Número 235 semana del 09 al 15 de julio de 2007

Obesidad en México:
estilo de vida creado por el capital

Durante el año 2006, se diagnosticaron cerca de 400.000 casos de mexicanos con Diabetes Mellitus Tipo 2, pronto no habrá infraestructura de salud que sea capaz de atender la demanda de atención para todos los pacientes diabéticos y con otras enfermedades crónicas relacionadas, como la hipertensión arterial, la insuficiencia renal crónica y todas las enfermedades cardiovasculares cada vez más frecuentes en nuestro país.

Por debajo de esa cantidad de pacientes diabéticos hay un 70% de mexicanos que tienen obesidad o sobrepeso, es decir, que su cuerpo tiene más grasa que la que debe tener, y este es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades crónico degenerativas, pero también algunos tipos de cáncer entre los más frecuentes el cáncer de colón y de glándula mamaria. Nuestro país, como otros países pobres, mantiene un problema de desnutrición infantil en los primeros 5 años de vida, ahora se enfrenta además al aumento impresionante en la frecuencia de la obesidad. Estos países comparten algunas características socioeconómicas, como son: el alto flujo de población del medio rural al medio urbano en las últimas décadas, lo que implica un cambio en los patrones de alimentación y de actividad física, entre el 5 y 10% de la población nace con un peso menor a los 2.5kg, los niños y niñas conservan retraso en el crecimiento en la edad preescolar, su alimentación es a base de cereales y leguminosas; en general, tienen un bajo aporte de proteínas de origen animal.

En México, actualmente cerca del 20% de la población adulta tiene talla baja. El origen de la talla baja en una población es una condición multifactorial, entre sus causas se encuentra tener bajo peso al nacer. El Distrito Federal se reporta como una de las entidades federativas con mayor prevalencia de bajo peso al nacer, lo que puede ser explicado por el alto flujo de migración a la ciudad. Otro factor es el retraso de crecimiento durante los primeros años de vida, debido a las múltiples deficiencias que tienen la alimentación y la recurrencia de procesos infecciosos durante estos años, resultado de la pobreza en que viven los niños, van desarrollando un déficit de estatura con el paso del tiempo. Cuando el tiempo que transcurre entre un embarazo y el siguiente es muy corto, es más probable que el bebé nazca con bajo peso, ya que su mamá no pudo reponerse nutricionalmente del embarazo y el periodo de lactancia anterior. Por último, el deterioro en el crecimiento que generación tras generación se va acumulando también origina que la baja talla tenga un componente genético.

El niño que ya se acostumbró a crecer y desarrollarse con patrón de ahorro de energía por estar mal nutrido, puede desarrollar desde la etapa escolar o hasta la vida adulta con más frecuencia enfermedades como la obesidad, la hipertensión arterial, la insuficiencia renal y la diabetes mellitus. Ya que durante la etapa anterior de su vida, sus órganos se acostumbraron a manejar una menor carga de trabajo metabólico. Actualmente esto se conoce como la “teoría del origen de las enfermedades crónicas”. Este fenómeno podría explicar porqué ha aumentado la frecuencia de estas enfermedades tan rápido en los últimos años en países como el nuestro.

Otra parte del problema de la obesidad tiene que ver con el cambio en el estilo de vida que se desarrolla en los centros urbanos, actualmente un poco más de las tres cuartas partes de la población nacional vive en ciudades. El ritmo que la producción le impone a los trabajadores obliga a que por cuestiones de tiempo los proletarios consuman alimentos con grandes cantidades de calorías, por ejemplo tortas de tamal por las mañanas, tacos, tortas y gran cantidad de refresco (México es el primer consumidor mundial de refrescos) en las horas de comida, es habitual que a la salida de los paraderos del transporte público se vendan dulces y frituras para mitigar el hambre durante el tiempo que se emplea en el transporte, tomemos a un trabajador que vive en las afueras de la ciudad y que ocupa más de una hora en llegar a su hogar, otra situación que propicia el aumento de peso es la gran cantidad de azúcares y grasas que contienen los alimentos preparados consumidos por las familias proletarias, ya que la escases de tiempo les orilla a comprar estos productos, otro aspecto corresponde al sedentarismo y al hacinamiento que reduce el espacio para las actividades de recreación, por ejemplo en los niños los juegos infantiles al tener que realizarse en espacios más pequeños, también implican menos trabajo físico. Ahora los niños juegan en sitios cerrados, frente al monitor de la televisión o de la máquina de video.

Además, la disponibilidad de alimentos procesados y de comida rápida, han incrementado sorprendentemente el consumo de sal, de hidratos de carbonos simples y de grasas saturadas en exceso que antes no se consumían y que también están relacionadas con las enfermedades crónico degenerativas.

Este estilo de vida ha creado, cada vez más, la generación de personas con obesidad y sobrepeso, promueve el sedentarismo y toda la publicidad destinada a ello vende productos que disminuyen el trabajo físico como si eso fuera un beneficio y no un daño para la salud. Ya después, la misma industria y su publicidad difundirá el consumo de productos para adelgazar, que van desde revistas con dietas, cremas reductivas, fajas, alimentos especiales, la “cultura fitness y light”, equipos y ropa deportivas y demás productos “milagrosos” con los que defraudan a sus usuarios, convirtiendo a la generación y al tratamiento de la obesidad en un gran negocio.

En este
235
¿Quiéres recibir el periódico
Vanguardia Proletaria vía
e-mail?

¡ INSCRÍBETE!
vanguardiaproeltaria@gmail.com