prerrogativa nuestra, en ella anteponemos los intereses de los explotados y oprimidos, a ella consagramos los esfuerzos de nuestras organizaciones y apostamos el futuro del movimiento.
Entre lo que se viene para asegurar la unidad destacan las próximas jornadas de lucha contra las reformas estructurales y la política burguesa en general, por esta ruta la tarea está entre las masas trabajadoras, la unidad debe labrarse en el barrio, en el campo, en las escuelas, en las fábricas, la política de clase se ha de probar ahí, ha de ser ahí su reconstitución como política de las mayorías. Las jornadas sirven ahora precisamente para labrar el frente único, para atesorar una discusión central sobre el rumbo del país, las perspectivas que le han impuesto los monopolios, y las perspectivas socialistas que debemos plantearnos.
La discusión de los frentes, en medio de sus avatares diarios, entre sus polémicas, sus avances y retrocesos, su calibración para las nuevas e impostergables batallas, su trajinar por asegurar el ritmo ascendente a la lucha popular, sus dificultades para articular la etapa actual de la unidad con intereses todavía insuficientemente fortalecidos en un rumbo revolucionario; son elementos que deben resolverse en su seno especialmente enfocándonos en la movilización como arma de esclarecimiento fundamental acerca de la unidad y dirección del proceso revolucionario.
Las organizaciones están comprometidas no sólo a atender su unidad interna, sino a velar por la unidad general, a poner todo de su parte para ir superando regularmente los obstáculos, salvar los procesos y contribuir a la maduración del conjunto de movimientos en la inclinación a los referentes nacionales y líneas de la unidad obrera campesina y popular, los detalles de estas grandes tareas deben abordarse, abonando el terreno a la agrupación consciente contra el régimen y por el programa clasista que necesitamos.
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