El movimiento obrero y sindical mexicano, en la actualidad, pasa por una crisis que cuesta trabajo remontar por varios elementos que le son adversos, tanto por la carencia de cuadros sindicales formados en la lucha y por la represión patronal, como por una política oportunista y conciliadora de la gran mayoría de las organizaciones sindicales, más preocupados por mantenerse en el status social y económico que les ha dado la interlocución con la patronal para negociar los Contratos Colectivos de Trabajo, que en elevar verdaderamente las condiciones de vida y trabajo de la clase trabajadora.
Si los sindicatos, que debieran considerarse organizaciones sindicales de resistencia y combate de los trabajadores para enfrentar al capital, han sido presa en su gran mayoría de elementos perniciosos para la lucha, es gracias a la política de control y registro que siguen los gobiernos, sean federales o locales, del partido que sea, a través de la famosa Toma de Nota. La intervención que realiza el Estado a través de las Juntas Locales de Conciliación y Arbitraje y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social con el registro sindical de las organizaciones de los trabajadores, le ha permitido a los Gobiernos en turno el control de la clase obrera, sea impidiendo su registro, creando organizaciones afines a la patronal o permitiendo la subsistencia del charrismo sindical.
Los casos de las organizaciones sindicales en el Distrito Federal a las cuales el Gobierno local les ha impedido su registro y por consiguiente la posibilidad de negociar mejores condiciones de trabajo, son el mejor ejemplo de esta política de control, propia de los peores regímenes fascistas. Los casos del Instituto de Mujeres (Inmujeres), el Instituto de Vivienda (INVI), Bomberos, Educadoras de Salud, Secretaría de Transporte y Vialidad (SETRAVI), Apoyo Vial, Sindicato Único de Trabajadores del Instituto de Educación Media Superior (SUTIEMS), por mencionar los más sobresalientes, muestran que el Partido de la Revolución Democrática y el Gobierno del Distrito Federal no están dispuestos a variar un ápice la política antisindical de los anteriores gobiernos priistas, es más, han hecho de manera implícita un pacto de no agresión con el Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno del Distrito Federal, de tradición corporativa. Pero no solo eso, la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), de filiación perredista y en cuyas manos prácticamente está la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del D. F., con Jesús Campos Linas como su presidente y Susana Codina como su brazo derecho en Asuntos Colectivos, han convertido a esta Junta a ojos de todos los abogados litigantes y trabajadores con conflictos, sin guardar siquiera las apariencias y haciendo ostentación de poder, en un negocio personal, coludiéndose con lo más nefasto del charrismo, golpeadores y coyotes, entretejiendo las redes necesarias para mantener bajo control a la clase trabajadora.
La situación que priva en los pasillos, Juntas Especiales y Secretarías de Huelgas y Conflictos Colectivos de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje ha pasado a ser verdaderamente denigrante, aún y dentro de los parámetros de la legalidad burguesa. Violando flagrantemente la Ley Federal del Trabajo y la Constitución Política, basándose en “criterios de la junta” los altos funcionarios de ésta, han dado de baja infinidad de Contratos Colectivos de Trabajo bajo el argumento de que no han sido revisados, dejando prácticamente en la indefensión a los trabajadores en cuestión, para pasar a hacerlos víctimas de líderes sindicales corruptos.
Ha sido de esta manera gracias a que la información de la baja de los contratos, la funcionaria perredista Susana Codina la vende al líder sindical que ofrezca la mejor postura económica, sea de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), Confederación de Trabajadores y Campesinos (CTC), etc.; para que posteriormente lo emplacen a una ficticia huelga por firma de contrato colectivo y de esta manera entre sindicato y funcionarios prácticamente obligan al patrón a firmar un Contrato Colectivo de Trabajo de protección. Esta es la verdadera práctica sindical de esta abogada de la ANAD, Susana Codina, quien tiene en su negro historial haber protegido los intereses de la patronal de la empresa CASA, estallándole una huelga por medio de la Confederación Obrera Revolucionaria (COR) y pactada con la patronal para mandar a la miseria a los 400 trabajadores con mas de 25 años de antigüedad y que tiene en la entrada de este dichoso tribunal del trabajo a coyotes para pescar a los trabajadores que van por asesoría a la Procuraduría de la Defensa del Trabajo.
¿Qué se puede esperar entonces de los trabajadores al servicio del Gobierno del Distrito Federal que pretenden obtener un registro sindical? Absolutamente nada, solo largas y más largas a la solución de un conflicto sindical creado artificialmente de parte de las autoridades laborales perredistas, quienes dentro de sus funciones tendrían la obligación únicamente de “Tomar Nota” de la directiva elegida por la organización sindical en cuestión; y para evitar la organización de los trabajadores en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y preparatorias del Gobierno del Distrito Federal y restarle fuerza al SUTIEMS, han contratado los servicios de limpieza con una prestadora de servicios con todo y su sindicato de protección de la CTM. ¿Esta es la política laboral que ofrece el PRD? De algo estamos seguros: este no es el tipo de país que necesitamos, ni queremos.
Los elementos perniciosos dentro del movimiento obrero y sindical, mejor conocido como charrismo, con todas sus variantes, se han convertido en un verdadero lastre para los trabajadores, el cual se hace indispensable combatir. Sin embargo, esta lucha contra estos aliados del capital requiere de verdaderos profesionales, con una conciencia verdaderamente de clase, formados en la lucha abierta y cerrada, legal e ilegal, para evitar de esa manera su cooptación por parte de la patronal. En esta lucha contra la burguesía y sus agentes, además, es indispensable dedicar verdaderos esfuerzos por parte del movimiento revolucionario y comunista, en el entendido que es parte estratégica para la revolución.
Por ello, los activistas sindicales que han venido surgiendo en los últimos tiempos, creando sus organizaciones sindicales, se vienen convirtiendo en una nueva camada de luchadores sociales que vendrán a sustituir a los viejos líderes sindicales decrépitos anquilosados y acostumbrados a la vida cómoda que les ha dado las componendas y acuerdos de alcoba, donde pactan el aniquilamiento de los derechos laborales y los intereses de la clase trabajadora.
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